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¡Todos a gordo, digo a bordo!

Artículo correspondiente al número 216 (02 al 15 de nov 2007)


Hace un par de semanas tuve la oportunidad de viajar en el Skorpios III por la ruta Kaweskar para probar su gastronomía. 

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de viajar en el Skorpios III por la ruta Kaweskar para probar su gastronomía. Por Pilar Hurtado.

Zarpamos en este barco cómodo y acogedor, mientras veíamos los últimos jirones de Puerto Natales desvanecerse ante nuestros ojos. El Skorpios III avanzaba despacio, produciendo un shhh al enfrentar las olas, pero a ratos los movimientos eran bruscos por los vientos de más de 60 nudos. En 5 días, nos asombramos con las enormes moles de hielo glaciar, navegamos entre medio de los maravillosos fiordos del sur y, por supuesto, tomamos whisky con hielos ancestrales. Pero también comimos, ¡y mucho!

Los desayunos son enjundiosos, con mermeladas caseras y un pan exquisito, aparte de los clásicos (huevos, queques, fruta, yogurts). Tienen que ser así, puesto que luego uno debe calarse parkas y gorros para salir a las excursiones a los glaciares, la mayoría en lanchas, y calor no es precisamente lo que describe el clima.

Los almuerzos son temáticos, aunque puedo dar fe de que la centolla es una de las grandes protagonistas, travestida para cada ocasión. Hay un buffet mexicano donde unos poco ortodoxos tacos con centolla llaman la atención. Rara mezcla, pero queda bien. En el buffet italiano, pastas con salsas de carne y una de mariscos con centolla, sabrosa. A veces hacen una lasaña de centolla que a mí no me tocó. Para el almuerzo chileno, una cazuela reponedora después de un paseo por el fiordo Calvo con un frío horroroso. Probamos empanadas fritas de mariscos y de pino cocidas en horno. Ah, el chupe de centollas es sublime.

Al momento de comer, el asunto es un poco más liviano. A veces, centolla fresca con mayonesa (si fuera casera sería óptimo), pollo o carne. Estando en pleno mar, eché de menos comer más pescado, sería una sabrosa alternativa ofrecerlo. Y siempre ensaladas, distintos vinos y una atención amabilísima; al final, el mozo ya le conocía a uno todas las mañas. En suma, uno regresa del Skorpios con los ojos cargados de imágenes imborrables y ¡¡con un par de kilos más en el cuerpo!!

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