Por Guillermo Tagle
Dólar de la discordia: un problema estructural
25 Nov 09
Para sobrevivir a la volatilidad es relevante mantener baja la exposición a activos monetarios en moneda extranjera, cerrar los riesgos cambiarios y diversificar monedas en los contratos.
Hace pocos meses, tal vez semanas, en todo el planeta se empezó a sentir que el fin de la crisis financiera mundial estaba cerca. Luego de que el crecimiento del tercer trimestre en Estados Unidos mostrara cifras positivas respecto del trimestre anterior, los principales analistas del mundo declararon que la recesión había formalmente terminado. Las cifras de actividad publicadas en Chile también indican que la recesión concluyó. Sin embargo, la fuerte depreciación registrada por el dólar en los últimos días es una indicación relevante de que las consecuencias de esta turbulencia todavía no quedan atrás. Cuando el dólar cae, cuando se altera significativamente el valor relativo de las monedas, se afecta al equilibrio y se producen fuertes transferencias de riqueza.
Cuando el dólar empieza a caer, surgen de inmediato voces que claman respaldo, intervención y protección del Estado. Ayuda concreta, con medidas financieras que permitan mantener el tipo de cambio más alto, con mayor productividad, empleo y mejores resultados para todos los que viven de la venta de productos al exterior.
Efectivamente, un país que no exporta no puede sobrevivir en un sistema de economía global. La teoría de las ventajas comparativas establece que tanto los países como las empresas y las personas deben buscar dónde competir con alguna ventaja sostenible, que permita destacarse, crecer y ganar un espacio en el mercado internacional. Sin embargo, su aplicación requiere de un mínimo de estabilidad en el tipo de cambio, para que el análisis de oportunidades sea válido. El valor relativo de una moneda respecto del resto del mundo es un factor que puede generar ventajas comparativas sostenibles sólo en la medida en que una determinada relación de valor sea sostenible en un plazo razonablemente largo. Por ejemplo, China ha logrado convertirse en una potencia manufacturera para el mundo en base a al menos tres ventajas comparativas: el tamaño de su población, que provee toda la mano de obra que se pueda necesitar; la cultura disciplinada de su pueblo, que le permite trabajar por largas horas en procesos productivos de gran escala; y una relación de cambio de su moneda que por muchos años se mantuvo especialmente depreciada respecto del dólar, gracias a una política permanente de ahorro público y acumulación de reservas denominadas en dólares. El éxito de la economía china no hubiese sido posible sin la coexistencia, y por largos años, de estas tres ventajas.
La solución al problema cambiario en Chile no es fácil; especialmente, porque su origen no es local. La crisis financiera y la recesión internacional han manifestado signos de amainar, en gran parte producto de la inyección masiva de dólares que, especialmente Estados Unidos y el mundo desarrollado, han debido hacer para evitar el colapso del sistema financiero. El mundo entero se había acostumbrado a funcionar usando el dólar como moneda de referencia internacional. La unidad monetaria “dólar” tiene (o tenía) un valor intrínseco que se fundamenta(ba) en la estabilidad y en la fortaleza de su emisor, la principal economía del planeta.
Lamentablemente, la crisis financiera internacional provocó en Estados Unidos la necesidad de multiplicar e inundar los mercados financieros con su propia moneda; la necesidad de endeudarse con el resto del mundo en magnitudes tales que –sin una depreciación masiva de la propia moneda– serían varias generaciones las que tendrían que trabajar y ahorrar para pagar lo que corresponde.
Por ello, en este escenario no sorprende el deterioro que empezamos a observar en el dólar. Es consistente con esto que los precios del cobre, de los commodities y también de las acciones, empiecen a subir. En un ambiente de esta naturaleza, el refugio está normalmente en activos reales, con precios protegidos de la inflación, que podrían venir una vez que se estabilicen los flujos y la actividad en los mercados financieros. El dilema en la coyuntura actual es cómo salvarse de las consecuencias negativas que puedan surgir durante el período de volatilidad, hasta que las monedas encuentren su nuevo equilibrio, post-crisis global. Los exportadores, que venden bienes en forma diversificada a distintos mercados del mundo, en teoría deberían estar protegidos si producen bienes que mantienen su valor relativo real. El problema radica principalmente en el hecho de que la mayoría de los contratos y el comercio internacional se realizan actualmente en dólares y es probable que, a pesar de todo lo anterior, siga ocurriendo así mientras no surja una alternativa que adquiera credibilidad y reconocimiento global.
Para sobrevivir al período de volatilidad, la única protección relevante será mantener baja la exposición a activos monetarios en moneda extranjera (acciones, commodities y bienes que no son monetarios, son reales); tratar de cerrar los riesgos cambiarios lo más rápido posible; diversificar las monedas en las cuales se negocian contratos de exportación de mediano plazo y rogar para que la solución definitiva a la crisis financiera, por la que aún no terminamos de pasar, permita recuperar pronto la necesaria estabilidad que nos permita destacar con las ventajas comparativas de largo plazo que han hecho de Chile una gran nación.