Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Panoramasarrow Otro país junto al cerro

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter

Califica este artículo


0 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Panoramas
Otro país junto al cerro

Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)

El hotel Aubrey y el Pasta e Vino de Santiago son una realidad. Aunque el entorno parezca de fantasía. Por Paola Doberti

Bajando por Bellavista entro por la calle Constitución. Los locales se agolpan. Desde luego, el Patio Bellavista en pleno. Es lunes, así que el Cienfuegos y el Bar Constitución, cerrados. En la esquina, el boliche-restaurant-bar Galindo recuerda la naturaleza del barrio. Hacia la esquina, el pionero Etniko, que sigue noble. El Amorío está cerrado. Hace tiempo que no se oye hablar de él.

El destino es uno y sólo uno. Al fi nal de la calle, justo después de la vuelta de la subida de La Chascona, emerge, espléndida, una fachada con dos nombres nítidos: Hotel Aubrey y Restaurant Pasta e Vino. La sensación del Bellavista popular, ruidoso, cotidiano, se esfuma. Nos sentimos en otra ciudad, en otro país. La arquitectura de la casamansión restaurada, que ocupa el nuevo hotel boutique de Santiago, es formidable. De noche la iluminación potencia tu teatralidad. Muros altos y rectos y las paredes del cerro como soporte. Una escalera amplia nos lleva hacia la terraza primero, a través de la cual se accede al comedor que ocupa esta nueva locación del Pasta e Vino.

En el comedor predominan la sobriedad, un estilo ecléctico y elegante. Despojado. Resaltan los refi nados detalles de la arquitectura original. Las mesas negras, sin mantel, las sillas Valdés del mismo color. Una pared dorada, sendos retratos antiguos, lámparas negras pequeñas. No domina el negro, sin embargo. Un estilizado ramo de flores rojas se eleva en el mesón del bar, como intencionado foco de atención de ese ambiente de la sala.

Estamos en el Pasta e Vino, nombre Premium de la gastronomía de los últimos cinco años, que vino a dar sensación de urgencia al interés turístico-boutique por Valparaíso, ahora en su sede santiaguina.

La cara del Pasta e Vino en Santiago es Verónica Alfageme, fundadora y cocinera que aprendió el ofi cio en las Islas Canarias. Y ahí está, flaca y regia, saliendo de la cocina un par de veces durante la noche para monitorear la sala. El servicio es un poco lento y ellos lo saben. Pan casero, uno con cebolla, otro que no probé, y delgados grissini. Aceite de oliva y mantequilla. Vinos por copas y la carta de Vinos Reserva, esa promoción tan buena de la Vinoteca que permite llevarse para la casa una botella del mismo vino que se eligió para comer.

Llega la carta. Es la misma del local del Cerro Concepción. Pedimos dos entradas: almejas gratinadas al jengibre y lima (que estaban mejor que nunca) y la ensalada de jamón serrano, tomate, cebolla asada y parmesano que nos gustó mucho; sobre todo, por su equilibrada y gustosa vinagreta (Se me olvidaba: antes probamos un amuse-bouche de higo envuelto en jamón serrano sobre bruschetta de roquefort, muy rico).

De fondo, nos saltamos la lista de gnoccis (hay cuatro opciones), nos detuvimos por una pasta seca y tomamos tres raviolis. La preparación de papparedelle en tinta de calamar, salteado de frutos de mar y vino blanco: lindo en montaje y colorido y a juicio de su dueña, exquisito. Los clásicos ravioles de habas con camarones ecuatorianos y reducción de naranja, tan ricos que la comensala no los quería compartir. Los de parmesano en salsa cremosa (muy) de machas y vino blanco, concupiscentes en sabor y textura, aunque pesados. Quizás los de pato en salsa de oporto y ciruelas, el mío, fue el plato menos afortunado: la carne del relleno -abundante - estaba algo dura, con su consiguiente falta de amplitud de sabor. Las pociones son bastante generosas, así como el uso de crema en las salsas que la llevan.

De postre, crujiente de manzana con salsa de caramelo tibio y helado artesanal. No muy dulce, bien, aunque le faltó un poco de tiempo a la cocción de la fruta. Buen café y las ganas de volver al Pasta e Vino sin duda, a almorzar en la terraza mientras se mantenga este cálido otoño; a la sala, en grupo o en pareja, en fi n. Pero, sobre todo, ganas de volver al hotel, por un fi n de semana, y sentirse de viaje y subir el cerro en bicicleta y pasear por Bellavista como si estuviéramos en Palermo. En una de esas se instalan Jazmin Chebar o Paula Cahen D´Ánvers... Quién sabe, con un Aubry de por medio, cualquier up grade es posible.

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com