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Por Fernando Chomali
La Iglesia: del dolor a la esperanza

08 Mar 11


El don del sacerdocio nos lleva a decir una y otra vez: no hay espacio para los que dañan. No hay espacio, y quien lo haga tendrá que responder ante Dios y la justicia. Por eso duele cuando se gozan de nuestra herida.


La herida que sufre la Iglesia es inmensa. Frente a los hechos que hemos ido conociendo, algunos católicos se manifiestan muy decepcionados. No pocos experimentan verdaderas crisis de fe. Otros han ido perdiendo la esperanza. Y no es para menos. Es grave, gravísimo, que un sacerdote abuse de un menor.

Preguntas que tal vez nunca nos hicimos aparecen ahora con fuerza y corroen el alma. ¿En quién podremos confiar? ¿Será cierto que la Iglesia es la Iglesia de Jesucristo? ¿Será cierta su enseñanza? ¿Hemos de creer en la palabra de nuestros pastores? ¿Tuvo sentido haber creído en la Iglesia, haberse educado en su interior y dársela a las futuras generaciones?

Son preguntas que están en el corazón y en la mente de varias personas. Es esta la hora en que debemos responderlas, pero con inteligencia y sabiduría para tener claridad en nuestro pensamiento y no dejarnos llevar por la rabia, el reproche, la descalificación fácil ni el pesimismo estéril. Además, necesitamos humildad para reconocer nuestros errores en el modo de tratar casos de esta gravedad. Y decisión para evitar que esto vuelva a ocurrir, tratando de reparar la dignidad ofendida de hermanos nuestros. También necesitamos desde nuestra herida realizar una reflexión como creyentes que fortalezca nuestra fe y nos impulse hacia la esperanza, aquella esperanza en aquel en quien hemos puesto toda nuestra esperanza: Jesucristo.

Cómo quisiera que todos los católicos fuéramos verdaderos discípulos de Jesucristo y lo siguiéramos en pobreza, castidad perfecta como la del Señor y, de modo especial, los consagrados y consagradas, sacerdotes, obispos y religiosas.

Cómo quisiera que ninguno de los abusos se hubiese cometido, y menos de parte de quienes tienen la misión de dar a conocer a Cristo, quien enseñó que quien recibe a un pequeño en su nombre a El lo recibe, y advirtió severamente que al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar (Mt. 18,5). Cómo quisiera que estos hechos fueran sólo una pesadilla y pudiéramos seguir gozando de nuestra pertenencia a la Iglesia como un gran regalo y no tuviésemos que dar explicaciones respecto de ella.

Pero la realidad es otra y ello nos golpea profundamente. La primera pregunta que me surge es la siguiente: ¿ha de extrañarnos que en medio de mil doscientos millones de católicos, cinco mil obispos, cuatrocientos mil sacerdotes, seiscientas cincuenta mil religiosas y ciento veinte mil seminaristas haya algunos que no estén a la altura del don recibido en razón de su humana debilidad, condición de pecador o de alguna patología severa? Basta mirar el grupo de los primeros doce apóstoles para darse cuenta de que no nos debe extrañar. ¿Acaso no fue la traición al Señor el pecado más grave, que además se hizo a cambio de algunas monedas, lo que paradójicamente nos valió la manifestación plena del amor de Dios en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo? ¿Acaso nuestra Iglesia no quedó cimentada en Pedro, quien lo negó tres veces? ¡Y la iglesia ya lleva dos mil años!

Cada vez que hay un abuso al interior de la Iglesia, la cruz de Cristo aparece en todo su dramatismo, como si fuera ayer. Pero de igual manera, y con la misma fuerza, se manifiesta día a día, minuto a minuto, la resurrección del Señor cada vez que un matrimonio se declara amor, cada vez que despunta una nueva vida, cada vez que alguien visita a un preso o a un enfermo, cada vez que en el silencio rezamos por nuestros amigos y enemigos; en definitiva, cada vez que florece la vida y aparece una sonrisa; cada vez que un gesto solidario saca a un joven de la pobreza, cada vez que un joven ingresa al seminario o a la vida religiosa.

