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Artículo correspondiente al número 289 (19 de noviembre al 2 de diciembre de 2010)
Volvió este año al senado y se ha instalado como uno de los grandes negociadores con La Moneda. Ojo político y trayectoria respaldan el diagnóstico de Andrés Zaldívar respecto al gobierno y una Concertación que, a su juicio, aún no se acostumbra a estar en la vereda de enfrente. De paso, desempolva episodios ocultos de la administración Bachelet. Cuenta, por primera vez, cuánto le advirtieron a la ex presidenta que el escándalo de las irregularidades en subvenciones escolares venía. ¿Por qué no reaccionó entonces? Las redes de protección del poder, acusa. Por María José O’Shea C. Fotos: Verónica Ortiz
Dice Andrés Zaldívar (74 años, 4 hijas, 10 nietos) que volver a la política activa era una idea de la que se había despedido para siempre. Pero cuando le pidieron el año pasado que postulara a como senador por la VII Norte, hubo un motivo contundente que lo hizo cambiar de opinión: le picó el orgullo y sintió el deber de reivindicarse. ¿De qué? De cuando, tres años atrás, la entonces presidenta Bachelet lo sacó intempestivamente de su cargo de ministro del Interior, a sólo cuatro meses de haber asumido la nueva administración. Y le fue bien en el desafío que se autoimpuso. No sólo ganó –le arrebató el cupo al PS Jaime Gazmuri–, sino que se ha convertido en uno de los hombres clave a la hora de buscar acuerdos entre La Moneda y la oposición, en tiempos en que para él las cosas aún están a punta de ensayo y error… Para gobierno y Concertación.
Viejo zorro en la política, Zaldívar es de los DC que tratan al presidente Piñera de Sebastián. De los que probablemente lo vieron crecer, o pasar en bicicleta por el mismo barrio. Se nota que le tiene simpatía. Pero no se confunde, Zaldívar. Lo critica duro y advierte que al mandatario le falta “finura”. Y que con su hiperkinesia política pone en riesgo la prestancia republicana.
-¿Cómo ha sido negociar con el gobierno de Piñera?
-No es fácil; sobre todo, porque es primerizo y porque la gran mayoría recién está asumiendo una experiencia pública. Muchas veces actúan con el criterio del ejecutivo de empresa privada que entra a imponer lo que quiere, pero en el ámbito público la cosa es diferente. Tienen que entender que la contraparte también tiene algo que decir. En un principio, la ruptura de las negociaciones por el presupuesto 2011 se produjo por eso: Felipe Larraín dijo se hace esto y esto. Y no era mucho. Entonces nos paramos y nos fuimos. Pero a medida que van haciendo esta gimnasia, aprenden… Pero no creas que es fácil. Yo mismo le decía a Felipe: valora lo que es conseguir un acuerdo y concede pequeñas cosas. Hay veces que se produce intransigencia. Yo he sido ministro de Hacienda, entonces lo aconsejé: entiendo que hay que ser muy duro, pero tenís que guardar algo para entregar. El ministro de Hacienda siempre tiene que andar con algo en el bolsillo, le dije. Fue un tira y afloja largo.
-¿Cuál fue el momento más tenso en las conversaciones?
-El comienzo. Le hicimos una propuesta al gobierno, de 14 puntos, nos sentamos en la mesa de negociación y Felipe nos contestó con muchas vaguedades y poca concreción. Ahí Camilo Escalona, que preside la comisión, dio vuelta el tablero. Fue un poco duro e incluso sentí que la cosa se extremaba…
-¿Qué le dijo?
-No, no lo puedo contar. Pero bueno, después se producen reflexiones…
-¿Y a usted le tocó ablandar a Escalona, también?
-No, él en la comisión de Hacienda es muy moderado. La gente lo vincula con posiciones más rupturistas, pero es todo lo contrario. Yo valoro mucho su trabajo.
“Sebastián tiene que ser más republicano y no exagerar en lo mediático”
-¿Y cuál es su evaluación del gobierno, en general?
-Está en proceso de rodaje y se cometen muchos errores, precisamente por eso. Les tocó un comienzo complejo pero, por otro lado, recoge un país en buenas condiciones económicas... y eso no es fruto de estos siete meses, sino de lo que se hizo los años anteriores. Con todo, cuando hay mucha abundancia no es fácil tampoco, porque la riqueza es difícil de administrar y la demanda, además, se exacerba.
