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Artículo correspondiente al número 241 (14 al 27 de noviembre de 2008)
El concepto del Soya del shopping La Dehesa se las juega por una propuesta de comida sana y entretenida en un ambiente moderno y kitsch. Por Paola Doberti.
Quienes hayan conocido el Soya de la calle Carmencita y el de Las Tacas reconocerán el concepto de este restaurant ahora instalado en el sector gastronómico de un muy vivo shopping La Dehesa.
Recuerdo que a la Pilar Hurtado y a mí nos sorprendió la propuesta ecléctica, sana y entretenida de este local espacioso y concurrido en el Golf, hará unos cuatro años ya. Sushi clásico y “creativo”, sopas, ensaladas y sandwiches siguen siendo los pilares de la propuesta Soya, hoy en un espacio mucho más llamativo en su diseño interior –kitsch y ecléctico– y con una terraza sencilla y cómoda que lo precede.
Probamos varias cosas (fui dos veces en cinco días: la primera invitada, la segunda a verificar por mi cuenta). Y la conclusión es positiva: comí casi igual de bien la segunda que la primera. Uno de los dueños –empresario, músico y comprometido– está siempre, buena señal.
Partimos por el sushi, a sugerencia de nuestros anfitriones: dos Soya Rolls; uno, de camarón y mango envuelto en salmón macerado a las especies y cáscara de limón, cocinado a la llama con salsa soya y merquén, más llamativo en buscar los ingredientes descritos que en su sabor propiamente tal. El otro, más salmón, con queso crema y cebollín, envuelto en masa philo, aderezado con salsa de tinta de calamar; me encantan el calamar y su tinta, y si bien los rolls “innovadores” no son mi fuerte, este me gustó y harto.
Luego vinieron las sopas, a mi parecer el gran aporte del Soya, desde sus inicios. Recuerdo haber probado en ese entonces la de aceitunas, de la cual todavía tengo la gruesa consistencia y el sabor profundo de buenas y frescas olivas en mi memoria gustativa. Esta vez elegimos la de puerro y manzana, fresca y atravesada por esa nota ácida de la manzana verde. Rica, moderna, veraniega. Y la de garbanzos, nítida en su sabor y excesivamente ligera en su consistencia, según la opinión de la inspirada y certera cronista gastronómica Pilar Hurtado (sí, cuatro años después coincidimos –¿existen las coincidencias?– en este nuevo Soya).
Las ensaladas también son un punto fuerte, especialmente la de jamón serrano, camembert y frutillas y la de atún –que habla muy bien del cuidado por la calidad de los productos– sellado y ligeramente encostrado, muy bien hecho el pescado. El segundo día nos tocó un poco más pequeña la de pulpo grillado, almendras tostadas (muchas) y tofu, que ya habíamos aprobado un poco más suculenta y vistosa.
De postre, nos insistieron en el “New York style Cheescake” (100% queso nos dijeron) el que también estuvo más esponjoso y sabroso la primera que la segunda vez. El que elegimos por iniciativa propia y solas, el vasito (es mucho más que eso) de chocolate, sencillo pero de perfecta consistencia y muy rico sabor, aunque una gota más bitter habría sido perfecto.
Buen café, atención esmerada pero lenta. El Soya es un lugar al cual volvería cada vez que fuera al shopping (no vivo en el barrio) básicamente por un delicioso jugo de piña, leche de coco y hojas de menta, o el de manzana verde, melón y naranja, una rica sopa de nítidos sabores y un calórico y sabroso postre.