Sí, hoy, cada vez que despunta el día, Dios nos sigue asombrando con su presencia y su amor.

¿No será que la desazón que experimentamos se debe también a que olvidamos de la grandeza de Dios y la fuimos sustituyendo por la pequeñez de hombres de carne y hueso a quienes endiosamos? Endiosar a los sacerdotes siempre termina haciendo un daño inmenso a ellos y a la comunidad.

La presencia de hechos tan graves y tristes nos piden volver la mirada sólo a Dios, porque de lo contrario es fácil desilusionarse. ¿Acaso no nos recuerda San Pablo, como se lo planteó a la comunidad de Corinto, que llevamos un tesoro en vasijas de barro? Y que ese tesoro, Jesucristo, actúa, incluso hace milagros, con esas vasijas de barro que somos cada uno de nosotros. ¿No es acaso un milagro todo lo que ha hecho en estos 2000 años de historia? Incluso, a pesar nuestro. ¿No es acaso un verdadero milagro que, a pesar de nuestra pequeñez, flaqueza y debilidades, siga operando? Ese es el milagro. La Iglesia la construye Jesús no sólo a pesar del barro, sino que con el barro, para que así nadie se gloríe de su propia obra sino sólo de la de El, el Salvador. Por eso resuenan hoy, en medio de este drama que nos parte el alma, con más fuerza las palabras de Pedro: Señor, ¿dónde iremos si sólo tú tienes palabras de vida eterna y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Hijo de Dios? (Jn. 6,68).

Sin Jesús nada podemos hacer. Es hora de poner la confianza en El, de mirarlo a El, porque si los hombres nos decepcionan, no nos va a decepcionar Dios. Dios no nos va abandonar aunque la barca de Pedro se mueva por los pecados de los hombres y tengamos la sensación de que está dormido en la proa, o de que no pescamos cuando navegamos mar adentro y echamos las redes. Si nuestra Iglesia está edificada sobre roca dura, aunque vengan los vientos huracanados, las tormentas y los torrentes, el edificio se mantiene firme porque no es obra humana, no es fruto de estrategias políticas ni de marketing, sino que es obra de Dios mismo.

Hoy, con San Pablo (Rom. 8,35) repetimos que nada, absolutamente nada, ni siquiera la muerte y el pecado, nos va a separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Ahí radican nuestra esperanza, nuestra fortaleza, nuestra alegría y nuestro futuro. Ahí radican el interés irrenunciable a la verdad, a la justicia respecto de quienes fueron dañados y, sobre todo, la voluntad de pedir perdón con humildad por el mal causado, así como de darlo y recomenzar de nuevo.

Permítanme ir más lejos en estos días aciagos. Miremos la cruz. ¿Qué vemos? Vemos al justo, al santo, al inocente, al que pasó haciendo el bien crucificado. El fue traicionado y su vida, mirando la cruz, es un fracaso. Da la impresión que ganaron el pecado y la injusticia, pero ese fracaso era sólo en apariencia, puesto que terminó siendo la manifestación más grande de su amor al decirnos que los muertos resucitan.

Esperemos la acción de Dios, que es capaz de sacar bien del mal. ¿Acaso no nos dice San Pablo que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia?

Al interior de mi Iglesia herida –como nos lo recordara Benedicto XVI– por el pecado de algunos de sus ministros, he recibido manifestaciones de aprecio sincero por ser sacerdote. Esa experiencia la hemos vivido muchos. Las personas intuyen el valor del sacerdocio y nos conocen en la vida real. Creo que esa muestra de cariño es, al mismo tiempo, la búsqueda de respuestas a preguntas muy profundas. Sí, he visto a muchos que con su mirada y apoyo nos están diciendo: perseveren, ¿quién rezará por nosotros?

