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Artículo correspondiente al número 272 (26 de marzo al 8 de abril de 2010)
Residencial y comercial, el barrio se mueve. A los sitios clásicos, modernos, onderos, se suman lugares informales y de buena factura. Como el recientemente estrenado Basílico. Por Paola Doberti
El eje Nueva Costanera-Alonso de Córdova es zona de restaurantes. Algunos, de “mantel largo” (Puerto Fuy, Europeo); la mayoría, de prestigio y trayectoria (Starnberg, Ox, Da Carla). Otros, un poco más informales que se han hecho su lugar como La Mar y, por supuesto, el TerraNoble. La segunda versión de un inclasifi cable, como el Osadía (tal como la personalidad de su chef, Carlo von Mühlenbrock). También el refi nado e informal Café Armani. En este diverso escenario unos se mantienen, otros se llenan. Algunos cierran como el “moderno” Mercat (humildemente pensé que prometía, hace un poco más de dos años, cuando abrió). Y la esquina que tan exitosamente ocupó el Agua en su momento hoy está transformándose, dicen, en la nueva residencia del experimental Boragó.
Hay lugares preferidos para almorzar como la concurridísima terraza de la galería Animal, con sus quiches, y ensaladas y buen café. Y por supuesto, la carta del Cilantro (con sus mesas tan bien puestas) de la galería de Patricia Ready, en Espoz con Nueva Costanera.
La novedad del barrio está dada por lugares más informales, que intentar captar la atención de las ofi cinas que se ha instalado: Mezzanotte, un ristorante, pizzería, único en su especialidad por ahora. En este “género” de cafés-bistrós el que da que hablar por estos días es el Basílico.
Llamó mi atención durante el verano con sus quitasoles en esa terraza semi escondida semi aparecida muy sobre la calle Nueva Costanera. La curiosidad me llevaba justo cuando recibí invitación de las simpáticas chicas a cargo de las comunicaciones del Basílico (deben ser las que mejor hacen esta labor de difusión). En esa oportunidad estaban también la dueña, una energética ingeniera comercial ex dueña de una extinta galería de arte vecina, y su hijo Nicolás. Oí la génesis del negocio en un relato lleno de anécdotas y entusiasmo y comí rico, compartiendo platos sugeridos por los dueños de casa. Trato en lo posible de no escribir de invitaciones así que partí al día siguiente a almorzar y corroborar las gracias del día anterior. La terraza ese día sábado tenía bastante menos gente que el viernes; el servicio, muy atento. Y la comida, de nuevo, rica, fresca, bien hecha. Me “repetí” el cebiche y quínoa, que el día anterior me había encantado por la frescura del pescado, pero al que le desconté el exceso de pimentón. Esta vez el pescado estaba menos crujiente y el pimentón, perfectamente nivelado. Rica ensalada, un risotto de champiñones París y jamón serrano, ni fu ni fa, y un sandwich de brie y pesto y pimentos asados y jamón en focaccia de aceitunas para recordar, lo mejor del lado salado del almuerzo.
El día de la invitación no alcancé a llegar al postre. Me alcanzaron a advertir que la repostería la llevaba. El dato vino de la mesa del lado, mujeres con harta opinión que habían hecho del Basílico su preferido del momento. Probamos tres de los cuatro postres que hay en lista. Un “rosadísimo” macarrón de frambuesa (que de vista no lo elegiría ni en broma) con un ganache de chocolate blanco a la menta. Dulce, rico, como para un cumpleaños de niñitas y robar una cucharada (podrían ser dos). El mejor, la tarta tibia de almendras y chocolate, y helado de miel de ulmo. Ojo, que las porciones son grandotas. En resumen, un lugar equilibrado, sin estridencias y comprometido. Que su público lo ayude a mantenerse así.

A las 8 am abre el Basílico para tomar desayuno
Dos jóvenes cocineros viñamarinos, el chef Leonardo de la Iglesia y la repostera Carolina Gatica, quienes vienen llegando de una estadía en el Ritz Carlton de Irlanda, diseñaron y ejecutan la carta del Basílico
Quinto cielo se llama un pequeño local de comida que ofrece una novedosa forma de cocina al vacío. SousVide se llama la técnica. Cebiches, patés, confit de pato, filete rellen, risotto. Un joven y trabajador Jerónimo Dougnac está a cargo de todo el negocio. Nueva Costanera 3339.