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Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)
La red tiene memoria de elefante... Lamentablemente, ya que es fácil verse salpicado por información subida por terceros o por uno mismo en algún momento de debilidad. Paginas de reclamo, procedimientos específicos y, por supuesto, la ley son algunas de las herramientas que tenemos a disposicion para rectificar lo que Internet dice sobre nosotros. Por Federico Willoughby Olivos.
Navegando por la web encontré un interesante post que generó varios comentarios y algunos de ellos no cayeron bien así que fueron autocensurados debido a amenazas judiciales. Con conocimientos básicos sobre la web obtuve los comentarios originales (gracias San Caché de Google) y como no me gusta la censura, ni las amenazas, y como los comentarios me parecen interesantes para la discusión los dejo en este blog”...
Lo previo corresponde al encabezado de un blog que actualmente está activo en la web y que es el protagonista de una demanda civil por injurias y calumnias. El asunto se inició porque una bloguera posteó sobre lo positivo que era cierta organización y, sin mediar aviso, algunos usuarios de manera anónima empezaron a postear supuestos antecedentes negativos del director de esa organización. El afectado se contactó con la dueña del blog para pedir que bajara tanto el posteo como los comentarios, por considerarlos injuriosos. Y ella lo hizo, pero un anónimo ocupó el registro histórico de Google (el caché) para recuperar el material y volver a ponerlo en Internet, y esta vez de manera anónima, cosa que impide borrarlo.
Así, lo que era una inocente reflexión más en un blog no sólo se convirtió en un tremendo dolor de cabeza tanto para el bloguero como para el afectado, sino que dejó en evidencia lo vulnerables que somos a Internet. Un medio que permite publicar y difundir prácticamente cualquier material y, lo más peligroso, permite que éste se replique de manera anónima sin que necesariamente alguien se tenga que hacer cargo de lo publicado.
“Estos problemas suelen aparecer con los cambios de paradigma. En este caso, el cambio de paradigma fue la masificación de los blogs, que permiten la publicación de información sin filtro ni control a una escala nunca antes vista. El problema está en que si bien la manera de actuar en estos casos es pedirle al administrador del sitio que baje la página, cosa que suelen hacer de manera diligente para evitarse cualquier problema, lo cierto es que a veces te encuentras con que el servidor no está en Chile, por lo que no caen dentro de la jurisdicción y si no quieren bajarlo, no es mucho lo que puedes hacer, y más si lo sube un anónimo, pues no tienes a quién reclamarle”, señala Claudio Ruiz, director de Derechos Digitales, una ONG que se dedica a fomentar el uso justo de Internet.
¿Y qué pasa con Google? En este caso, pese a que la bloguera bajó todo el material de Internet, bastó que el buscador lo tuviera en su caché para permitirle a algún ocioso volver a publicarlo. Por eso, la empresa norteamericana tiene habilitada una página especial (www.google.com/webmasters/tools/removals) que permite mediante un formulario borrar cualquier material del caché de manera urgente (proceso que dura entre 3 y 5 días). Eso sí, la herramienta de búsqueda de Google no puede ignorar una página que esté online, por lo que el primer paso es lograr que el webmaster de la página cambie el contenido que a uno le parece poco adecuado.
“Ahora, hay que tener en cuenta que uno no está tan desprotegido como piensa. El mundo virtual no funciona con leyes distintas. Las leyes del mundo físico son las que se aplican en Internet. Si uno difama, miente o comete perjurio contra una persona en un blog, Twitter o Facebook, está expuesto al mismo castigo que si lo hubiera hecho por un medio tradicional”, aclara Ruiz.
Otro problema no menor está relacionado con el hábito de googlear a la gente. Es común, y hasta aceptado, que un eventual empleador, un posible socio e incluso un candidato(a) a romance ponga nuestro nombre en Google buscando información sobre nosotros aún antes de tener la posibilidad de conocernos de manera personal. Y eso puede ser un desastre, ya que considera publicaciones (blogs, twitters, foros) sobre los cuales no tenemos la menor ingerencia. Por eso Google lanzó el sistema Profiles (www.google.com/profiles), que de cierta manera intenta darnos control en cuanto a la información que estamos entregando. La idea es simple: creamos un perfil en el cual ponemos todos los datos que queremos mostrar. Links, fotos, sitios favoritos, viajes… las posibilidades son infinitas y funcionan sobre el precepto de que cuando alguien busque nuestro nombre, va poder encontrar no sólo lejanos y añejos sitios y links, sino que información fresca, útil y, lo más importante, que nosotros mismos decidimos poner ahí.
Las redes sociales
Uno de los mayores miedos que existe actualmente en el plano de Internet y los datos personales está en las redes sociales. Estos sitios se nutren de información privada y si bien hay varios dando vueltas, el más emblemático es por lejos Facebook, que cuenta con más de 250 millones de usuarios que están minuto a minuto subiendo fotos personales y mandando mensajes e información privada a servidores ubicados en algún lugar del mundo. Por eso, dado el volumen de información que manejan y que todavía no han encontrado un modelo de negocios más allá de poner banners en las páginas, no son pocos los que se han preguntado qué control tiene un usuario sobre los datos que sube a su perfil y más, qué pasa con esa información si uno decide salirse de Facebook.
La primera alerta al respecto surgió cuando en 2007 la empresa presentó el sistema de publicidad Beacon, que prometía publicidad a la medida para cada usuario dependiendo de la información que había en sus perfiles. Al poco andar, el sistema se demostró como un desastre porque, sin mayor consentimiento del usuario, entregaba a los avisadores información personal. Tuvieron que bajarlo.
Después, en mayo de 2008, el programa de tecnología de la BBC Click demostró que mediante ciertas aplicaciones uno podía hacerse de los datos personales de cualquier usuario del sistema. Pero la mayor polémica surgió hace unos pocos meses cuando Facebook implementó una política en la cual uno no podía eliminar su cuenta, sino que tan sólo “desactivarla”. Es decir, los datos no desaparecían, sólo quedaban invisibles y en los servidores. Esto –obviamente– indignó a millones de usuarios, lo que obligó a la red social dar la posibilidad de poder uno remover para siempre los datos alguna vez publicados en Internet (ver recuadro).
En cuanto a Twitter y Linkedin, ninguna de las dos redes pone muchos problemas para cerrar la cuenta. Sólo es necesario ir a configurar, cerrar la cuenta, confirmar y listo. Sus cuentas ya son parte del pasado, como debe ser.
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Tips para no sobreexponerse |
| El Google Vitae Está comprobado que la reputación de una persona en línea se arma con las tres primeras páginas de resultados que entrega Google, por lo que es vital que en ese rango aparezca la información más relevante y, básicamente, la que uno quiere que los otros sepan de uno. Para lograr esto, el camino es: • Tener un sitio web: hay pocas mejores formas para controlar nuestro alter ego online que tener nuestra propia web o blog. • Crear buen contenido: una vez creado el blog, tratar de agregar contenido de manera regular (eso genera visitas, lo que a su vez mejora el ranking en Google). • Tener presencia online, a través de comentarios y participación en foros, también mejora nuestra reputación. • Y finalmente, puede pedirle a una empresa especializada, como www.lookuppage.com, para que lo ayude en este proceso. Ellos garantizan que el contenido que aparezca en las primeras páginas de búsqueda vía Google será de nuestro absoluto gusto. |