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De paseo por el Lastarria

Artículo correspondiente al número 248 (20 de marzo al 2 de abril de 2009)

 

El barrio cercano al Parque Forestal amplía y mejora su oferta a zancadas. Un clásico japonés de la zona; una sencilla pero estilizada propuesta de un joven cocinero y un moderno bar de martinis y rolls nos sedujeron en esta pasada. Por Paola Doberti.


Hacía tiempo que tenía ganas de volver a Izakaya Yoko, uno de los restaurantes japoneses más antiguos de Santiago. El cambio de dirección (de Merced a Monjitas) fue la excusa para visitarlo, pero lo que hizola diferencia fue -estando ya ahí, frente a la barra de sushi- observar al chef y dueño Seiki Iha trabajar a conciencia con los pescados y el arroz, manejándolos con respeto y pasión. Estábamos interesados en el unagi (la anguila con salsa agridulce).

Seiki contó en un parco español (lleva más de 20 años viviendo en países de habla hispana, Venezuela primero) que hasta hace poco la preparaba él mismo (ya no, ahora la compra elaborada), como también lo hace con la mayoría de las salsas que utiliza, incluso su propio vinagre de arroz. Aderezo que nos dio la oportunidad de probar en un plato con el que gratuitamente nos sorprendió. Quedé prendada. Se trataba de una deliciosa “ensalada” de pescados y mariscos, jugosa, fresca, ideal para un almuerzo ligero. Es una creación del chef, no está en la carta, y Seiki nos regalo la receta (no así la del vinagre de arroz). Vale la pena ir al Yoko, para probar las diversas variedades de sashimi y rollos que hay la carta, además de sopas y platos calientes, sencillos pero confortables.

Si Yoko es uno de los viejos del barrio, Lucia Bistró es el recién llegado. En una construcción típica de la zona histórica de Lastarria (pronto a abrirse un boulevard con estacionamiento), este nuevo local delata rápidamente sus intenciones. La pizarra de la entrada anuncia pisco sour con albahaca, carpaccio de locos, salmón austral con pastelera y reducción de carmènére. Cocina de autor basada en nuestras bondadosas materias primas e historia culinaria. El lugar es acogedor, respeta el “clasicismo” de la casona y su espíritu es “moderno”. Ariel, actor de profesión, nos atiende estupendamente. Llega delicioso pan hecho en casa. Escasa la carta de vinos, prometieron estar trabajando en ello. Las dos entradas nos gustaron mucho: el carpaccio de locos (delgados cortes y no excesivamente blandos) con fresca salsa de yogurt, limón y un rocío de merkén. Al frente, su opuesto: crujientes y sabrosas mollejas grilladas sobre ensalada verde, con una salsa de oporto, miel de ulmo y nueces que, gratamente, no pecó de dulce. De fondo, Trío de ravioles: ostión y queso de cabra, el primero; champiñones, el segundo y especialmente buenos los de setas. El risotto de jaiba que acompaña las costillitas de cordero lo encontramos “fofo” y ahí conversamos largamente con el joven chef y dueño Juan Carlos Ayub sobre las maneras de preparar el arroz. La jaiba en este caso la cocina como chupe “para soltar sabor” (¡!). Nos íbamos sin postre pero algo indefinido nos hizo pedir los ravioles de chocolate y ahí me rendí.


Izakaya Yoko, Monjitas 296-A, 6321954
Lucía Bistró, Padre Luis de Valdivia 338, 6331859

 

 

Paso a paso

 


 


UMI NO SASH
I (algo así como regalos del mar), para 1 persona:

5 trozos de pescado del día, 4 tajadas de pulpo, 1 camarón, 1 barrita de kanikama, palta fileteada, vinagre de arroz. Sobre una cama de lechuga y pepino rayado (largo), se vierte la mezcla de pescados y mariscos previa maceración rápida en media taza de vinagre de arroz.

 

 

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