Perseveren, ¿quién nos consolará en el momento de la aflicción?

Perseveren, ¿quién nos perdonará en nombre del mismo Dios?

Perseveren, ¿quién nos recordará que cada hijo es una bendición en medio de 50 millones de abortos al año considerados como signo de desarrollo?

Perseveren, ¿quién nos bendecirá?

Perseveren, ¿quién nos hablará del amor de Dios?

Perseveren, ¿quién le dará sepultura a nuestros difuntos y nos dirá que resucitarán?

Perseveren, ¿quién nos ayudará a encontrarle sentido a la vida a la luz de Cristo, que es el camino, la verdad y la vida?

Perseveren, ¿quién nos ayudará a educar a nuestros hijos?

Perseveren, ¿qué haríamos los domingos sin la misa?

Perseveren. En medio de tanto egoísmo, individualismo e indiferencia, ¿quién nos recordará que los pobres no pueden esperar y quién nos animará a ser justos y solidarios?

Perseveren, ¿quién nos recordará que hay presos, enfermos y afligidos por visitar y consolar?

Perseveren, ¿quién nos dirá en medio de tanta ostentación que la sencillez de vida es un valor?

El don del sacerdocio nos lleva a decir una y otra vez: no hay espacio en el sacerdocio para los que dañan a los jóvenes. No hay espacio, y quien lo haga tendrá que responder ante Dios y la justicia. Es un crimen horrendo a los ojos de Dios y el daño que produce es inmenso.

Por eso duele cuando se gozan de nuestra herida. En un programa radial se comentaba que el caso de las acusaciones en contra del presbítero Fernando Karadima estaba “entretenido”. Es una crueldad encontrar “entretenido” el drama de quienes fueron objeto de abusos y de sus familias y que merecen todo nuestro respeto y apoyo, así como el drama de una persona denunciada y que ha sido declarado culpable y sancionado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con las heridas de una comunidad no se juega, y no son motivo de entretención, sino que de oración y de preguntarse qué hemos de hacer para que nada de aquello vuelva a ocurrir. Nunca más. Con el dolor no se juega, con el drama de una comunidad no se juega. Es fundamental conocer la verdad. Es importante, a partir de ella, hacer justicia y reparar a las víctimas, pero con caridad. La justicia sí, pero en la verdad. Y nunca perder la esperanza de la posibilidad de perdón, de misericordia y de reconciliación. No es lícito convertir en leña el árbol caído.

San Pablo dice que la gracia de Dios nos basta. Pongamos en El nuestra confianza y pidámosle que no nos deje caer en el desánimo y la desesperanza, sino que nos ayude a fortalecer con mayor intensidad nuestra fe en El.

Es la hora de trabajar con más intensidad para que la viña del Señor sea el lugar donde resplandezcan el amor de Cristo y su santidad. Este tiempo de purificación, en que pedimos perdón por el daño que algunos han causado; es también el tiempo de valorar y agradecer todo cuanto nos ha dado Dios a través de su Iglesia; la que, a pesar de frágiles hombres y mujeres que se consagraron a El, ha hecho una obra maestra que brilla con su luz don de hay oscuridad, con su esperanza donde hay desesperanza, con la verdad donde hay mentira, con la caridad donde hay odio. Ello se vive en nuestros colegios y parroquias y no me equivoco cuando afirmo que no hay lugares más seguros que éstos para los jóvenes. No los hay.

