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Por José Manuel Silva
Cuando China despertó

30 Sep 09


La irrupción de este coloso, que acaba de desplazar a Alemania y se apresta a hacer lo mismo con Japón, abre interrogantes cuyas respuestas marcarán el devenir del planeta.

En 1973, el diplomático y ex ministro francés Alain Peyrefitte escribió un libro titulado Cuando China despierte… el mundo temblará. El título habría sido una frase planteada por Napoleón a comienzos del siglo XIX. Treinta años después, la frase es una realidad. Si hay un cambio histórico que se derivará de la actual crisis económica mundial es que ella marcará el antes y el después del rol de China como superpotencia global.

Es cierto que el boom económico que precedió a la crisis se caracterizó por lo que podríamos llamar el debut en sociedad de China. El alza en los precios de las materias primas, y en especial del petróleo, el cobre y los fertilizantes, fue fundamentalmente explicado por el auge de la demanda china. Por ello, la masa de consumidores del mundo entero tomó conciencia de que un nuevo gigante económico estaba emergiendo y que ese gigante no sólo influía en ofrecer ropa y artículos electrónicos a bajo costo, sino que en adelante también gravitaría en el costo de vida de la gente, en las tasas de interés de sus préstamos hipotecarios (vía el súper ahorro chino) o en la supervivencia de su empleo (una maldición para los que compiten con China, una bendición para sus proveedores).

Ahora bien, este auge chino se daba en un contexto de crecimiento global y de gran expansión en la gran potencia mundial que es Estados Unidos. Por el contrario, el colapso en la industria financiera norteamericana, la implosión inmobiliaria de dicho país y la puesta en cuestión de la idoneidad profesional de numerosas agencias gubernamentales estadounidenses han contrastado con la velocidad de respuesta de las autoridades chinas. Estas, al darse cuenta de la magnitud del colapso económico durante el último trimestre de 2008, deshicieron todas aquellas medidas que habían puesto en marcha para frenar la economía hacia mediados de 2007. En especial, las restricciones a los créditos y a la inversión en infraestructura. El paquete fiscal chino estabilizó las expectativas económicas en su país y le puso un piso a la caída en los precios de las materias primas. Al hacer esto puso un piso también a la caída en las bolsas de mercados emergentes; en especial, aquellas más relacionadas con materias primas (Brasil, Rusia, Chile, Perú).

Pero las autoridades chinas no se han contentado con esto. Han pasado a una ofensiva inusual en ellas. Primero, han manifestado una inquietud sobre la moneda de reserva del mundo: el dólar, y han señalado que verían con malos ojos que Estados Unidos desvalorizara su divisa vía inflación para salir de la crisis. De esta manera, le han recordado que son su principal acreedor y que sus casi 2 trillones (12 ceros) de dólares en reservas internacionales les dan algún derecho a opinar sobre temas de política monetaria norteamericana. Hasta sugirieron que el mundo debería considerar la creación de una nueva moneda de reserva basada en los derechos especiales de giro del FMI.

En paralelo, han lanzado varias ofensivas geopolíticas. Desde hostigar a un teórico barco espía norteamericano, hasta permitir la inversión en una telefónica taiwanesa por parte de China Mobile, la mayor telefónica de la potencia asiática. De pasada, esto provocó la mayor alza en la bolsa taiwanesa en mucho tiempo, mostrando que los capitalistas isleños no ven con malos ojos una relación más estrecha con sus primos “comunistas” del otro lado del estrecho.

Finalmente, China está suavemente desplegando sus enormes reservas financieras, adquiriendo empresas y proyectos de materias primas en todo el mundo. En países asfixiados por el apretón crediticio global, los dólares chinos son recibidos con alfombra roja. En Africa ya se habla de un nuevo tipo de colonialismo: la empresa petrolera china CNOOC ha logrado tomar control del 28% de las áreas de exploración de Kenya; otra petrolera, Sunpec, ha obtenido licencias en Madagascar, Uganda y Etiopía. En numerosos países africanos, China ha estado construyendo represas, caminos u otras obras de infraestructura a cambio de derechos de exploración. Africa del Sur es la nación con la mayor población de chinos expatriados (más de 200.000) que ayudan al desarrollo local. En Nigeria, los chinos están construyendo el ferrocarril Lagos-Kano y una planta de hidroelectricidad de 2.600 MW que triplicará la oferta eléctrica. En Argelia están construyendo una autopista de más de 500 km y en Camerún han montado todos los estadios, la infraestructura de agua potable y hospitales.

Muy pronto China pasará a Japón como la segunda economía del planeta (acaba de pasar a Alemania como la tercera). En muchos mercados ya es un elefante en una cristalería. La marcha de la economía mundial dependerá cada vez más de que el elefante no rompa la cristalería, lo que conlleva responder una serie de interrogantes: ¿podrá China despertar su consumo doméstico y absorber internamente una parte creciente de su gran flujo de ahorro? ¿Cómo reaccionará el mundo desarrollado frente a una nueva potencia industrial cuyo ascenso forzosamente implica bajar el nivel de vida de ciertos sectores de su población? ¿Cómo responderán los consumidores de materias primas frente a un dragón que devora todo y mantiene los precios en las nubes? ¿Cómo seguirá el proceso de reformas estructurales chinas iniciadas en 1979, sobre todo cuando entremos a reformas que arriesguen el monopolio del partido? ¿Cómo lograrán equilibrar alto crecimiento con protección al medio ambiente? De estas preguntas saldrán los cursos que tomarán la economía y la sociedad global en las próximas décadas.

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Comentarios

Un comentario

Rafael :

Publicado Viernes 2 de Octubre, 2009 - 02:10 hrs

El destino del Partido Comunista Chino sera muy diferente al de la ex U. Sovietica, especialmente por el enorme poder economico y politico que subyace en la nacion y su Estado. Lo que los chinos logren en su avance economico y social no sera al margen del Partido Comunista. Su poder sera muy superior al que los partidos occidentales consiguen mientras estan en el poder de sus respectivas naciones, todo lo cual debe ser multiplicado por su enorme poblacion, su incontrastable industria y la silenciosa expansion economica y financiera a traves del mundo. Creo que su influencia en las economias emergentes y subdesarrolladas las obligara a cambiar sus habitos prooccidentales y en menos de 20 años tendremos un mundo totalmente diferente al actual. Para mejor? Ojala.

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