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Por Fernando Chomali
De dulce y de agraz

26 Ene 10


La vida tiene de dulce y de agraz, el bien y el mal pululan en conjunto en medio de la historia.


Mientras muchas madres en Haití buscan desesperadamente a sus hijos en medio de los escombros del dolor y del espanto, una mujer en Santiago de Chile es condenada a cadena perpetua por matar a martillazos a uno de sus hijos y dejar al otro gravemente herido.

Mientras muchos jóvenes se encuentran durante el verano realizando misiones en trabajos voluntarios, en servicios sociales, un joven se debate entre la vida y la muerte fruto de una brutal golpiza
que le dan sus propios compañeros en el llamado, pero absurdo, “rito de totemización”.

Mientras cientos de médicos se movilizan a Haití para sanar, curar y consolar a las víctimas del terremoto que los azotara, dando esperanza y honrando su profesión con escasos medios a mano, otros la
deshonran procurando abortos y practicando la eutanasia en elegantes clínicas de países altamente desarrollados económicamente.

Mientras en Chile damos ejemplo de responsabilidad cívica en las recientes elecciones, en Haití la frágil estructura política es incapaz de hacerse cargo del drama que lo aqueja.

Mientras presenciamos en muchas partes del mundo guerras fratricidas, vemos con orgullo a un importante contingente militar y de la policía chilena y de otras naciones procurando seguridad y ayuda a un martirizado y dolido Haití.

Mientras miles de sacerdotes consuelan a su pueblo con la buena noticia del Evangelio y lloran a su arzobispo que murió en medio de las ruinas, en Chile un sacerdote está preso acusado de graves delitos en contra de menores.

Mientras algunos se preparan para abandonar sus responsabilidades de gobierno, otros, llenos de entusiasmo, se preparan para asumirlas.

La vida tiene de dulce y de agraz, el bien y el mal pululan en conjunto en medio de la historia, el trigo y la cizaña crecen juntos. Podemos ver signos de grandeza en el hombre y de pequeñez al mismo
tiempo. De amor y de odio, de egoísmo y de solidaridad. Un gran signo de madurez es reconocer este hecho, asumirlo y, sobre todo, plantearse frente a él cara a cara. Muchos, frente a todos estos hechos llenos de contrastes, se preguntan por el sentido de la vida. Otros, de manera inconducente, viven quejándose. Más de alguno ha cantado que “el mundo fue y será una porquería”. Otros niegan todo lo que no les gusta, tomando frente a la vida una postura ingenua y mucha veces cobarde. Se aíslan de todo lo que les produce dolor o los cuestiona.

Lo que sí está claro es que el hombre es un misterio, así como nuestra propia existencia; nos sobrepasa absolutamente y sobre ella es muy poco lo que fruto de nuestra inteligencia podemos decir y
que nos deje plenamente conformes. Pascal afirmaba que “el hombre supera infinitamente al hombre” y, a propósito de esta realidad tan llena de contrates, decía: “¡qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, débil gusano de la tierra, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y desecho del universo”.

¿Quién desenredará este embrollo? La verdad es que frente a la realidad lo que cabe y corresponde es una actitud de mucha humildad frente a nuestra propia existencia y a los hechos y, sobre todo, mucho realismo. Pascal lo dice con otras palabras: “conoce, por tanto, soberbio, qué paradoja eres para ti mismo”.

Esta paradoja nos hace vivir al mismo tiempo en lo infinitamente grande y en lo infinitamente pequeño,
en la miseria y en la grandeza, pero sobre todo en la constante búsqueda de una respuesta que clame
nuestra sed de verdad, de belleza y sobre todo de infinito inscrito en el corazón de cada ser humano.
Tengo muchas razones para ser católico y consagrarme a la Iglesia de por vida. Pero lejos, la más relevante, la más central y desde la cual se articulan todas las demás, es la persona de Cristo. En él podemos comprender el mal de que es capaz el hombre en toda su forma y en toda su intensidad, mirándolo a él en la pasión, en la muerte en la cruz. El padeció con nosotros, comprendemos la maldad del hombre y el amor y la entrega de Dios. A Jesucristo no le hablaron de nuestra miseria, El la vivió, la hizo propia. Pero al mismo tiempo, y lo más relevante, es que junto a la ignominia de la que fue objeto aparece la esperanza y la luz.