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Comentarios

24 Comentarios

Ana Mardones Diaz :

Publicado Miercoles 13 de Abril, 2011 - 02:24 hrs

Muy interesante el articulo.
RECEMOS POR NUESTRA IGLESIA Y MILES DE SACERDOTES, QUE TANTO NOS HAN DADO EN SU VIDA.
PIDAMOS POR ELLOS EN NUESTRAS ORACIONES, ELLOS NOS NESECITAN,
CUANTOS HAN FORMADO HOGARES DE ANCIANOS PARA NUESTROS VIEJITOS.
GRACIAS A DIOS QUE LOS TENEMOS Y A LA VIRGEN DEL CARMEN QUE NOS AYUDARA

Cecilia Pereira :

Publicado Domingo 3 de Abril, 2011 - 23:27 hrs

Don Fernando Chomalí: me está costando referirme a Ud. y a otros sacedotes como “padre”, pues la confianza está en duda, no en su persona, a quien respeto, sino a lo que representa, el sacerdocio y la Iglesia Católica.
Comparto plenamente lo comentado por otros aquí mismo (Carlos García, Eulogio Montero, Verónica González, Hugo Aedo, Mondy per), la fe en Dios no está en cuestión ni las enseñanzas de Cristo; la fe, la confianza, la credibilidad en la Iglesia Católica es la que se está muriendo. Y el cuento de que todos somos parte de ella, pierde todo sentido cuando la jerarquía esconde y evade su responsabilidad ante todos los hechos y declaraciones que hemos visto en las últimas semanas. Ese es el punto en cuestión y no otro. No lo logro entender cómo el arzobispo Ezzatti nada ha dicho de las declaraciones del cardenal Medina, pero para defender la desidia de Errázuriz solo le tomó unas horas. ¿Me va decir que no ir a misa un domingo es un pecado mortal, pero no lo es tomarse años en investigar las denuncias contra su amigo porque para él era una mentira?

mandy Per :

URL: http://44857451
Publicado Jueves 31 de Marzo, 2011 - 02:15 hrs

Padre Chomalí: LA IGLESIA son mis niños, mi familia, la familia de mi vecino etc… Mi fé en la Virgen María, en Jesús y en Dios está intacta, no es ese el tema sinó los actos de los karadima, los cox…etc que siguen siendo amparados por uds. y no sólo amparados, además los mandaron becados a algún monasterio a ser atendidos a cuerpo de rey por 5 monjitas cada uno. Ni remotamente creo en su arrepentimiento ni que pasen el día rezando, creo que eso no basta para reparar el daño. No, todavía no encuentro justo que jueguen al pillarse con el cura tato (1, 2, 3 por mí y por Cox que le salió gratis). Son uds. mismos los llamados a separar de sus filas las manzanas podridas, en forma clara y contundente, para que nadie dude, para recuperar las ovejas, para desalentar a los que todavía tienen ganas de dañar a los niños y para devolver la fé en los sacerdotes y las monjitas, ya que la fé en Dios jamás se ha perdido.

Esteban Neira :

Publicado Miercoles 30 de Marzo, 2011 - 19:11 hrs

Monseñor, Soy una persona activa en mi Iglesia, y comparto plenamente su reflexión, también le agradezco sus palabras, creo que son muy certeras y nos iluminan a nosotros los laicos para defender la iglesia de Jesucristo cimentada por el espíritu santo en los hombre, muchas veces débiles, pero en otros tantos que luchamos por hacer vivo el sermón de la montaña y en especial el mandamiento del amor.

Juan Carlos Caro Alvarado :

Publicado Martes 29 de Marzo, 2011 - 21:30 hrs

Interesante el articulo, Monseñor Fernando Chomali es un sacerdote extraordinario , asi como la mayoria de quienes han consagrado su vida en forma total al Señor, Hombres y Mujeres como cualquiera de nosotros, que han tenido la valentia de decir Si al llamado.
Lo felicito por darnos impulso a defender a nuestros Pastores y orar por aquellos que desviaron un poco su camino.
Como Cristiano, Padre de familia y Educador creo que tambien es nuestra responsabilidad estar atentos a todo lo que les sucede a nuestros hijos y enfrentar con la verdad todo lo que los puede dañar y no dejarse estar en el tiempo.

Gracias por apoyarnos en nuestro caminar en la construcción del reino.

