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Artículo correspondiente al número 218 (30 de nov al 13 de dic 2007)
El Mercat es un buen aporte: pulcritud y modernidad en lo estético, una terraza interior imprescindible, y una personal y acertada propuesta gastronómica.
POR PAOLA DOBERTI

En los libros de academia de crítica gastronómica (los hay) suele partirse de la premisa que para criticar un restaurant son necesarias al menos tres visitas, tanto para dar una segunda oportunidad al que no alcanzó su 100% en la primera, tanto como para no bendecir necesariamente un primer buen desempeño que luego podría nunca más repetirse. En este negocio la consistencia es quizás la cualidad más difícil de lograr.
Cuento esto porque fui al Mercat tres veces antes de escribir este comentario. La primera, invitada a una actividad de maridaje comida-vino, donde tres destacadas enólogas chilenas describían sus vinos que luego se acompañaban de un plato de degustación que armonizaba a la perfección, ejercicio que a mi parecer resultó sabroso, acertado y alentador sobre todo después de probar un muy bien logrado magret de pato, ahí la mano de Gianfranco Vanella, socio y chef de Mercat, me impresionó.
Volví entonces al Mercat por mi cuenta, ya con ganas de saborear un buen plato. La carta ofrecía prácticamente las mismas preparaciones que habíamos degustado el día de los vinos, por lo que regresé donde se habían quedado mis apetitos y el pedido incluyó cebiche de blue marlin con sashimi de salmón y leche de tigre (delicioso, una vez más); crema de calabaza con puré de betarraga, camarones, ali oli y aceite de aceitunas negras (un delicado juego de texturas y sabores, delicioso); solomillo de ternera con polenta gratinada y aceite de chimichurri (correcto), y risotto de setas de la temporada, con jamón serrano cristalizado y lascas de buen parmesano (al dente, sabroso y algo rústico). Salí con la sensación de “qué rico que exista este lugar”.
La tercera visita fue la semana pasada, una antes de que se cambiara la carta (eso nos contó Vanella) y esta vez, claro, con la responsabilidad de esta colaboración sobre las papilas gustativas. Por supuesto, el lugar seguía siendo el mismo: cuidadísimo en su diseño, muy agradable de estar, principalmente en la terraza, tan agradable (a pesar de la escasez de iluminación, un par de velas más por mesa) que el comedor principal definitivamente es una segunda opción. Los mozos corrían pero el servicio no fluía con la misma celeridad. Al Mercat se le agradece que su propuesta gastronómica no sea excesiva ni pretenciosa (sí creativa y exigente) así como que su chef (educado gastronómicamente en España) ande por ahí constantemente con su simpatía y entusiasmo (es fundamental que el chef esté en su restaurant, sobre todo a las horas de comida). Elementos todos que hacen exigirle al Mercat excelencia en lo suyo y por supuesto constancia, las que buscaré, junto a las sopas frías prometidas en el cambio de carta, en mi cuarta visita.
Mercat, Nueva Costanera 4092, teléfono 7842840, www.mercatrestoran.cl