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Por Renato Cristi
Hayek, la desigualdad y la UDI

02 Sep 09


Es importante preguntarse si la UDI sigue adhiriendo a los planteamientos de Jaime Guzmán acerca de las bondades de la desigualdad social.

Es posible que Piñera gane la elección presidencial y que la UDI vuelva al gobierno. Dado que uno de los desafíos centrales sigue siendo la enorme desigualdad en la distribución de ingresos, es importante preguntarse si la UDI, que se vende como partido comprometido con los pobres, sigue adhiriendo a los planteamientos de Jaime Guzmán acerca de las bondades de la desigualdad social.

Guzmán tiene una deuda histórica con Hayek, quien busca derivar su filosofia neoliberal del liberalismo clásico. Aunque existen similitudes entre esas dos corrientes de pensamiento, hay también una esencial diferencia que dificulta su asimilación.

El liberalismo clásico afirma la libertad, pero a la vez la igualdad. El contexto histórico de Locke y Kant nos muestra que su adversario principal fueron las jerarquías feudales y la idea de desigualdad como un dato natural. En cambio, el adversario histórico del neoliberalismo es el socialismo. Hayek hereda de Mises la orientación anti-Estado que se expresa en sus célebres disputas con Keynes y Oskar Lange.

En The mirage of social justice, Hayek se opone a la idea de igualdad de oportunidades, pues ello significaría poner en manos del Estado un control ilimitado de las circunstancias que afecten al bienestar de las personas. Durante una visita a Chile, Hayek, en una entrevista realizada por Guzmán, admite que la desigualdad es motor indispensable de la producción capitalista: “como he sostenido otras veces, si la redistribución fuera igualitaria habría menos que redistribuir, ya que es precisamente la desigualdad de ingresos la que permite el actual nivel de producción” (Realidad, mayo de 1981).

Pinochet, y luego Thatcher y Reagan, diseñan sus políticas teniendo a la vista el rechazo de Hayek al igualitarismo y su opción por un ideal de libertad preferencial que exige la ausencia de interferencia estatal. El 10 de octubre de 1975, en un discurso en los Winter Gardens de Blackpool, Thatcher afirma: “todos somos desiguales. Nadie, gracias a Dios, es igual a otra persona por más que los socialistas pretendan que no es así. Creemos que toda persona tiene un derecho a la desigualdad, pero a la vez todo ser humano es igualmente importante para nosotros”.

En 1980, Guzmán publica Reagan y el fracaso socialista (Ercilla, 12 de noviembre), en que enrostra a la izquierda democrática el intento de atenuar el carácter totalitario de la izquierda marxista “como el costo de implantar una sociedad supuestamente igualitaria”.

¿Cuáles son los logros del neoliberalismo? Según Guzmán, ha revitalizado la propiedad privada y la libre empresa. El Estado ahora “disminuye su tamaño y orienta su función redistributiva a superar la pobreza –y no una utópica igualdad– como instrumento de efectiva justicia social”. Enfatiza el impulso privatizador en “ámbitos como la educación, el mercado laboral, el sindicalismo, la seguridad social, la salud”, puntos claves del neoliberalismo de Pinochet.

La idea hayekiana de la desigualdad como motor del capitalismo determina tambien el argumento de ¿Que no haya ricos o que no haya pobres? (Realidad, marzo 1980). Guzmán, inspirado en José Piñera, postula que la necesaria desigualdad entre ricos y pobres es el motor del crecimiento económico y la única solución realista para eliminar la pobreza. La alternativa es el socialismo igualitario que conduce al empobrecimiento de la sociedad entera. Soluciones intermedias (“terceras vías”) son ilusión y utopía. Concluye con una afirmación de temple aristocrático: “siempre el progreso se ha logrado por el fruto con que la obra de pocas eminencias cumbres se ha derramado sobre el resto del cuerpo social”. Ello implica, reconoce, “aceptar la desigualdad como dato de la Creación”. Las objeciones del liberalismo clásico a las jerarquías feudales han sido olvidadas.