Rodrigo Meneses Brant :

Publicado Martes 29 de Marzo, 2011 - 20:59 hrs

Es importante saber algo mas del dolor, nos enfrentamos a una situacion muy compleja, pero es importante señalar que la institución de la familia una vez mas se fortalece, pues del dolor podemos aprender a cuidar mas a la familia, para mi los agravios cometidos, hacen que piense en la importancia de la familia y su protección, mis hijos donde estan cuando no los veo, que hacen mientras trabajo, con quienes se realcionan cuando estoy ocupado en los negocios de rentabilidad financiera, la direccion espiritual comienza con los padres, y el respeto que pueden tener los hijos hacia los padres, cuando esto se quiebra por falta de tiempo, nuestros hijos buscan en otro lugar lo que no les damos como padres, la formacion cristiana que puedo entregarle a mis hijos, debe ser supervisada por nosotros los padres. es muy facil criticar y aborrecer al que ha utilizado mal, el sacramento de la confesión, pero donde estamos los padres cuando nuestros hijos nos necesitan, el Director Espiritual refuerza los valores que entregamos a nuestros hijos, pero NO LOS REEMPLAZA, con lo sucedido debemos decir que esta todo perdido, POR SUPUESTO QUE NO, es nuestra oprotunidad de acercarnos mas a nuestros hijos, de aumentar la horacion, limosna, y caridad, es cierto que las victimas se merecen justicia, al igual que nuestros hijos se merecen nuestro tiempo. La iglesia, que somos todos nosotros debemos seguir formado a nusetros hijos, que estaran expuestos cada día mas, a situaciones poco agradables, es por eso que digo, NO ESTA TODO PERDIDO, es el comienzo y la oportunidad para que conversemos con nuestros hijos, y no deleguemos en otros lo que nos corresponde como padres.

danny :

Publicado Martes 29 de Marzo, 2011 - 15:51 hrs

Estimados: palabras, palabras y mas palabras; escritas por una persona que pertenece a una institucion que ejerce una influencia inmensa sobre las personas; la verdad es que este articulo tiene un peso muy muy liviano. para mi la iglesia ya perdio su encanto. las instituciones son todas buenas, pero todas estan constituidas por personas y es aqui donde debe estudiar la forma de esta base se muestre equilibrada, fuerte o al menos amistosa y estar produciendo los frutos del espiritu. Los frutos de la iglesia catolica mostrados en estos dias solo indican el comportamiento que ha tenido durante muchisimo tiempo. Llegó la hora de cambiar su estructura basica; el hombre que hace que ésta exista.
Por favor! háganlo.

Maria Angelica Benavente Kunz :

Publicado Martes 29 de Marzo, 2011 - 13:45 hrs

Que bellas y esperanzadoras palabras para todos los católicos. Muy claro el artículo para poder hablar con las personas que estan atacando tan duramente a la Iglesia. Para mi el fondo es Cristo y su Madre y los sacerdotes que estan sindo cuestionados
son “formas”, que se desviaron del camino. Son tantos y el Demonio se encargó de tentarlos
Pienso que con esta cruz vendra una gran resurrección. Son importantes artículos como estos. Felicitaciones al Padre Chomali por su claridad
Maria Angelica Benavente

Manuel Galleguillos :

Publicado Martes 29 de Marzo, 2011 - 06:11 hrs

Padre Chomalí
Sus palabras osn esperanzadoras para el momento que está pasando la Iglesia de Jesucristo, guiada bien o mal por hombres, que no están libres de pecado. Dicen que en esta vida es donde se pagan todas las culpas, porque nuestro Dios Amor, no nos va a mandar al infierno cuando partamos de acá sino que nos va a acoger en su regazo, porque El es Amor. y en parte se están pagando las culpas de tantas situaciones anómales. Si ya es tiempo de muchas cosas después de estos 2000 años de Iglesia, no será tiempo también de revisar el celibato de los que la dirigen????. A lo mejor ahi está lo que hace falta, para terminar los abusos de aquellos que se endiosan tras un habito, y se aprovechan de la ignorancia del más débil.

