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Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)
El nuevo restaurante del hotel Termas de Chillán tiene gracia. Es bonito, está bien atendido y su carta es atrevida: ofrece pato, ciervo, emú, trucha, tilapia, langosta, y preparaciones contundentes muy de alta montaña como el cassoulet (guiso de porotos servido con costillar de cerdo, tocino, longaniza, carne de ganso, cebolla, zanahoria, perejil y ajo). Probé los blinis (pequeñas tortillas sobre las que se sirven caviar y pescados ahumados, plato de origen ruso) esta vez de centolla, caviar y salmón y quedé encantada. Por el adecuado tamaño y esponjosidad de los blinis, con su porción de crema batida (la ácida es la más adecuada) y la delicada mantequilla al limón que le vino bien sobre todo a la centolla, prescindible en el de caviar. La crema de langosta más rústica que fina, aunque sabrosa. Bien.