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Por Guillermo Tagle
Abrid las persianas; el sol empieza a entibiar

15 Sep 09


Es probable que nuevamente, y producto de la misma realidad, con tecnología, integración y globalidad, el mundo vuelva a retomar la senda de optimismo antes de lo esperado.

on la llegada de la primavera y la proximidad del verano, muchos se empiezan a preparar para disfrutar del cambio de clima. En las casas de campo o de playa hay que abrir las persianas y dejar que entre el sol para eliminar la humedad y la oscuridad del invierno. Hay que quitar el polvo, despejar los pastos y, con las Fiestas Patrias, tendremos un primer “apronte”.

¿Algún parecido con lo que viene en el plano económico, financiero y empresarial? La imagen de los “brotes verdes” (acuñada en el mundo desarrollado para graficar la evolución de la economía global), de pastos nuevos que empiezan a crecer con la energía propia de la naturaleza con bases sólidas, es un buen concepto de lo que gradualmente se empieza a sentir en el ambiente.

El mundo ha pasado la peor tormenta financiera global que nos haya tocado vivir a un porcentaje mayoritario de la población del planeta (ya casi todos los que eran adultos en la crisis de los 30 han partido). Fue hace muy poco, justamente en la Fiestas Patrias de 2008, que vivimos tantos días de pánico tras el colapso de Lehman Brothers, ocurrido hace un año. Colgados de Internet, de las noticias, mirando el desplome bursátil, el desvanecimiento de riqueza, la explosión de volatilidad. Entre septiembre de 2008 y hasta marzo de 2009, vivimos en un suspenso vertiginoso, en el que pensamos que el mundo no volvería a la normalidad por décadas. Los vaticinios respecto de la magnitud de las pérdidas, de los trillones de dólares inyectados al sistema financiero mundial, de si el dólar perdería su poder hegemónico, de si la zona euro dejaría de existir, de cuántos bancos tendrían que desaparecer, fueron el pan de cada día, por casi seis meses.

Teniendo en cuenta la magnitud de lo que nos tocó vivir, pocos podían predecir que podríamos enfrentar un cambio de tendencia y de estado de ánimo tan pronto. En lo particular, si buscamos una explicación al alza registrada en los mercados bursátiles en lo corrido del año, especialmente entre abril y mayo, podemos concluir en que al final del primer trimestre el mundo eliminó del análisis la probabilidad de ocurrencia de un colapso financiero total. La inyección constante de liquidez sin límites que la autoridad monetaria norteamericana estuvo dispuesta a realizar está terminando por devolver la calma a los mercados. Al eliminar de los precios de los activos, el factor negativo implícito en esa probabilidad de colapso ha producido –por una vez– un incremento en los precios de las acciones que, en su mayoría, sólo pudieron aprovechar los que se mantuvieron invertidos y sufrieron el ciclo completo de caída primero y recuperación después.

Hoy, todavía se proyectan cifras bastante negativas para 2009, pero con indicios de una vuelta a la “normalidad” hacia 2010. Si al inicio de este año algún analista se hubiese atrevido a proyectar que el mundo volvería a crecer en el nivel de su promedio histórico el 2010 (con un 2,4% de crecimiento aprox.), probablemente habría sido despedido por “descriteriado”. Más difícil aún habría sido sostener que China crecería por sobre 8% en 2009 y superaría el 9,0% en 2010, o que EEUU, luego de caer en torno al 2,5% este año, ya estaría en positivo con un +2,0% en el próximo. Hay algunas señales concretas de que el mundo vuelve a la normalidad. En lo anecdótico, inspira este artículo la instalación de dos grúas gigantes que reinician la construcción de un edificio de oficinas, justo frente a la ventana de mi oficina en calle Alcántara. En lo más concreto y estadístico, el retorno a niveles de “normalidad” del índice de volatilidad (VIX); la fortaleza sostenida por los precios de los commodities como el cobre, que luego de una caída breve, retomaron rápidamente niveles que corresponden a períodos de “auge”; y la aceleración en la Producción Industrial en Asia; la fortaleza del consumo interno en China e India han sido catalizadores del cambio de ánimo de la comunidad de inversionista de Chile y el mundo.
Desde los primeros signos de ocurrencia de esta crisis financiera global, hemos enfrentado situaciones y evoluciones imprevistas. Por su virulencia, magnitud y amplitud, las consecuencias de esta crisis parecían letales e irrecuperables. El aporte de la tecnología, globalización e integración económica en que se produjo el colapso hizo que su difusión y expansión fuera más rápida y amplia de lo que nunca antes había ocurrido. Es probable que, nuevamente y producto de la misma realidad, con tecnología, integración y globalidad, el mundo vuelva a retomar la senda de optimismo antes de lo esperado. Que los rayos de sol que algo entibian el panorama permitan que broten esos primeros indicios de que el pasto quiere volver a crecer.

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