-¿Y cómo ve a Piñera?
-El será el titular de este buen año económico, por lo que tendrá un beneficio a su favor. Ahora, creo que el gran problema de Sebastián es su excesiva exposición y el hecho de tratar de estar en todas, de ser el protagonista en todo. Y eso no es bueno para un presidente.
-¿Le baja la prestancia republicana, dice usted?
-Sí, tiene que cuidar más eso. Y empoderar más a sus ministros. No puede aparecer como sabiéndolo todo. Muchas veces por esa hiperkinesia política, siendo muy inteligente, se le producen los chascarros que conocemos y que ya son permanentes…
-¿A cuáles se refiere?
-Son muchos. Cuando va a Juan Fernández y se equivoca, cuando va a Alemania y equivoca, cuando le va a dar clases a la Angela Merkel y se equivoca, cuando saca demasiado el papelito… O cuando se va a Valparaíso a ofrecer a Wanders y Everton un nuevo estadio el día anterior a la elección de la ANFP.
-Esa última fue grande…
-Todas son grandes. Ese es su gran error. El está en una posición de apoyo bastante alto en las encuestas, tuvo una gran suerte con los mineros –aunque sólo le faltó meterse a la cápsula–, pero va en helicóptero y lo maneja él, va a la Antártica con un presidente extranjero y maneja el Hércules... ¡y eso no puede ser! No tiene cuidado. No le recomienda a su consuegro no comprar las acciones de Colo-Colo...
-¿Falta de delicadeza?
-Le falta finura, lo que es muy importante para el cargo. Es avasallador. Cuando uno está en una cosa con él, no le deja margen al pobre que está al frente… Sebastián tiene que ser más republicano y no exagerar en lo mediático.
-¿Cree que le va a repercutir en su popularidad la idea de que intervino en la elección de la ANFP?
-No quiero hacer afirmaciones de las que no tengo constancia. Pero la sensación que hay es que, efectivamente, al gobierno no le gustaba Harold Mayne-Nicholls y estaba sentido con Bielsa. Si bien Sebastián debe haber gozado con los partidos, le molestaba el DT… Y eso se traduce en que con la coincidencias, en que el consuegro y él son accionistas de Colo-Colo, las especulaciones que tiene algún fundamento de relación, entonces la imagen que hay es que hay presunciones fundadas de que el gobierno algo tuvo que ver.
-Pero echarse a Bielsa es un error político, y él lo sabe.
-Y a Mayne-Nicholls, también. Y yo creo que con Harold se produjo lo que llamamos “el pago de Chile”. Creo que afectará su popularidad. No sé cuánto, pero le va a pegar porque se instaló que algo pudo haber tenido que ver. Aquí va el dicho sobre la mujer del César: no sólo hay que serlo, sino también parecerlo.
-El dice otro dicho: “miente, miente, que algo queda”.
-Eso se dice en autodefensa, pero hay que reconocer que cuando uno ha hecho tonteras…
“Si yo fuera diablo…”
-¿Y cómo ve la presidencial en la Alianza?
-Eso es lo que provocará los mayores problemas en la derecha, porque van a empezar las zancadillas, las envidias. Ya lo vimos con las declaraciones del ministro Hinzpeter en esta revista. Yo si fuera diablo, diría dejemos que haya reelección presidencial, a pesar de que Piñera haya dicho que no. Siguiendo la política de El príncipe, de Maquiavelo, diría que les aprobemos la reforma constitucional para que haya reelección. Estoy seguro de que ese día se quiebra el gobierno, porque nadie aceptará que Piñera tenga cuatro años más. El tema presidencial es algo que está ahí porque hay varios que han mostrado el colmillo.
- Están los ministros Hinzpeter, Golborne…
-A ninguno de ellos los veo con trayectoria para ser candidato. Tienen que mostrarse mucho más.
-¿Y a quién ve? ¿Lavín, Allamand?
-Mucho más a Lavín. Tiene más trayectoria. A Allamand lo veo más distante, pero con ganas. Bueno, el bichito ese le entra a todo el mundo. Lo peor de todo es creérselo.