Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Blog

Herramientas

Temas más tratados

Ultimos Comentarios

Ultimos Post

Ver post anteriores

Ranking de Autores

Por Fernando Chomali
Uniones de hecho y labor legislativa

27 Jul 10


Casos especiales siempre van a existir. La ley no se puede hacer cargo de todos ellos hasta el punto de negar su razón última de ser, que es velar por el bien común.


Las políticas públicas han de estar pensadas para procurar lo que es mejor para el país y sus habitantes y han de ser conformes a la verdad que el hombre lleva grabada en sí. Ello exige que un político reflexione acerca de lo que significa ser persona humana, conozca sus anhelos más profundos y legisle en consecuencia. Las políticas públicas han de surgir de la razón y no del sentimiento, las emociones o las opiniones contingentes. No pueden quedar supeditadas a los dictados de la moda ni a lo que acontece en otros países. La libertad y la soberanía de un país lo exigen, así como el valorar adecuadamente la razón humana y la verdad que encierra la naturaleza humana.

A raíz de lo acontecido en Argentina, donde le han dado carácter de “matrimonio” a la unión de dos personas del mismo sexo, es bueno reflexionar sobre de qué manera en Chile se asumirá esta tendencia. La pregunta que ha de surgir inmediatamente apunta a si es buena para el país, para los jóvenes y su futuro una ley de este tipo. La respuesta urge y la Iglesia Católica, por cierto, la tiene, amparada por su tradición bimilenaria y fundamentada en la verdad que hallamos con la razón y con la fe en aquello que se nos ha revelado. Dado que esta verdadera “batalla” se da en el campo legislativo es que, en primer lugar, me dirijo a quienes lo protagonizan.

Lo digo con claridad y sin ambigüedades: lejos, lo mejor y esperable es que los legisladores centren sus esfuerzos en promover el matrimonio tal como siempre se ha entendido; es decir, la unión estable entre un hombre y una mujer, y que los futuros ciudadanos nazcan de esa unión como miembros de una familia y en ella se eduquen. Eso lo dicen la razón, el sentido común y la experiencia. Es lo mejor para la sociedad. Las políticas públicas no pueden ser pensadas desde las minorías o desde personas que se vean en situaciones especiales. Quienes promueven la regularización de las uniones de hecho están diciendo que al final casarse y permanecer casados es indiferente y que al legislador le corresponde sólo ser notario de los deseos personales y darles un marco legal. Ello conlleva una visión del ser humano, de la labor
legislativa y del bien común pauperizadas y erradas.

Los legisladores chilenos no pueden pensar que su trabajo se limita a regular libertades individuales, olvidando el sentir de los chilenos que anhelan como primera prioridad tener una familia fundada en el matrimonio. No es legítimo afectar a la institución del matrimonio para reivindicar derechos patrimoniales. De acuerdo a esta lógica, pregunto: ¿habrá que promover una ley que proteja patrimonialmente a la hija que se quedó cuidando a su madre largos años, dándole el estatus de unión de hecho? Lo mismo con la abnegada asesora del hogar que por años atendió a su empleador, ¿también habrá que reconocer aquel vínculo? Ante esas posibilidades, surgen espontáneamente tantas preguntas: ¿dónde estarían los límites ante las múltiples situaciones que se dan? ¿Acaso todas y cada una de ellas debe necesariamente tener un estatuto jurídico? ¿Por qué no reconocer que en la actualidad ya existen soluciones jurídicas para las uniones no matrimoniales? ¿Cómo puede sostenerse que no afectará al matrimonio una regulación que conceda a las uniones idénticos derechos patrimoniales, de salud y herencia?

No se puede hipotecar sin más un valor tan alto como el matrimonio, ya bastante menguado con la ley que introdujo el divorcio. No existe ninguna razón que autorice a pulverizar la institución del matrimonio, que es anterior al Estado, ni a transar y negociar valores tan arraigados en la sociedad y que constituyen su cimiento más preciado. La ley tiene una dimensión educativa, pero bajo la reforma que se propone aprobar se está diciendo que el matrimonio es una alternativa más entre muchas.

