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Artículo correspondiente al número 242 (28 de noviembre al 11 de diciembre de 2008)
Si no nos creen, aventúrense a un almuerzo en el Cívico, inolvidable experiencia “ciudadana” en el nuevo restaurant del Centro Cultural La Moneda. Por Paola Doberti.
Una cosa es proponerse ir y otra muy distinta es llegar y estar en él. Se encuentra en el lugar más conocido de Santiago, frente al palacio de La Moneda, histórico centro del poder político, la sede de gobierno. A varios metros bajo la superficie, en la mitad sur del magnífico Barrio Cívico, se construyó una inmensa plaza para el encuentro y muestra de las más diversas manifestaciones de cultura. Su arquitecto, Cristián Undurraga, logró magnificencia en ese entorno exterior. En ese contexto se encuentra el Cívico, nombre que involucra todo un mundo de actividades que se congregan y que a la hora de los apetitos convergerán en él recordemos que hasta ahora un Café Torres era la oferta gastronómica del lugar). Del Cívico destacan inmediatamente su gran altura y sensación de espacio, sus líneas simples y elegantes, conceptos de responsabilidad de los arquitectos el Claudio Elfenbein y Cristián Valdés, Premio Nacional 2008 (y autor de la famosísima silla Valdés).
Nos instalamos en uno de los diners, fabuloso para generar esa intimidad que la luz de día no entrega. Rodeados de madera e iluminados por una pequeña lámpara Ptolomeo, logramos el ambiente perfecto para incluso olvidarnos de que muy cerca estaba el mismísimo Joan Manuel Serrat. Atendidos con oficio y dedicación por Luis, uno de los muchos “damnificados” del incendio del Aquí Está Coco, iniciamos nuestro recorrido por esta cocina especializada en parrilla y cocina criolla “revisitada” respaldada por la excelencia del Cuerovaca (el Cívico es hermano del muy buen restaurant del paseo El Mañío, comandado por Juan Gabler). De entrada, tres platos: los tres cebiches: tradicional, de ostiones al bloody mary y mixto con ají amarillo (muy bueno, por la frescura y sazón del primero, y la gracia y armonía de los otros dos). El pulpo al olivo con papas mortero era más bien un pulpo a la parrilla sobre un rico y rústico puré pero, luego de haber probado casi el mismo plato en La Mar, hay que decir que a éste le falta bastante. Terminamos el primer tiempo con carpaccio de wagyú, con higos confi tados, sofisticado y rico plato para adentrarse en esta carne tan “chic”, al que sin embargo le sobra dulzor. Una entretenida mezcla de influencias con algo de cocina peruana y también de la norteamericana, pero definidas con personalidad.
Nuestras papilas estaban preparadas para sabores más intensos, permanentes y rotundos. Aunque la carta ofrece pescados, pastas, incluso una versión de pulmay (para la próxima), ese día lo nuestro era la carne: bife chorizo de 300 gramos (más que suficiente) y ensalada verde, garrón de cordero estofado con polenta y queso de cabra, hongos silvestres y tomates confi tados y, como si fuera poco, la plateada de wagyú con ñoquis y salsa de queso azul que nos hizo alcanzar el cielo, las estrellas y el resto de los astros del firmamento. Nada puede reproducir con fidelidad la intensa sensación de lo que cada tenedor llevó a la boca, pero podemos acercarnos diciendo que el primero se destacó por su perfección en la parrilla y punto; el segundo, su equilibrada integración y textura al paladar y, el tercero, su intensidad, sabrosura y cremosa consistencia.
El Cívico aún no tiene permiso para vender alcohol. Rogamos a las autoridades correspondientes poner categoría de urgencia a este ítem. El Cívico necesita que se abran esas botellas.