Hugo Aedo :

Publicado Lunes 28 de Marzo, 2011 - 18:32 hrs

Padre Chomali
Es verdad que son muchos los religiosos que viven segun las enseñanzas de Jesus y el Evangelio, lo que me cuesta aceptar y usted nada dice, que LA JERARQUIA DE LA IGLESIA a la que usted pertenece, no solo en Chile sino que en muchos Paises del mundo calló, oculto y en definitiva aparó estos delitos.
Eso de verdad me parece inaceptable y muy doloroso.
¿No nos enseña jesus que debemos proteger y cuidar al mas débil, en especial a los niños?

sonia montecinos :

Publicado Lunes 28 de Marzo, 2011 - 03:27 hrs

Muchas gracias Padre Chomalí, esto es lo que necesitamos en este momento los católicos, PALABRAS DE ESPERANZA

Verónica González M. :

Publicado Domingo 27 de Marzo, 2011 - 17:31 hrs

Si la Iglesia hubiera castigado a “sus” culpables abiertamente habría creido en su arrepentimiento, pero solo los han escondido en Conventos donde estan bien atendidos y sin sufrir ningún castigo.
Todos esos “perseveren” perfectamente los podemos recibir directamente desde nuestro queridísimo Padre Dios ya que por siempre dudaré de la veracidad de los Sacerdotes.
Dios mismo nos hablará de su misericordia a través de ella.
Por favor no traten más de engatusarnos ni de tapar el sol con un dedo. Todo lo que dicen es para proteger a los abusadores y esconderlos cuando deberian estar en la carcel pública.
¿Que diferencia hay entre ellos y los pedófilos que estan condenados por la ley?. ¿Por que tienen un Código diferente a todos los mortales?…. creo que eso es pecado.
Uds. mataron a Juan Pablo I porque quería transparentarlos.

María Angélica Bravo :

Publicado Domingo 27 de Marzo, 2011 - 01:36 hrs

¡Gracias Monseñor Chomalí!
Perseveren, los que han escuchado el llamado del Buen Pastor para apacenter SU rebaño como Él lo hizo. Nosotros, los que amamos a nuestra Iglesia, la Iglesia de Jesucristo, seamos los Cirineos y las Verónicas que ella necesita en estos días, en que está subiendo al Calvario, cayendo y levantándose, con una cruz acuestas que nosotros le hemos impuesto. El pecado de arrogancia y despotismo, de poder desmedido, de materialismo y consumismo, de crímenes de todo tipo: moral, sexual, social, cultural, ecológico y todos los males que padecemos, no sólo recaen en los jerarcas de nuestra Iglesia, recaen en todos los que la conformamos, sólo que ellos están más expuestos. Jesús nos invitaría reflexionar y al que esté libre de culpas, que la apedree. El mal no prevalecerá sobre ella. Roguemos a la Madre de la Iglesia, a la Reina de Chile, para que “Ordene a las furiosas tempestades de los tiempos que no se ciernan con indomable rigor; que aniquile el poder y el engaño del Demonio; que quite de sus hijos la maldición del pecado; que acalle en ellos los instintos malos y enfermos; que todo su ser se incline ante Dios. Amen”

Marta del Rio :

Publicado Viernes 25 de Marzo, 2011 - 23:39 hrs

¡Gracias Monseñor Chomalí!:
Pienso que a todos nos hacen muy bien sus palabras para levantar la esperanza. Le aseguro que somos muchos los que, con más fuerza que nunca, pedimos al Señor que guíe su barca en estas aguas agitadas y que cada día nuestra fe se fortalezca.

David D :

Publicado Viernes 25 de Marzo, 2011 - 12:20 hrs

Por que confiar en su palabra, si otros de su institucion abusaron de los que confiaron en sus palabras.

