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Como de viaje

Artículo correspondiente al número 240 (31 de octubre al 13 de noviembre de 2008)


Una noche de primavera, con buen humor y mejor apetito, el Anakena tiene algo de la isla de la fantasía. Por Paola Doberti.



Una noche de primavera puede ser de película en el restaurant thai del Hyatt. La piscina al fondo, rodeada de frondosos verdes, con caídas de agua y todo, esas palmeras sinuosamente iluminadas, un cielo curiosamente nublado. El Anakena ocupa una especie de pérgola en los jardines, bastante autónoma del resto de la infraestructura del hotel. El interior es espacioso y libre, con mesones para disponer platos y parte de la cocina a la vista, de donde cuelgan canastos de bambú para cocinar al vapor. A pesar de lo abierto del lugar, los olores de la cocina, de las especies, son un elemento más en la suma de este todo. El sereno verde de la cerámica de la loza es encantador. La atención es la de un hotel cinco estrellas, personalizada y muy atenta.

En ese contexto nos dispusimos a probar la carta del restaurant tailandés de Santiago (a pesar de que todas las cartas de restaurantes “modernos” suman un par de platos de esta sofisticada cocina asiática). Un chef chileno, Felipe Moraga, y dos auténticos tailandeses están a cargo de los woks, las ollas y las parrillas del Anakena. (Vimos al maestro japonés del Matsuri –vestido de contrastante negro– “espiando” el mesón de entradas del Anakena. Nos pareció una muy buena señal).

La carta tiene su lado “internacional”, pero siempre manteniendo su concepto de cocina “de mercado”, donde se pueden vitrinear los productos; hay platos típicos de nuestra gastronomía, caldillo de congrio, paila marina, además de su extensa oferta de carnes, pescados y mariscos a la parrilla.

Esa noche, íbamos por lo thai. Sopa y fritos para empezar. La Tom Kha Talay fue un acierto –hasta ahora nos persigue con su sabor–: camarones, pulpo, calamares, leche de coco, hojas de lima y champiñones… y los “bomboncitos” de masa de poroto de soya frita rellena con camarones y cerdo en salsa agridulce y bastante picante, rica en sabores pero deficiente en la textura del relleno, lo que no importó demasiado ya que los aromas de la sopa se encargaron de impregnarlo todo, incluido el espíritu.

De fondo, salteado de mariscos con jengibre fresco y hongos negros (o algas marinas, el plato se llama Phad King Talay) con arroz blanco, perfecto para remojarlo en el jugo sabrosos y concentrado de la preparación… Adictiva combinación de sabores. Los fideos de arroz frito con camarones, tofu y castañas de cajú molidas (Phad Thai Goong), un plato más femenino quizás por el dominio del tamarindo. Buen equilibrio de agridulce, picante y especiado.

Ninguna posibilidad de pedir postre, sí sendas teteras (en esa cerámica verde sereno sublime) con té verde y té de menta para terminar de disfrutar de esos jardines, oyendo el agua fluir bajo ese cielo curiosamente nublado y los aromas ahora bien definidos –jengibre, coco, curry, lemon grass– terminaron de perfilar una noche que empezó bien y acabó mejor.


Anakena, Hotel Hyatt, reservas al 9503177.

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