El pensamiento político de Guzmán se plasma en la Declaración de Principios de la UDI. Reconoce su acápite 4 que es función indelegable del Estado “la promoción de la mayor igualdad posible de oportunidades básicas”. Pero lo que otorga este párrafo lo quita el acápite 6, que desconoce y cercena la función del Estado en aras de la libertad preferencial en la educación, la salud, la seguridad social y la actividad gremial.

Prueba de que estamos lejos del liberalismo clásico es el acápite 27 de la Declaración, en que se lee: “frente a quienes hacen de la política una mera reivindicación de derechos, silenciando las obligaciones que le son anexas…[la] UDI se propone… respetar las jerarquías naturales en los diversos ámbitos del quehacer nacional, combatiendo la tendencia al igualitarismo rasante de las sociedades masificadas”.

En la lucha contra el socialismo, Guzmán y la UDI, ciñéndose a Hayek, abandonan la lucha por la igualdad clásica y optan por las jerarquías naturales del medioevo. Hay que considerar que Guzmán fue partidario del carlismo español, movimiento que buscó revitalizar las jerarquías feudales.

En 1962, visita Chile el joven príncipe Heinrich von Starhemberg. Es invitado el 30 de abril al Colegio de los SSCC y Guzmán prepara una reseña de su charla. Starhemberg dirige su diatriba contra el paradigma revolucionario que se inicia con la “rebelión de los ángeles en el Paraíso”. En la modernidad esta rebelión se manifiesta en tres “fenómenos diabólicos: la Reforma luterana, la Revolución Francesa y el comunismo”. También anuncia una nueva época en que no tendrán “cabida los absurdos parlamentos de las democracias modernas” y encomia al régimen de Franco. Guzmán concluye afirmando que Su Alteza “hizo votos por nuestro éxito en la batalla en que estamos empeñados, para que se abra en Chile… la nueva era, jerárquica, tradicionalista, dinámica, pero por sobre todo, profundamente católica.”

El camino hacia la decadencia se desencadena con la revolución liberal de la igual libertad. La contrarrevolución que se anuncia busca restaurar la desigualdad jerárquica feudal. ¿A qué otra cosa pueden aspirar estos jóvenes contrarrevolucionarios sino a re-establecer el modo de vida aristocrático que corrompen Lutero, Locke y Kant?

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Comentarios

11 Comentarios

Francisco J Araya :

Publicado Jueves 26 de Noviembre, 2009 - 23:41 hrs

Excelente artículo, en hacernos creer lo que en el fondo, no es. Existe un juicio de valor, en asignar que la derecha, o la UDI, o Piñera e incluso Pinochet están (o estuvieron en su momento), por restaurar la “desigualdad jerárquica feudal”.

Obviamente, hay interés en atribuir a Piñera (seguramente por su comentario en la franja de “que si todos las personas fueran iguales sería una lata”), cierta simpatía por buscar esta desigualdad jerárquica feudal. No es el caso, quizás algún conservador (no liberal) antiguo, que aún cree que en un paternalismo, no piense así. Ese conservador, es mucho más problable que crea en un estado paternalista, que en una estructura social de desigualdad (para no agregar el adjetivo “feudal”).
Si uno lee, las citas a Hayek, a Thatcher y a Guzmán (salvo 1962 hace 47 años !!cuande era adolescente), todas se basan en una observación de la realidad, y no en un anhelo utópico.
La “igualdad” que aparece legitimada en esta columna como deseable, no es sino, un excelente argumento teórico para engatusar a un electorado ingenuo, tal como lo hacían los señores feudales (que eran equivalentes al estado paternalista más que un patrón).
Por lo tanto, Desigualdad feudal = Estado grande, poderoso, paternalista que busca la igualdad, hacia abajo.

Libertad individual, nivelación de los estratos más pobres con políticas públicas responsables y bien administradas con un estado pequeños y especializado en esto, y no en otras cosas , = Sistema de Economía Libre responsable.

Mario Abbagliati :

Publicado Lunes 23 de Noviembre, 2009 - 03:58 hrs

Sr. Cristi,

Cuando Hayek habla de desigualdad no habla de volver a un orden jerárquico medieval, si no de que “los lujos de hoy son las necesidades del mañana.”

Los Fundamentos de la Libertad (Unión Editorial, 7ª edición), Capítulo III Progreso y sentido común, 3er epígrafe (Progreso y desigualdad), Página 71.

