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Artículo correspondiente al número 231 (27 de junio al 10 de julio de 2008)
Maternales, sofisticadas, especiadas, enviciantes. Son cinco las preparaciones que ofrece este ya clásico restaurante-salón de té en su tercera versión de Tiempo de sopas, y con ellas logra despertar todas estas adjetivaciones. POR PAOLA DOBERTI
¿Habrá algo mejor que las sopas en invierno? Ya en el número pasado recomendamos una peruana (chupe de camarones) y una japonesa (sukiyaki). Pues se estaba imprimiendo esta revista cuando llegó el llamado de la tercera versión del Tiempo de Sopas en Le Flaubert. Partí un precioso día sábado de invierno soleado al patio-jardín interior del salón de té-restaurante de Orrego Luco. Con o sin sopas, el ambiente ahí es informal y refinado, familiar y cosmopolita, cordial y discreto; yo diría “educado”.
La carta habitual de Le Flaubert está desplegada en su clásica pizarra verde…. Inalterables el patè masion, la corvina Flaubert, el coq au vin, el pato Toulouse, el confit, el filete Robespierre… Las sopas vienen en una hoja suelta escrita con la delicadeza habitual de la dueña, Ximena Larrea, con una descripción de cada una. Lindas palabras que vuelven a la cabeza mientras se prueban y a las que necesariamente la grata sensación obliga a volver. Con “un concepto maternal” terminaba el texto de la Harira y tenía toda la razón, y volví por su historia y sus ingredientes: “Esta original sopa bien consistente, a base de cordero, de lentejas rojas y garbanzos,se consume durante el Ramadán musulmán. Ese mes del año está consagrado al ayuno y las privaciones, como la abstención de alimentos, bebida, perfumes, tabaco y relaciones sexuales… Tiene un concepto maternal”. Lo es, profunda, especiada, generosa. Y no es necesariamente la que más me gustó. De las cinco, hubo dos preferidas esa tarde: la de camembert y la de chocolate. Nada de lo que yo al menos pudiera escribir se podría acercar a la suavidad, fineza, untuosidad y equilibrio de ambas sopas-cremas. La de camembert, franca y perfecta. La de chocolate (jengibre y cardamomo), fina, compleja, de textura sedosa y consistencia perfecta. La más espectacular: la Bouillabaisse (en la foto), típica del mediterráneo francés, adaptada a nuestros ingredientes: trozos-cubos de congrio negro y colorado, y merluza, además de langostinos; choritos y almejas, todo esto, en un gustoso caldo de los propios pescados y crustáceos, realzado de tomates, azafrán, de seguro algo de vino blanco y un levantador toque cítrico. Tres tostaditas untadas con ajo acompañan el plato. Todas las presentaciones son muy cuidadas.
Si llegué a Le Flaubert contenta, salí encantada. Quiero volver un día lluvioso, y de nuevo cucharearlas todas, con Felipe al lado, claro. El Tiempo de sopas en Le Flaubert dura hasta agosto.