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Artículo correspondiente al número 250 (17 al 29 de abril de 2009)
Con materias primas de primera calidad y técnicas de frío ultra sofisticadas, Jorge Luksic instala la Patagonia en nuestra mesa. Sería imperdonable no probar sus excelentes pescados y mariscos. Por Paola Doberti.
Rescatar los productos de la Patagonia y potenciarlos fuera de sus fronteras. Una incursión desde la región a la capital. Eso hizo el irremediablemente magallánico Jorge Luksic cuando empezó a traer centolla fresca a Santiago hace algunos años. “La centolla congelada no tiene nada que ver con la que comemos allá”, explica. El procedimiento es el siguiente: el crustáceo sale del agua de Punta Arenas en la tarde, se procesa durante el día, se sella al vacío a cero grado (no congelada), se despacha en la noche y al día siguiente el restaurant la tiene en su mesa para almorzar.
El cordero magallánico fue el otro puntal de este primer período en el que Luksic y su distribuidora Patagonia Austral ganaron sus primeros clientes, todos chefs: Emilio Peschiera, Carlos Meyer, Coco Pacheco, Javier Pascual, Luis Fernández y Luis Miguel Díaz (ex Madroñal, hoy La Sal), Pancho Toro, en fin... El portafolio comenzó a ampliarse: pejerreyes del Estrecho, ostiones de ventisqueros (en la foto), congrio de profundidad, merluza austral, erizos… Incursionó también en carnes y hoy la lista suma jabalí, wagyu, avestruz, cabrito, caiquén, guanaco, jabalí, ternera. Ultimamente, productos de la Patagonia argentina: “son de nivel mundial”, asegura, como los langostinos del Atlántico (también en la foto). “La idea es ir entregando a la mesa de la restauración chilena productos superiores a los que tenemos hoy”.
Y aquí está, con delantal puesto y armado de buenos cuchillos y tenazas, sal de mar, aceite de oliva, puerros, jengibre y cacho de cabra. “Que el producto manifieste sus particularidades, poco aliño y cocción mínima, justa, para que no se pierdan las texturas, olores y sabores”. Al frente tiene una centolla entera, los langostinos argentinos y ostiones de ventisquero; ambos, de tamaño sin precedentes; la cojinova gris, los vongoles (almejas enanas). Como de ortodoxo no tiene nada, difrutamos su jamón de jabalí alimentado con bellotas a temperatura perfecta durante la “ceremonia” de preparación.
La centolla muestra su brillo, su textura suave y esa elasticidad de la carne, “por algo en inglés es la reina de los cangrejos”, comenta orgulloso. Los ostiones son únicos, se dan sólo en los canales magallánicos y en invierno es imposible recogerlos. Son de color marfil, de sabor suave y delicadamente persistente, blandos y cero fibrosos. Los langostinos del Atlántico son jugosos, blandos, sabor bien marino y un dejo terroso. Otra cosa. Se los digo. No alcanzamos a probar el pescado ni la pasta al vongole. Pero en el Rivoli la hacen de maravilla. Ahí va la receta.
| Productos Seleccionados Cojinova gris del Pacífico sur. Pescado blanco de profundidad, con mucho sabor, de textura firme, cantidad de grasa justa (menos que el mero) y muy suave al paladar. Caracol del Estrecho. Es un loco en miniatura, delicioso y único. Se encuentra cuando la veda lo permite Donde encargar. En Patagonia Austral los pedidos deben hacerse al menos con un día de anticipación. Precios de referencia: 1 kg de centolla exportación, $24.740; 1 kg de vongole, $1.650 (más iva). Teléfono 4663737, www. patagonia-austral.cl |