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Por Ricardo Solari
Transparencia: buenas noticias y aviones

29 Abr 09

Pongamos las cosas donde corresponden, el mérito del gobierno es que, contra toda autocomplacencia, se ha jugado por esta ley que permite visualizar lo que está mal y prevenir que siga ocurriendo mañana.

Desde el 21 de abril recién pasado, los sitios web gubernamentales cuentan con un banner denominado “Gobierno transparente”, que simboliza un nuevo hito en el proceso de modernización del Estado chileno. Se ha puesto en vigencia la Ley sobre Acceso a la Información Publica, más conocida como la Ley de Transparencia.

Hoy es una obligación de los tres poderes del Estado, así como de los municipios y empresas públicas, ejercer la transparencia activa; esto es, publicar en Internet una variada gama de información, como sus funciones y atribuciones, la contratación de asesorías, la naturaleza de los proyectos de inversión, la individualización de empresas o personas naturales que tengan cualquier tipo de relación económica con el gobierno y, por supuesto, las remuneraciones de todo su personal.

De la misma manera, las entidades supeditadas a la nueva norma deberán cumplir con la transparencia pasiva; es decir, tendrán plazos establecidos para responder cualquier solicitud de información que los ciudadanos realicen.

El acceso democratizado a la información de los organismos públicos, permanentemente actualizada y accesible, no sólo es posible porque nuestro país ha alcanzado altos índices de penetración de Internet. En el balance es evidente que, derrotando cualquiera otra tendencia, el esfuerzo modernizador ha orientado la gestión de los gobiernos de la Concertación, aunque no siempre con la rapidez o la efectividad que todos deseamos. La participación del Parlamento y la oposición también ha jugado un rol central en este esfuerzo de construir un Estado de calidad. Para reducir la discrecionalidad, para incrementar los derechos de las personas.

El respaldo común a esta iniciativa de senadores de la Concertación y de la Alianza (Jaime Gazmuri y Hernán Larraín) también es una nota positiva. La Ley de Acceso a la Información Pública es un instrumento que promueve la existencia de ciudadanos informados, y se plantea el ambicioso propósito de avanzar hacia un gobierno saneado de malas prácticas, vigilante de sí mismo y orientado a las personas. El mundo del poder se hace más diáfano para los ciudadanos. Con sus grandezas y miserias. Por supuesto, la puesta en marcha de la ley no estará exenta de las falencias naturales a la envergadura de la tarea y de la complejidad del manejo y coordinación de un enorme volumen de información. Considerando el número de transacciones y contrataciones del Estado, sería iluso pensar que no se encontrará ningún error, ningún engaño o, incluso, ningún delito. Pero pongamos las cosas donde corresponden: el mérito del gobierno es que, contra toda autocomplacencia, se ha jugado por esta ley que permite visualizar lo que está mal y prevenir que siga ocurriendo mañana.

Tampoco es adecuado considerar este camino como terminado y perfecto. Los medios de comunicación, las organizaciones no gubernamentales y la ciudadanía deben sacar más provecho de esta oportunidad. La información disponible permite abrir con más argumentos nuevas discusiones, como la que ya ha surgido en torno a la calidad del comportamiento del Estado como empleador y su alto número de trabajadores a honorarios. No me parece mal publicar, difundir o hablar de las remuneraciones públicas. Por el contrario, es una forma de maximizar la fiscalización de la opinión pública sobre ello, pero más allá del morbo inicial, es más trascendente que seamos capaces de articular debates mayores, como la eficiencia de los programas públicos y la correcta focalización y oportunidad de cuantiosos subsidios que, a fin de cuentas, pueden tener mucho mayor impacto en la vida de las personas.

Lamentablemente, las Fuerzas Armadas se han restado de este proceso aduciendo viejas normas del Código de Justicia Militar, referidas a asuntos estratégicos. Cuesta pensar que las remuneraciones de nuestros uniformados constituyan secreto. Esta decisión no ayuda a elevar el prestigio de nuestros estamentos armados. No es inteligente negar información cuyo conocimiento, probablemente, comprometería más activamente al mundo civil. El caso Mirage expone una vez más la urgencia de involucrar a las instituciones democráticas y a la opinión pública en las cuestiones claves de la defensa. No en vano, estos temas ocupan lugares principales en la agenda pública y parlamentaria de los países desarrollados. El reciente debate sobre el avión presidencial, respecto del cual la Fuerza Aérea ha respondido artículos de prensa con inserciones (pagadas por los contribuyentes) en vez de utilizar las normas legales vigentes del derecho a réplica, fortalece la duda respecto de si la transparencia que celebramos para toda la nación también avanzará en ese terreno. O si al final, como corresponde, será sólo una cuestión de tiempo. Ojala, así sea.

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Comentarios

Un comentario

patricio :

Publicado Jueves 24 de Diciembre, 2009 - 20:52 hrs

Yo creo que es mejor , cuando no se tiene tan claro si será peor el remedio que la enfermedad , es ir de ha poco , adentrandose en politicas del estado que podrían ser nefastas a futuro .

Lo mejor sería ir de ha poco .
Eso de tomar con tanta liviandad el tema de la trasparencia respecto a las fuerzas armadas y de tirarlo por la prensa , pensando en los votos no me parece muy bién.

La prensa necesita vender y se aprovecha para poder financiarse , y no le preocupa corromper a nuestro pueblo y el aprovechamiento de votos que hacen algunos politicos al salir permanente en la prensa casi van de la mano
.
la prensa informa todo , tanto lo bueno como lo malo , total es su negocio , el vender noticias , sean buenas o malas , que corrompan a nuestro pueblo , no les importa o que bajen de nivel los habitos de los CHILENOS o que ha futuro tengamos puros delincuentes o violadores , total eso vende , no tienen responsabilidad les da lo mismo , total es es su negocio ellos viven de eso y entre lo bueno y lo malo , se sabe que el unico ganador es LO MALO , total dicen son derechos logrados y hay tantos periodista que necesitan un trabajo para ganarse la vida ,

Total , ya el respeto por las personas de nuestro CHILE ya no importa
.
la prensa se lava las manos y dicen , que ellos no son jueces , ni moralistas , ni de ser objetivos , al ver lo que hay de verdad en la realidad , total sus razonamientos son , que les incumbe solo informar todo lo que vean , se escudan en esos argumentos , y solo les interesa vender y no EXISTE un poder o super - intendencia que los controle .

Un politico no nadaría jamas en contra de esa corriente , contra ese poder , sería un pesimo negocio para el .

Y normalmente emplea el lema de , “CUANDO NO PUEDAS CON TU ENEMIGO UNETE A EL”

El POLITICO , no todos por supuesto , pero si un grupo muy grande , le gusta las camaras , se las pelean y ojalá salir todos los dias en la prensa para posicionar su imagen publicitaria para su negocio politico , el voto , su rating , son como la coca -cola .

EL politico es un comerciante del poder , esta permanente comprando el voto

La prensa casi siempre corrompe a alguien , sobre todo a los niños que todo lo creen ,( por que todabía no tienen conciencia a esa edad ) , o culpa a alguien , lo condenan antes que los tribunales , le asesinan su imagen y despues se disculpan .

ENTONCES ES OBVIO , que nuestras fuerzas armadas hay que cuidarlas de no basurealas , ni asesinar su imagen , la historia de nuestro chile , nos muestra que al fin y al cabo , son ellas las que al final terminaran arreglando los problemas aunque sea peleando entre ellas .

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