A decir verdad, plantear la religión como un hecho sociológico no alcanza a penetrar en toda su intensidad la experiencia de salvación que brota no ya del mismo hombre, sino que de Dios, que
desborda al hombre infinitamente y lo abre a la fe en El.

Desde esta lucha entre el bien y el mal hemos de plantearnos nuestra propia vida… y optar. Esa es la gran pregunta, es allí dónde se juega toda nuestra existencia y de allí que el cristianismo, desde la
experiencia de Dios que da la vida y vence el mal, se abre a un modo de vida, a una ética, que consiste en amar al prójimo y a sí mismo fruto del amor de Dios, experimentado desde la Cruz de Cristo.

Ningún proyecto político que pretenda una auténtica solidaridad entre sus ciudadanos, si quiere que sea realmente efectiva, ha de apelar a la fraternidad entre los hombres a la luz de la paternidad
de Dios. Ello nos debe llevar a luchar con ahínco a que no sólo nos digamos hermanos sino que también lo parezcamos. Y ello se actualiza solamente siendo solidarios e infinitamente generosos. Sólo así
todos los sufrientes de este mundo dejarán de ser noticia de algunos días para convertirse en el centro y la razón de ser de la existencia de cada uno de nosotros.

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Comentarios

3 Comentarios

Edgardo Figueroa :

Publicado Sabado 16 de Octubre, 2010 - 03:41 hrs

Estimado Monseñor:

Leí con mucho interés este artículo “De dulce y de agraz”. Sus ejemplos me parecen muy claros. Lo más importante sí, es que por diversas causas y muy largo de explicar (quizás alguna vez sea posible compartirlo con usted), llegué a meditar los principios del “Kibalión¨ que dice “Lo que es arriba es abajo”. Estos principios que nacen en el antiguo Egipto (3.000 ó 4.ooo años A.C.). Me llama mucho la atención que usted en la forma que lo narra, es igual que éste principio.
Monseñor, por favor, digame. Usted sabe de éste principio. Es a ésto a lo que usted se refiere con su enfoque?. y otra pregunata. ¿Porqué la Iglesia, estos principios no lo da a conocer a sus fieles?. Yo con mucho amor y admiración por nuestros Sacerdores e Iglesia en General, me gustaría recibir enseñanza de ustedes en éstos grandes conceptos.
Estimado Don Fernando, por favor, espero sus comentarios.
Reciba mi admiración y respeto a usted y todos nuestro Obispos. Con mucho cariño:
Edgardo Figueroa G.
Un miembro más de nuestra Iglesia Católica.

rita castro :

Publicado Martes 23 de Febrero, 2010 - 00:19 hrs

O HOMEM É A MEDIDA DO PROPRIO HOMEM,SENDO ASIM PRECISAMOS MELHORARMOS O NOSSO CONHECIMENTO SOBRE COMO AGIR, POIS AMANHA SERÁ TARDE DEMAIS.

patricio :

Publicado Miercoles 17 de Febrero, 2010 - 00:37 hrs

En una parabola decía jesus
que”no hay peor ciego que el que no quere ver”

Un sacerdote , de la ciudad de puerto montt
una mañana en que hacía su santa misa
les decía , a unos turistas de UN transatlantico
y que estaban de paso por nuestra ciudad

y a nosotros los otros

“NO HAY PEOR MUDO ,
QUE EL QUE NO QUERE DECIR LAS COSAS A TIEMPO”

y ese a sido el gran pecado de
de nuestros sacerdotes
que nunca ALSARON SU VOZ ANTE EL DIVORCIO
ANTE LA VIOLENCIA Y SEXO EN LA TELEVISIÓN
ante el matrimonio entre HOMBRES

fueron , sujetos PASIVOS
SOLO , FIGURAS DECORATIVAS

” QUE EL EJEMPLO ,
DE ESE MODESTO SERVIDOR DE UNA IGLESIA DEL SUR
LES SIRVA DE MAXIMA DE VIDA , A MUCHOS SACERDOTES”

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