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Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)
Es sabido que los meses sin R son los más adecuados para comer este apreciadísimo molusco tan a la mano para nosotros. Las aguas más frías enfatizan ese intrínseco sabor marino y la textura de su carne se hace más firme. Frescas, frías, recién abiertas, incluso el limón puede no ser necesario. Algunos dicen que una pizca de pimienta les viene estupendo. El tamaño es un tema completamente subjetivo y según la calidad de la ostra. Les recomiendo un ejercicio entretenido e ilustrador: compren ostras de distintas categorías: corrientes, semi exportación, exportación; degústenlas, compárenlas. Ojalá acompañadas de un vino espumoso o un sauvignon blanc, de chispeante acidez, notas cítricas y minerales. Si además tienen a mano un tarrito de caviar negro o encuentran en el Sushi de la esquina (en el Aguaviva siempre hay) un pote de ikura, una punta de cucharada de estos huevillos encima de una vibrante ostra…. Hay una sensación nueva ahí.
Restaurantes clásicos especializados en ostras: Azócar, Squella. Dónde siempre he encontrado buenas ostras: Ostras Las Condes, Ambassador, Ostras Holanda.