Lo que es un error. Además, quienes promueven estas leyes empobrecen el esfuerzo de miles de padres que día a día enseñan a sus hijos, con su testimonio y sacrificada vida, el valor del matrimonio y de la fidelidad. ¿Por qué, entonces, no tratar de que la ley represente aquel anhelo tan arraigado y que tanto bien ha hecho? Como afirma Benedicto XVI en su última encíclica: “los Estados están llamados a establecer políticas públicas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio, célula primordial y vital de la sociedad…”

Pido a los legisladores que piensan aprobar leyes que avalen en la práctica las uniones de hecho, tanto heterosexuales como homosexuales, que mediten sobre qué es lo que querrían para sus hijos. Es sabido que para un padre y una madre ver casados a sus hijos y formando un hogar es altamente deseable por todo lo que significa como realización plena en el amor. ¿Por qué, entonces, no promover políticas públicas que vayan en esa dirección? Ello es posible si existe la voluntad política. Casos especiales siempre van a existir. La ley no se puede hacer cargo de todos ellos hasta el punto de negar su razón última de ser, que es velar por el bien común. Hoy, más que nunca, lo que se necesita es claridad conceptual y una profunda reflexión sobre hacia dónde queremos conducir a nuestro amado país. Qué triste espectáculo sería celebrar el bicentenario diciéndole al mundo que abdicamos de nuestro tesoro más preciado: la familia, la
célula básica de la sociedad. Ella se cuida promoviendo el matrimonio tal y como siempre se ha entendido. No hay otra manera.

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
: (Opcional)
Código Verificación :
Capital.cl

Comentarios

5 Comentarios

Pablo M. H. :

Publicado Domingo 8 de Agosto, 2010 - 05:41 hrs

La fe tiene la propiedad única de torcer el raciocinio más elemental para llegar a conclusiones aberrantes como: “Las políticas públicas no pueden ser pensadas desde las minorías o desde personas que se vean en situaciones especiales.”

Si fuera por el sr. Chomalí y sus tradiciones católicas milenarias todavía deberíamos ver la esclavitud como algo aceptable, las mujeres no deberían tener derecho a voto ni a trabajar fuera de la casa, los discapacitados jamás deberían reclamar por un mejor acceso a la vida pública y los homosexuales deberían ser quemados en la hoguera, como era costumbre para esos venerables católicos de la Edad Media.

El bienestar de una sociedad no se puede construir sobre la base de aplastar y segregar minorías, todo lo contrario. Mientras más inclusiva y diversa sea nuestra legislación en estos temas estaremos dando una lección de humanidad. Eso es lo que deben recibir nuestros hijos. No un adoctrinamiento con ideas y tradiciones imaginadas por hombres profundamente ignorantes hace 2000 años en Medio Oriente.

Ruben Guzman :

Publicado Viernes 6 de Agosto, 2010 - 13:27 hrs

Lo terrible de la sexualidad es que pareciera ser patrimonio de los curas o de los médicos. ¿Han visto algún programa de sexualidad en la tele que no participe alguno de ellos? o sea, el mensaje es que la sexualidad o es pecado o es una enfermedad. Digo yo ¿quie es el que está enfermo aquí?

¿Y saben cuál es el argumento más fuerte que usa Chomalí? Que el papa lo dijo. ¿Saben quién es el papa? Es un tipo que se las arregló para llegar a esa posición, elegido por sus propios compinches, quien sabe con cuáles maniobras de lobby y politiquería al estilo Vaticano.
Una amenaza verdadera contra la familia, curiosamente, es el rechazo de la iglesia a los métodos anticonceptivos. Vayan a Cerro Navia y vean como andan los cabros nacidos de mamás de 14 años, drogándose y pateando piedras en la calle. ¡Esa si es que es familia!

guillermo Ferreyra :