Héctor Díaz :

Publicado Jueves 17 de Septiembre, 2009 - 00:38 hrs

Buenísimo el aporte del sr. Escandón!

alex montero :

Publicado Domingo 13 de Septiembre, 2009 - 23:16 hrs

Hola

Me parece interesante la reflexion del autor, debido a que refleja lo que realmente es la udi , un partido clasista, que ha utilizado el discurso de la ayuda a los pobres con el objetivo de lograr sus objetivos partidistas , y sus contradicciones vitales se ven reflejadas en la votaciones de sus parlamentarios que han rechazado , proyectos que favorecen en forma real y concreta a lo sectores mas desprotegidos del pais .

Claudia Heiss :

Publicado Viernes 11 de Septiembre, 2009 - 18:48 hrs

Espectacular la columna del Prof. Cristi. Fundamenta con citas casi inverosímiles y con datos históricos lo que suele ser una intuición respecto al legado de Jaime Guzmán y su vigencia en la UDI y en la derecha chilena.

Juan Green Venners :

Publicado Viernes 11 de Septiembre, 2009 - 13:19 hrs

Excelente columna. No sabia lo del acapite 27 de la Declaracion de la UDI; tampoco las palabras de J. Guzman celebrando la venida de Stahremberg. Todo esto es preocupante.

Pablo Cristi Worm :

URL: http://www.ideaspublicas.cl
Publicado Jueves 10 de Septiembre, 2009 - 17:19 hrs

Al hablar de desigualdad social hay un problema de fondo que muchas veces se asume, pero que distorsiona todo el debate. No podemos hablar de “redistribución” del ingreso, ya que si lo hacemos, estamos asumiendo que existe un ente superior a los individuos, con poder suficiente para manejar sus conductas y dirigir su vida. Debemos hablar de “dispersión” de las riquezas, ya que de esta forma nos remitimos al orden natural del mercado, que ningún individuo domina o controla.

Desde los inicios del Estado, incluso antes del liberalismo, ya existía el mercado y este era visto como un lugar de justicia. Para el siglo XVI había una “policía” encargada vigilar el mercado, y que los precios fueran justos en el sentido de satisfacer a los consumidores y los vendedores.

Por ejemplo, cuando hablamos de sueldo ético, claramente estamos distorsionando los equilibrios del mercado. Ya que estamos asumiendo que debe haber un ente superior a los individuos y su capacidades de producir riquezas que regule y redistribuya estas. Por el contrario, la dispersión de la riqueza sólo se refiere a aquellos individuos que tiene la capacidad de producir riquezas y la cantidad de ésta.

Ahora bien, de lo que sí debe preocuparse el Estado es de asegurar una igualdad de oportunidades para evitar grandes desigualdades en la dispersión de la riqueza. Pero cuando se preocupa de fijar un sueldo ético, lo único que va a producir es mayor cesantía, y por ende mayor desigualdad.

En el trasfondo de la discusión se encuentra la capacidad de los individuos para auto-gestionar su vida, para superarse, y su capacidad de tomar decisiones y hacerse responsable por sus consecuencias. Cuando permitimos que el Estado nos imponga normas que buscan dirigir nuestra conducta, les estamos quitando estas capacidades a los individuos y estamos asumiendo que el Estado debe pensar y actuar por nosotros. La única forma de lograr esta meta, es a través de la educación. Y no puede ser de otra forma, si fueron los liberales quienes comenzaron a impulsar la masificación de la educación a la población.

Guillermo Guerrero Rodríeguez :

Publicado Jueves 10 de Septiembre, 2009 - 15:17 hrs

Cada uno de los seres vivientes son un intento de adaptación de la naturaleza al medio ambiente, somos réplicas con variaciones.

Obviamente no somos iguales y todo intento de igualitarismo tipo tabla rasa o negación de la esperanza que reside en cada célula de la diversidad va contra la naturaleza, esta naturaleza en la que no has tocado vivir y conduce a matanzas apolacípticos.

