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Artículo correspondiente al número 226 (18 de abr al 1 de may 2008)
Llegamos a Buenos Aires al día siguiente de levantada la huelga que tenía a la ciudad “desabastecida”. En la mitad de Palermo taquilla dos restaurantes muy trendys parecen no haberse enterado del acontecer político. Por Paola Doberti.
El Five Cool Rooms es un hotel boutique en Palermo, que tiene todo menos restaurant, por eso quizá los encargados de la recepción no tuvieron problema alguno de recomendarnos el del Bobo (más boutique todavía, para “burgueses-bohemios”). Un edificio antiguo, recuperado, con siete piezas y un espléndido restaurante atendido como debe ser. Aperitivo de la casa para partir: oporto de Malbec con jugo de pera y pomelo; grueso, rico, alegre. A los 5 minutos, crema de remolacha y aceite de rúcula, dulce, suave, untuoso, impregnador. El impacto de la sopa fría de betarraga dejó el umbral de expectativas elevadísimo. Y llegó el primer plato: mollejas sobre pan brioche con ensalada tibia de hongos y espinaca fresca, salsa vittel (con algo de pescado) y almendras tostadas. Pura armonía: el pan levemente frito, las mollejas crujientes y blandas, los hongos redondos y suaves, la espinaca fresca y crujiente, la salsa que contrarrestaba levemente el sabor untuoso de los ingredientes principales. Volvería por ese plato una y otra vez. Lo que vino después, muy bueno, magret de pato con panqueque de maíz, y relish de betarraga y nueces, y dos pastas: una de ellas obvio– con zapallo, especies y manteca, como no falta en ninguna carta “gourmet” de la capital trasandina. El servicio de sommelería, de una pulcritud casi excesiva que resultó una toda una lección de descorche con nuestro Achával Ferrer Malbec 2006.
Dos noches después estábamos en el Cluny, una antigua fábrica convertida en loft donde el comedor parece un moderno living. Exquisito lugar, con muy buena prensa por su ambiente, elegante informal, muy buena carta de vinos, buena comida, bien iluminado, terraza, bar, buen servicio, repleto todo el rato. Comimos rico y también volvería, por el risotto de ternera al syrah, hongos frescos, oliva y perejil; y por los ravioles negros de gigot de cordero con salsa de romero, ambos platos para disfrutarlos en pleno invierno, eso sí. Pero para ser bien sincera fueron la crema de betarraga y las mollejas sobre brioche lo que me traje de este viaje.
Bobo, Guatemala 4882 / Cluny, El Salvador 4618, Buenos Aires.