Gerardo Infante :

Publicado Viernes 25 de Marzo, 2011 - 03:09 hrs

Mons. Chomalí:
Lo felicito sinceramente por su carta, está cargada de la esperanza que debe tener un verdadero cristiano en estos días difíciles. El dolor y la decepción han llevado desde la fundación de nuestra Iglesia, a enormes frutos en redención y santidad. Nada prevalecerá sobre ella, que fue fundada sobre roca.
El que muchos se caigan dentro de ella es simplemente algo propio de su esencia, al estar compuesta por seres humanos de carne y hueso que fallan. Y siempre las fallas serán más acentuados en los puntos débiles de cada época, si en la Edad Media fue la Inquisición, hoy en día será el tema sexual.
Pero hay que vivir tranquilos, todo pasa, solo Dios nos queda, y todo lo que hayamos sufrido y amado por Él.

Eulogio Montero R. :

Publicado Viernes 25 de Marzo, 2011 - 01:37 hrs

Monseñor Chomali:
Con el respeto que usted se merece, sus palabras muy conciliadoras para un sacerdote juzgado y condenado por el Vaticano, ¿no le parece a usted que dichos delitos no debieran prescribir en ninguna Ley? y ¿por qué la diferencia de castigar a un Obispo y a un Sacerdote por el mismo delito? Me refiero a Monseñor Cox, cumpliendo su castigo en un Convento en Europa y al Sacerdote Tato Aguirre, preso en este momento en condiciones paupérrimas.
¿Es que la Iglesia Católica está INFILTRADA porel diabólico mal del HOMOSEXUALISMO y que éste se esparce como efecto multiplicador por todo el mundo?
Sé feacientemente que las fuerzas del mal no prevalecerán contra la Iglesia. Así nos lo dijo Jesucristo, por lo que debemos seguir luchando contra todos estos males y la Iglesia se quite la venda y acepte las críticas de nosotros, la Iglesia. Que nuestros Pastores nos crean cuando se les informe que existe un problema de esta magnitud.

Carlos Garcia :

Publicado Jueves 24 de Marzo, 2011 - 22:21 hrs

Sr.Chomali

¿Cual es su opinion de lo que ocurre en Santiago, con El Bosque, Legionarios, Ursulinas y probablemente un par de casos más, aun tapados?
¿Que opina de Errazuriz ?
¿Como limpian la casa - Obispado de Santiago -?

Aqui no se eta cuestionando la FE en Dios, en Cristo y los Evangelicos, lo cuestionado, y con justa razon, son sus representantes - parte de los cuales simplemente son indignos -.

No responder, no hacer nada, mirar para el lado, lavarse las manos, dejar pasar el tiempo…es la “escuela Errazuriz”, espero que Ezatti sea más energico (creo que lo sera).

Pedro Rodríguez :

Publicado Miercoles 23 de Marzo, 2011 - 22:03 hrs

Que “algunos” no estén a la altura, no es el problema. Más, aunque muchos no estén a la altura, todavía no es problema. Pero que sólo un perverso tenga chipe libre durante décadas, a vista y paciencia de la jerarquía, a la que me consta se le señaló desde los años ´80, y se le cuide como un santo, se le felicite y premie por su “testimonio”, hasta que se le dé una sanción casi simbólica (comparado con el Tato Aguirre)…. ESO INDIGNA. A los católicos nos vienen tiempos difíciles, no porque el mundo nos odie, sino porque nuestros pastores no han amado el mundo, como para ser responsables en su actuar y sus palabras. Dura es la ley para la plebe, blanda para los poderosos: esa es la moraleja, y eso es lo que INDIGNA, porque es INDIGNO del EVANGELIO

Patricia Salas :