Yo no sé si J. Guzman y la UDI son partícipes de alguna ideología medioevales, grandes dudas me caben de tan peregrina afirmación, pero lo que sí sé que Von Hayek no lo era, ni menos de una sociedad estratificada por siempre jamás.

El fundamento de toda la idea de Von Hayek del orden social es el Orden Espontáneo, o sea la idea de que el orden social es el RESULTADO de la libre y no voluntarista interacción de los individuos, de allí emergen las reglas seleccionadas como las mejores así naturalmente. En ese orden complejo, que nos trasciende, navegamos. Hay que recordar que Darwin se inspiró en esas ideas liberales en su teoría evolucionista de la especies.

Por otra parte reitero que debería abandonar la palabreja “neoliberal” que nada significa ya que todo significa, Van Hayek jamás reconoció esa palabra que no pasa de ser un abuso más de lo que él mismo llamó envenenado lenguaje.

El intento de puesta en práctica de las ideas de Von Hayek entre otros liberales produjo en Chile una explosión que llevó a este país a ser envidiado. UD trata de demostrar que tal empresa la llevaron adelante Ricardo Corazón León y algunos magos, yo creo que se equivoca. Los resultados hablan por sí solos y es lo único que finalmente cuenta

Javier :

Publicado Jueves 10 de Septiembre, 2009 - 14:53 hrs

Creo que el autor tiene un serio problema con el significado de las palabras que usa. “Igualdad material” no es lo mismo que “igualdad de oportunidades”, pero consistentemente usa el término sin especificar a que se refiere.

“…El liberalismo clásico afirma la libertad, pero a la vez la igualdad.”, material? si esa era la intención, está equivocado. El hombre tiene derecho a la libertad, y por eso tiene derecho también a la desigualdad, a sobresalir, a buscar su felicidad del modo que mejor le parezca.

La doctrina de la UDI no se enmarca 100% en el liberalismo clásico por eso mismo, el espíritu social del partido obliga a un rol del estado que garantice oportunidades igualitarias básicas. Por eso su éxito entre los pobres y por eso la falta de representatividad que los liberales y neoliberales en Chile. Eso también la hace propensa al populismo.

De todas formas, el artículo peca de otra falta: No todos los pobres son socialistas. El éxito de la UDI entre ellos es producto de que la igualdad de oportunidades permite sobresalir y “desigualarse” por el esfuerzo egoista propio, idea que el socialismo rechaza.

Si tengo que meter mi opinión personal, el que los pobres sean socialistas es básicamente el motor de la desigualdad y la perpetuación de la pobreza en Chile. Cuando la UDI (no hay otro partido que lo pueda hacer mejor hoy) logre permear las capas más pobres de la sociedad, el camino hacia la superación de la pobreza estará pavimentado, porque habrá puesto una luz de esperanza al final del túnel en que el socialismo tiene metido a los más pobres.

Arturo Escandón Godoy:

Publicado Viernes 4 de Septiembre, 2009 - 02:42 hrs

Al final, asumir la posición de Hayek, de Guzmán o de la UDI, si nos atenemos al vínculo trazado por Cristi, implica un recorte importante de libertades, pues la libertad solo puede establecerse en el cumplimiento de la responsabilidad. En este caso, la responsabilidad social. Este artículo reafirma la gran contradicción del catolicismo, que no del cristianismo. Si es por profesar alguna forma de cristianismo, prefiero el luteranismo. Y lo más curioso es que la “decadencia” es mucho más manifiesta en las naciones católicas, no en aquellas protestantes. ¿No es acaso la falta de solución a la desigualdad social en Chile la causa de los males que corrompen al país, como la creciente delincuencia, el narcotráfico y la falta de seguridad? Conviven dos países, uno en la ley y otro que busca salirse de ella porque la inversión en el de la ley no da réditos, ni a corto ni a largo plazo. Estos males ya no pueden seguir siendo presentados como parásitos, marginales al sistema, sino propios del mismo. Al final, el Chile en la ley (el sujeto oligárquico histórico) se ve atacado por el Chile fuera de la ley (por el sujeto social histórico), con lo cual se recortan las libertades.

Pablo Pérez Arias :

Publicado Jueves 3 de Septiembre, 2009 - 20:23 hrs

Excelente artículo, mis felicitaciones al autor.

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