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Por Juan Luís Rivera
Un asunto de barrio

11 Nov 09


Las loables iniciativas de reforma al mercado de capitales no han tenido un efecto real para lograr convertir a Chile en la plataforma de inversiones regional que hemos visualizado.

Los últimos diez años han sido de grandes transformaciones para América latina. Hemos visto a muchos de los países de la región seguir las reformas impulsadas por Chile en los años 80: sistema de pensiones, apertura macro, disciplina fiscal, Banco Central independiente, etc.

Los resultados están a la vista: los habitantes de la región han aumentado su nivel de vida significativamente, contribuyendo al crecimiento de una clase media numerosa y pujante, lo cual genera una espiral positiva sobre las industrias de consumo doméstico y servicio. Todo esto se ha manifestado en los mercados de capitales, donde vemos que en una década las acciones de países desarrollados prácticamente han rentado cero y Latinoamérica es la región con mejor desempeño mundial (alrededor de 18% compuesto anual, mucho mejor que los mercados emergentes con alrededor de 11%).

Por supuesto, el fenómeno de la transformación industrial china nos ha ayudado, a través de su positivo impacto en precios de los commodities que nuestra región produce y su exceso de ahorro, que ha mantenido bajas las tasas de interés. Pero esta vez, a diferencia de las farras anteriores, la gran mayoría de los países de la región ha aprovechado las buenas condiciones externas para ahorrar y prepararse ante eventuales tormentas futuras.

Prueba de esto es el notable desempeño económico de la región en 2008 y 2009, en medio de la crisis financiera y una gran recesión global. Lo habitual en estos episodios es que ante la salida de capitales extranjeros y la necesidad de divisas para cubrir déficits externos y pagar deudas externas, los países latinoamericanos se vieran obligados a aplicar políticas macro violentamente restrictivas para defender su tipo de cambio y adecuar la demanda doméstica al nuevo escenario.

Esta vez fue diferente, ya que los países de la región llegaron a 2008 con balances fiscales y externos por lo general equilibrados, y aprovecharon las buenas condiciones externas para acumular stocks de reservas internacionales sin precedentes (casi 500 billones de dólares, incluyendo fondos soberanos; como punto de referencia, en 1999 esta cifra era 50 billones).

Chile es acreedor neto; Brasil es acreedor neto en dólares. Por eso hemos visto que, luego del pánico a finales de 2008, los mercados financieros de la zona han subido violentamente. Luego de la pérdida (¿irracional?) de fe, pudimos comprobar que la situación de la región es sólida y sus perspectivas de crecimiento, atractivas.

Hemos pasado nuestro stress test. La región probablemente verá caer su PIB alrededor de 2,5% en 2009, pero casi la totalidad de esa caída se explica por México –cuyo PIB descenderá alrededor de 7,5%–, afectado desproporcionadamente por la crisis inmobiliaria en Estados Unidos y por temas sanitarios. Los otros países del área se vieron muy poco afectados, con Brasil y Perú creciendo y Chile y Colombia presentando contracciones muy moderadas.

Alrededor del 80% de la región ya es Investment Grade (en 1999 sólo Chile lo tenía), lo que facilita el acceso a capital para financiar los proyectos de infraestructura y vivienda que necesita para su desarrollo. China es el mayor socio comercial de Chile y Brasil, lo que no nos desacopla del mundo pero nos acopla al que probablemente será el motor del crecimiento mundial por varios años más.

Los inversionistas globales han aceptado este nuevo estatus, y sin duda la niña bonita es Brasil con su gran población, recursos naturales y tamaño de mercado. Es probablemente el BRIC favorito de los inversionistas institucionales. Para Chile esto significa que nuestro barrio ha mejorado mucho, pero también que va a costar que nos presten atención, al tener un vecino tan atractivo como Brasil. Las loables iniciativas de reforma al mercado de capitales no han tenido un efecto real para lograr convertir a Chile en la plataforma de inversiones regional que hemos visualizado. Nos queda mucho por avanzar para mantener el liderazgo que tanto esfuerzo costó alcanzar.

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