Por Fernando Chomali
Fundación Astoreca
12 Ago 09
Pensar que los graves problemas que nos aquejan en materia de educación se van a solucionar con mayor participación del Estado o sólo con más dinero es un error.
A propósito de las propuestas programáticas en materia de educación de los candidatos a la presidencia, quisiera contar una historia real en materia de educación que puede ser muy inspiradora. Cuando falleció en 1989 Marcelo Astoreca, joven ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a los 34 años de edad, un grupo de amigos decidió crear una fundación con su nombre y en su memoria, dedicada a la educación. Así, en 1990 se concretó el primer colegio en el sector más pobre de Renca, cuyo nombre es San Joaquín.
He ido de visita un par de veces y me llama la atención su sencillez pero, sobre todo, su limpieza, su orden y el grato ambiente que se respira en su interior. Visité una sala justo antes de que un curso saliera de clases y no había un papel en el suelo. Me reuní con los miembros del directorio y me contaron que se reúnen todos los martes en el colegio y que suelen ser asiduos a las reuniones. Son personas altamente motivadas, que van evaluando la marcha semana a semana y no sólo desde el punto académico, sino que también en lo que se refiere a los valores morales que se entregan a los niños junto a una sólida formación espiritual. El colegio es querido en el sector. En las fechas en que la violencia asoma en los barrios más pobres, al colegio no lo tocan; y ello, porque los vecinos, los padres y apoderados ven allí un valor inestimable, fruto de la motivación de estas personas que tomaron la decisión de hacer las cosas bien. Este colegio es gratuito. Sólo recibe del Estado la subvención de 1,8 UF por alumno y ellos buscan padrinos para redondear las 3,2 UF por estudiante; es decir, aproximadamente 64.000 pesos mensuales. Los alumnos provienen todos de familias muy pobres, de las cuales más de la mitad tiene ingresos inferiores a 200.000 pesos mensuales. Sólo el 1,2% de las familias tiene ingresos superiores a 500.000 pesos mensuales. Además, buscan financiamiento amparados por la ley de donaciones.
Este colegio, si hay algo en particular que puede entregar, son buenas noticias. Un botón de muestra: el año 1998 los resultados promedio del SIMCE de 2° Medio fue de 272 puntos, cuando la media del país era de 248 y la de los particulares pagados, de 306 puntos. Hoy, el SIMCE del mismo nivel es de 331; el promedio nacional, de 253 y el de los particulares pagados, de 315.
Conclusión: la motivación, el esfuerzo y el querer hacer las cosas bien son factores decisivos a la hora de obtener buenos resultados. Para ello se requieren, en primer lugar, personas altamente motivadas que dediquen tiempo, inteligencia y talento. Pensar que los graves problemas que nos aquejan en materia de educación se van a solucionar con mayor participación del Estado o sólo con más dinero es un error. Hoy, la Fundación Astoreca se ha hecho cargo de un segundo colegio en Lampa y se está preparando para un tercero, los que seguro que en el mediano plazo obtendrán los mismos resultados que el primogénito.
Esta experiencia la han querido compartir y para ello tomaron la iniciativa de crear el portal www.educandojuntos.cl, donde se comparten aquellas experiencias educativas exitosas ya probadas por algunas de las instituciones que la componen. Participan fundaciones de distintas procedencias, así como otras de la altura de la Sociedad de Instrucción Primaria. Da gusto ver cómo esta iniciativa está diciendo que lo que se tiene es para compartirlo pensando ante todo en el bien común y –de modo especial– en los educandos, que son la razón de ser de toda institución de enseñanza. Además, como si eso fuera poco, crearon en 2002 Astoreca Capacitaciones, que les permite transmitir la experiencia de la fundación a través de la capacitación a profesores de diferentes colegios de sectores de escasos recursos y que incluye un año de seguimiento y supervisión en la sala de clases, de manera de evaluar qué está pasando allí. Los resultados no se han hecho esperar: en 7 años han capacitado a más de 1.200 profesores y alrededor de 170 salas han sido supervisadas y asesoradas por el equipo. Así, a la motivación se suma un compromiso real de tiempo y evaluaciones; las cuales, lejos de ser una amenaza, constituyen un factor clave para tomar las decisiones adecuadas.
¿Dónde están los egresados? No se extrañen, pero ese colegio enclavado en uno de los sectores más pobres de la ciudad da cátedra en materia de PSU. En efecto: de los egresados del Colegio San Joaquín, el 64% ha ingresado a instituciones de estudios superiores. En la última medición, el 90% sigue en éstas y el resto está trabajando.
De este ejemplo podemos sacar muchas conclusiones. La primera es que la motivación sincera por un mundo mejor y el querer ayudar sin protagonismos y con constancia a sacar a los jóvenes de la pobreza son vías para superar los problemas de educación que tenemos en Chile. En segundo lugar, que quienes han tenido más oportunidades en la vida tienen una responsabilidad ineludible respecto de los más vulnerables. Este directorio asumió esa responsabilidad y los frutos están a la vista. En tercer lugar, los resultados escolares dependen en gran medida de lo que pasa en la sala de clases. Es allí donde se da el salto cualitativo a la hora de preparar intelectualmente a los jóvenes. Por último, es impensable una educación integral que no tenga presente en el corazón del proyecto formativo la dimensión espiritual y moral de los jóvenes, lo que lleva de la mano las virtudes del respeto, la disciplina, el orden. Cuánta razón tiene Benedicto XVI cuando plantea que “el amor es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz”. Por último, si tiene por ahí “una platita guardada”, no dude en hacérsela llegar a la Fundación Astoreca. Lejos, la inversión con la más alta rentabilidad: superar efectivamente la pobreza.