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Artículo correspondiente al número 248 (20 de marzo al 2 de abril de 2009)
En 2002 asumió como presidenta de la fundación la ex directora de CONAMA Adriana Hoffmann (ahora integrante de su directorio), quien inició el proceso para solicitar que Yendegaia alcanzara el anhelado estatus de santuario de la naturaleza. Pero su sucesora, Carolina Morgado, pidió la paralización del mismo. El secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, Oscar Acuña, comenta que estuvo cerca de ser aprobado e incluía tanto la estancia como los predios fiscales que daban continuidad territorial entre ésta y el Parque Nacional Alberto D’Agostini.
Pero ia Intendencia regional solicitó posteriormente una revisión que ordenó proseguir con la declaratoria, pero sólo respecto a los terrenos pertenecientes a la fundación, evitando así que Yendegaia se convirtiera en un corredor que uniera los parques nacionales. “Se volvió a presentar al consejo para tener una senda de penetración entre Vicuña y Yendegaia y se aprobó. Sin embargo, luego se produjo un cambio en la presidencia de la fundación, la cual nos solicitó no tramitar la declaratoria”, señala Acuña
Ahora el tema parece recobrar fuerzas. La visita realizada por Tompkins a la región busca, precisamente, tender puentes con las autoridades para materializar su nuevo plan: donar al Estado las estancias Cabo León y Yendegaia para que se conviertan en parques nacionales, un estatus mucho más restrictivo en términos de la materialización de otras actividades productivas y manejo de la flora y fauna del lugar.
Douglas Tompkins lo explica así: “La idea es simple, la Estancia Yendegaia está ubicada entre los parque nacionales Alberto D’Agostini de Chile y Tierra del Fuego de Argentina; por lo tanto, la anexión de la estancia a esta área protegida, crearía una continuidad ecosistémica y un área de conservación que se extiende hacia ambos países. Hoy en día existen varios parques binacionales, especialmente en Africa pero también en Norteamérica y en Sur y Centro América. Es una excelente forma de conservación porque promueve la cooperación internacional, aportando el concepto de que los ecosistemas no terminan en las fronteras políticas”, sentencia.
Una compleja vecindad
Prosigue Tompkins: “estamos en conversaciones con las personas encargadas de proponer este proyecto al Estado argentino. Nosotros seremos simplemente los donantes, no los gestores. Lo más probable es que la división de Medioambiente del Banco Mundial sea la más indicada para llevar este proceso. No tenemos una idea preconcebida, más allá de que la Estancia Yendegaia sea anexada al Parque D’Agostini, para luego fusionarse de alguna forma con el Parque Tierra del Fuego y así formar un parque transfronterizo, con cada nación a cargo de su sector, en un programa de cooperación internacional desarrollado de acuerdo a las particularidades del lugar. Esto es a lo que aspiramos”.
Como toda donación, en principio suena bien. Salvo que las autoridades de la zona no comparten ciertos planteamientos del magnate. El seremi Juan Francisco Miranda –quien se entrevistó con Tompkins– explica que la iniciativa de donación de las tierras está condicionada. “Es bienvenida su propuesta, pero también vemos que es bastante restrictiva para las actividades productivas que se desarrollan en Isla Riesco, como la ganadería y la exploración de carbón y gas. Creemos que debemos buscar la armonía entre las distintas actividades, porque se puede convertir en una camisa de fuerza para esos otros proyectos”, advierte.
En la zona de Isla Riesco ya son varios los privados que cuentan con concesiones para exploración minera, como Copec-Ultramar y BHP Billiton. Hay propiedades de Enacar que datan de los años 80 y una serie de empresas que han puesto pertenencias en zonas complementarias a los yacimientos principales.
El proyecto más conocido es el de la alianza Copec-Ultramar, dueña de la Sociedad Minera Isla Riesco, que se adjudicaron la licitación de dos yacimientos mineros con alto potencial carbonífero, por los cuales desembolsaron cerca de 250 millones de dólares. Además, han destinado 50 millones de dólares para la construcción de un puerto, a través del cual se sacará el carbón, cuyo destino final serán las centrales termoeléctricas que se construyen en el Norte Grande para abastecer al sector minero.
Respecto a eventuales problemas que puedan surgir con los planes conservacionistas en la zona, Marcos Büchi, gerente general de Ultraterra y director de Minera Isla Riesco, señala que la isla es la cuarta más grande de Chile, “por lo que hay que estar muy conscientes de que lo que se puede hacer en un sector no afecte a otra parte, por muy delimitadas que estén las fronteras. El desarrollo de la minería en la medida que la línea de frontera del parque sea lejana, distante y se mantenga, no debiera afectar, pero indudablemente escuchamos con mucha atención lo que diga el ministerio”. Por lo que se sabe, en la presentación efectuada por Tompkins y su grupo a las autoridades magallánicas, manifestaron abiertamente su preocupación por la explotación carbonífera, la forestal, el sobrepastoreo y la acuicultura en la zona del seno Skyring.
Uno de los inversionistas de la zona es Carlos Larraín. El presidente de RN compró la Hacienda Cameron, que contempla 96 mil hectáreas en Tierra del Fuego, donde es vecino de Karukinka –el proyecto ecologista de Goldman Sachs– y de Yendegaia.
Respecto a los planes conservacionistas de Tompkins, Larraín es implacable: “la idea de preservar zonas como reservas naturales es muy valiosa, siempre y cuando estén abiertas para las visitas, se permita el negocio turístico de manera fluida, y que no sea contemplado desde las alturas por un dios todopoderoso y un delegado local”.
En cuanto a una eventual restricción a la actividad ganadera, el empresario y político explica que el plan de Cameron es tener producción ovina: “queremos que la naturaleza contribuya a la riqueza del país y de la gente que trabaja ahí, que haya progreso; es decir, tenemos una filosofía distinta a la del señor Tompkins”, concluye.
| La idea de progreso de Tompkins |
De primera fuente: “¿Progreso? Primero necesitamos definir qué entendemos por progreso. ¿Será lo que ha llevado al colapso de la economía mundial, debido a un concepto errado de lo que entendemos por desarrollo de nuestro planeta? Existen suficientes razones que nos permiten creer que el mundo está condenado a un proceso irreversible de calentamiento global y aún hay algunos que piensan que todo este progreso puede volver a despegar después de este colapso que estamos viviendo y que todo va a continuar igual que antes. ¿Acaso estamos viviendo en un mundo de fantasía? ¿Vamos a continuar este desarrollo bajo este mismo concepto de progreso, mientras vemos cómo se consume nuestro planeta? Si es que existe alguna esperanza más allá de lo que dice Lovelock, ésta será sólo si reconocemos que hemos sobrepasado con creces la capacidad de carga del planeta y su atmósfera y que hemos, con nuestras acciones, provocado que se caliente a tal punto el planeta, que hemos desencadenado un proceso irreversible de alza de temperatura, que llegará a límites intolerables, causando el colapso de la civilización. Lo que necesitamos es humildad y aprender de lo que hemos hecho. Los detractores deben ser los desarrollistas a ultranza que nos han llevado al abismo en que nos encontramos. Si es que hay alguna esperanza de un futuro viable para todas las criaturas con que compartimos el planeta, necesitamos una nueva economía basada en una huella de carbono muy inferior a la que dejamos ahora y respeto hacia la biodiversidad, que es la que nos ha permitido sobrevivir hasta ahora. No hay tiempo para los detractores de la conservación y los desarrollistas a ultranza. Son peligrosos y nos han decepcionado” |