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Música sin límites

Artículo correspondiente al número 285 (24 de septiembre al 7 de octubre)

 

Fueron años de peleas, pero finalmente se ha llegado a acuerdo. La industria de la música ha logrado levantarse contra las descargas ilegales con alternativas viables y sencillas para los usuarios, gracias a la misma fuente de origen de sus problemas: Internet y las nuevas tecnologías. Por América Rodríguez.

 



La descarnada lucha entre los autores y la descarga de música por Internet al parecer llega a su fin. Luego de años de dimes y diretes, finalmente se ha podido firmar una alianza entre la industria tecnológica y las disqueras, lo que garantiza a ambas partes salir beneficiadas.

Hablamos de una nueva forma de escuchar música. Sin la descarga P2P –o peer to peer, en que los usuarios comparten los archivos por partes para su descarga, lo que nunca garantizó que la calidad fuera buena– y sin ilegalidades que generan millones de dólares en pérdidas. Estas nuevas formas de abordar el negocio han sido esenciales para que la industria se levante nuevamente y a través de distintas plataformas, con ofertas que mejoran día a día.

Hoy podemos encontrar distintas opciones dependiendo de nuestras necesidades, como sitios web que funcionan como radios online, o compañías de celulares que ofrecen música gratuita sólo por la compra del equipo.

El caso del tiburon

No es un proyecto nuevo en Internet, pero en los últimos meses el sitio Grooveshark ha crecido a pasos agigantados en todo el mundo y, por supuesto, en nuestro país. Desde el año 2006 que esta puntocom –en manos de Escape Media Group– ofrece una infinidad de canciones a los usuarios, logrando posicionarse como uno de los mejores sitios de este tipo y consiguiendo, incluso, figurar en el ranking de los 50 mejores sitios web de 2010, según la revista Time.

Grooveshark ha sido uno de los proyectos más exitosos en streaming on demand. Este sistema funciona como una radio online: el usuario busca a algún cantante o alguna canción en especial y el sitio ofrece todas las versiones que tiene disponible de esa voz o ese tema. Y muy rápido. Luego, el usuario selecciona lo que quiere escuchar y, automáticamente, esto se guarda en su biblioteca. En el caso de que el usuario desee descargarla, deberá crear una cuenta y tendrá que pagar 99 centavos por cada pista.

Otros sitios han probado formas de ofrecer música a los usuarios sin lograr el mismo éxito que Grooveshark. Tal es el caso de Last.fm o de Pandora; este último, con restricciones a todos los usuarios que no estén en territorio estadounidense. Estas puntocom ofrecen música, pero a través de recomendaciones de lo que podría gustarle al usuario: al ingresar el nombre de algún artista, el sitio ofrece un puñado de canciones, elegidas al azar, del mismo estilo que se está buscando. Por ejemplo, si usted pone Shakira, automáticamente le ofrecen también a Beyoncé.

¿Y cómo se sustenta Grooveshark? Este sitio paga las licencias de la música que tiene cargada a la sociedad de autores de EEUU, y recupera los ingresos a través de la publicidad que se muestra en el sitio –que además varía, dependiendo del lugar desde el que se está visitando la página–.

A través de esa fórmula y con más de 20 millones de usuarios inscritos en cuentas VIP que pagan 99 centavos por pista, el tiburón logra ganancias. Así, un 50% de lo recaudado va a parar al pago de licencias, mientras que el resto se reparte entre el sitio web y quien haya subido la pista al catálogo.

Para el abogado Rodrigo Velasco –de Alessandri & Compañía–, especializado en propiedad intelectual, nuevas tecnologías e Internet, el paradigma con que se han manejado los derechos de autor va a cambiar. A su juicio, ya no será el intercambio de archivos el principal tópico, sino que lo relevante será la forma en que se ofrece el acceso a la música.

Velasco destaca además una ventaja que tiene este tipo de sistemas de streaming: “el reparto de las regalías de las licencias es más exacto que nunca, porque en la industria se sabe perfectamente qué canciones y cuáles cantantes se están escuchando más”.

Un proyecto global

Las descargas ilegales de música han sido hasta ahora los mayores enemigos de las sociedades de derechos de autor alrededor del mundo. Sin poder conciliar hasta hace un tiempo las necesidades de los usuarios con las de los autores, la descarga se había vuelto motivo de persecución en todos lados... con lo que resultaba casi imposible controlar la situación.

Encontrar una alternativa que lograra controlar el uso del P2P parecía casi imposible, y la frustración para ambas partes era evidente: por un lado los usuarios, que debían conformarse con archivos de música de pésima calidad acústica y por otro los autores, que no veían la forma de recibir el pago correspondiente a su trabajo.

Además de algunos sitios web como Grooveshark, hay algunas compañías que han visto aquí una oportunidad de negocio gracias a la masificación de las descargas y de los dispositivos que pueden reproducirlas. Es así como Nokia ideó una fórmula para satisfacer a todas las partes y, de paso, incursionar en un mercado que está deseoso de modalidades más simples y mejores de descargar un archivo.

Nokia ha logrado algo que hasta ahora parecía imposible en Chile y en el mundo: ofrecer música gratuita e ilimitada con la compra de su modelo Nokia 5235, gracias a contratos firmados con distintas disqueras. De esta forma, ha podido garantizar el pago por los derechos a los autores en distintos países.

Con la experiencia obtenida en Europa –donde el servicio se llama “Nokia comes with music”–, la multinacional firmó contratos con distintos sellos locales como Oveja Negra, Sello Azul o Quema su cabeza, además de algunos argentinos, para integrarlos en un catálogo que supera los 5 millones de títulos, bajo el servicio Música ilimitada en Ovi, en alusión a la marca asociada de Nokia para las aplicaciones.

De este modo, los usuarios del Nokia 5235 pueden descargar en forma legal todo tipo de música, pues el pago de las licencias está incluido en el precio del aparato. A través de un programa disponible en el celular y con acceso a Internet, el usuario puede bajar y almacenar –en el teléfono o el computador– cuanto tema quiera oir.

Y Movistar no se quedó atrás. Con Música sin límites, la empresa entrega un sistema de suscripción mensual por 3.490 pesos, con el cual se tiene acceso a la descarga de miles de canciones de los sellos Universal y Warner al celular o al computador del usuario. Si no se contrata el servicio, se pueden descargar las pistas desde 990 pesos.

Velasco cree que estos movimientos en la industria están mejorando la situación para los usuarios, al existir más variedad. “Así se garantiza la diversidad dentro de un mundo global y conectado. La oferta es buena cuando es diversificada, y no cuando es un igualador cultural de la música”.

Así las cosas, con los servicios que hoy ofrecen Apple con iTunes, Google con YouTube, o Nokia y Grooveshark, entre otros, en la industria admiten que estamos frente de una nueva vitrina para la música. De hecho, Velasco agrega que estos sitios “podrían ser considerados como los nuevos sellos. Ellos te indican qué vas a escuchar cuando destacan ciertos temas dentro de su página, e inevitablemente les vas a poner más atención”.

Y con este poder entre sus manos, estas empresas han pasado a ser mucho más que plataformas para descargar archivos. Se han convertido en una suerte de pulso de la industria musical y, de una u otra forma, terminan por definir quién es el artista del mes, o qué disco es el más importante de la temporada.

El resto es música.

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