Publicado Jueves 5 de Agosto, 2010 - 23:27 hrs

Es penoso enfrentarse a la realidad de la intolerancia, pasiva o activa, basada en la ignorancia de ciertas fortunas quiza, como la de provenir de un hogar economica y emocionalmente estable y no sufrir involuntarias tendencias sexuales y afectivas “incómodantes”. Es triste comprobar, cómo la Familia-standard, no necesariamente cría personas mejor formadas y con mas generosidad de sentimientos por no decir espiritual.
En todo caso, si bien la Ley que en argentina permite a las personas del mismo sexo contraer matrimonio, atenta contra los principios filosoficos mismos que fundan el derecho incurriendo en una rimbombante maniobra política, es al menos un camino definido y constructivo para asistir a las diferencias intrinsecas en el ser humano y protejerlas dentro de un marco legal contemplando el hecho por ejemplo, que en la Argentina no es posible testar, precisamente para garantizar los derechos hereditarios y de familia.
Esta ley no atentará contra la escencia de mantrimonio natural, ya que la unión hombre-mujer, practica y sentimentalmente hablando, es el paradigma biológico que nos constituye evolutivamente como especie; sería como intentar protegerse de un aluvión debajo de una cucharita de café.
No corresponde imponer la religiosidad personal por sobre un bienestar común justo y ajustado a derecho y quiza si corresponda admitir que la Familia esta desvirtuada gracias a los modelos de vida tan mezquinos que defendemos.
La forma de ser del projimo, jamas me impido amar y respetar a mi mujer….y a Ud?
Pierda cuidado, que como dice la cancion: “love will find the way”.
Muchas gracias.

Ruben Guzman :

Publicado Martes 3 de Agosto, 2010 - 12:34 hrs

“Ilseñor” Chomalí (no puedo llamarlo “monseñor”) incurre en falacias al decir que permitir las uniones de hecho atenta contra la familia. Si la familia es tan importante y fuerte, sabrá cuidarse sola. Que dos personas usen la figura de unión de hecho no impide de modo alguno que otras dos personas lo hagan de la forma que le gusta a Chomalí. Por otra parte, me llama la atención que sacerdotes célibes, de una institución notoriamente manchada por graves crímenes morales, se arroguen la autoridad para decirnos a los demás como actuar y se les dé importante tribuna en medios como Capital. Afortunadamente, el caso de los indultos muestra claramente la pérdida de poder que está sufriendo la iglesia católica.

palabra :

Publicado Domingo 1 de Agosto, 2010 - 14:03 hrs

Sí, obvio para mí, que el matrimonio es la unión estable entre un hombre y una mujer, y que los futuros ciudadanos nacen de esa unión como miembros de una familia y en ella se eduquen.

Creo que en lo más íntimo de cada ser humano, hombre y mujer, hay un anhelo profundo de formar una familia, lo que no debe ser por imposición o necesidad, si no porque es parte de su propia naturaleza el darse a otro y recibir del otro, o sea por Amor. Es natural también compartir esa entrega con otros a través de la descendencia.
Pero es claro que muchas cosas de nuestra naturaleza son desvirtuadas por la sociedad y el mismo hombre, el resultado es destrucción de sí mismo. Ejemplos hay varios, uno de ellos es la droga, otro lo acontecido en Argentina, otro el medio ambiente, etc… Preguntaría si lo que queremos como país es tener el “prestigio” de los países vecinos? al menos yo no, o ser un Chile distinto? entonces, no copiemos los malos ejemplos.

Ojala los colegios, universidades e instituciones educativas refuercen lo que es la persona humana. Si todos tenemos más conciencia de nuestra propia esencia y verdad como seres humanos, cuando se crezca, y nos desempeñemos en distintas actividades desvirtuaremos menos esta esencia.

Una buena señal de país ocurrirá cuando las políticas públicas y líderes públicos estén más enfocados a evitar mal interpretaciones de lo que somos o no somos como seres humanos.

IAB ChileCertifica.com