Publicado Miercoles 23 de Marzo, 2011 - 19:07 hrs

Al fin una postura clara, firme y transparente, que devuelve la esperanza y la confianza en la barca de Pedro. Olvidamos que somos instrumentos de barro, débiles, pero que Dios nos necesita para llegar a todos. Somos sus manos en el mundo.
Gracias Mons Chomalí por recordarnos lo que somos, por llamarnos a perseverar y a trabajar con más intensidad.

carmen garcia drummond :

Publicado Martes 22 de Marzo, 2011 - 20:45 hrs

Monseñor Chomalí, lo acompaño en su dolor y en el de tantos santos sacerdotes que tienen su vida consagrada a hacer el bien. Es muy lamentable lo que está pasando pero el pecado es individual y hay que seguir con firmeza al lado de nuestra Santa Iglesia, que no puede pecar. La fidelidad es indispensable en momentos de prueba como estos. Rezaré especialmente por la jerarquía de Santiago de la Iglesia Católica para que tengan fortaleza.

Luis Alberto Humphreys R. :

Publicado Lunes 21 de Marzo, 2011 - 23:05 hrs

Este es, en efecto, tiempo de purificación. Lástima que no muchos católicos entienden esto.
Nuestra Iglesia no sucumbirá ante el mundo, a pesar de nosotros, a pesar de que convertimos a los seres humanos en ídolos y esperamos que sean dioses. Cuando caen, “hacemos leña del árbol caído”, hacemos escarnio de ellos y, si si se trata de sacerdotes o religiosos, tanto mejor, porque así nuestra voz es amplificada muchas veces por una prensa que parece gozarse de estas cosas y cultiva la morvo de la gente.
Hoy, más que nunca, los católicos nos estamos uniendo y trabajando por el legado maravilloso que Cristo nos dejó. Cuidemos nuestra Iglesia, que somos nosotros mismos. Oremos por nuestros pastores y por la unidad de los cristianos.
Gracias, Monseñor Chomali, por sus comentarios directos y valientes. Gracias por llamar a la calma,el perdón, la reconciliación, la paz y la unidad.

Danilo Campos :

Publicado Domingo 13 de Marzo, 2011 - 03:37 hrs

Sr. Chomali. Comparto su escrito y quisiera resaltar el motivo de la venida de Cristo “rescatar a los pecadores” Pablo dijo que el era el primero y Pedro pidio ser crusificado al reves, al no ser digno de ser crusificado igual que su Señor, la razon, Su pecado. Asi somos todos los seres humanos, Pecadores. Pero la alegria y unica esperanza para mi, Caradima y todos lo que se consideran pecadores y se arrepienten de ello, no radica en lo que puedan o no hacer, radica en que Jesús fue a la cruz por nosotros. No lo merecemos es un regalo. Pienso que Cristo es la verdadera religion, por que no depende de seres humanos, depende del ÉL que resucito y por eso, nosortros también viviremos.

JAVIER ESPIRITU SUAZO :

Publicado Viernes 11 de Marzo, 2011 - 03:43 hrs

¿Habrá un confesión religiosa perfecta en el mundo? Escuché a un anciano decir: Si no existiera el hombre tampoco existiria Dios? En el mundo occidental,es verdad que vivimos una CRISIS DE FE. Pero nadie quiere tocar las dos fallas estructurales del clero católico: 1.- El celibato 2.-Los millones que posee el Estado de El VATICANO. Un sacerdote varón debe tener esposa y su hogar debe ser un ejemplo para los católicos. La alta jerarquia del clero católico debe decirle con humildad,inteligencia y sabiduria a sus creyentes y all mundo, cuanto es su recaudación economíca a nivel mundial. En países del tercer mundo desde el Cárdenal tienen suedos de Ministros que el Estado les paga, poseen un emporio de escuelas colegios y universidades con pensiones caras,son propietarios de inmuebles,terrenos rústicos y urbanos,entre
otros. Tenemos que conjurar la crisis de fé, con hechos y no palabras,palabras y palabras.

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