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Artículo correspondiente al número 248 (20 de marzo al 2 de abril de 2009)
Douglas Tompkins, el ferviente ecologista, puso sus ojos en otro flanco de desarrollo en Chile. Se trata de la Región de Magallanes, donde ya controla mas de 60 mil hectáreas que pretende constituir en parque nacional. La idea genera inquietud y oposición en sectores productivos, tanto los tradicionales ganaderos, como los nuevos inversionistas carboníferos. Una batalla ecologista en el fin del mundo. Por Sandra Burgos.
El domingo 8 de marzo, el avión privado del empresario y ecologista Douglas Tompkins aterrizó en el aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo de Punta Arenas. Era la primera escala de una intensa gira de cinco días por la región de Magallanes, en los cuales el magnate norteamericano haría un reconocimiento en terreno de lo que se ha transformado en su nueva obsesión: Yendegaia.
Fue a fines de los noventa cuando Kristtin y Douglas Tompkins tuvieron su primer encuentro con esta estancia en Tierra del Fuego. A través de The Conservation Land Trust –una fundación creada y presidida por el ecologista– aportaron los recursos para comprar las cerca de 40 mil hectáreas emplazadas en el límite con Argentina y bordeando el canal del Beagle. Surgió la Fundación Yendegaia, dueña de la estancia del mismo nombre y de otra denominada Cabo León, de 27 mil hectáreas, ubicada en Isla Riesco.
Tras años de mantener el proyecto en stand by, hoy el ecologista lo está retomando con nuevos bríos, despertando de paso la inquietud en sectores productivos. En la última semana se reunió con autoridades locales para informar sus planes conservacionistas, visitó Punta Arenas y Puerto Williams, sobrevoló la Bahía Yendegaia y Cabo León; mochila en la espalda recorrió Tierra del Fuego y pasó la noche en las antiguas casas que dejaron abandonadas sus antiguos propietarios.
Tompkins no está solo en este proyecto. Lo acompaña su nuevo “lugarteniente”, el sociólogo y ambientalista Hernán Mladinic (hermano de Carlos Mladinic, el coordinador del plan Chile Invierte), quien hace seis meses asumió la dirección ejecutiva de la Fundación Pumalín. Mladinic es un conocido de la zona. Magallánico de nacimiento, se maneja como pez en el agua en la zona y es reconocido su talento como facilitador del diálogo con las autoridades. Estas características y su profundo conocimiento del mundo conservacionista habrían llevado a Tompkins a nombrarlo como sucesor de Carlos Cuevas, quien salió de la entidad tras desavenencias con el ecologista.
La labor de Mladinic no es fácil, dado que en la zona ya existe escepticismo respecto a las intenciones del magnate norteamericano de convertir Yendegaia en parque nacional. Por un lado, están sus disputas con el ministerio de Obras Públicas (MOP), entidad que ejecuta un camino que unirá a la bahía de Yendegaia con la “civilización”, ya que hasta ahora se puede acceder a ella sólo por medios marítimos. Como en Pumalín, Tompkins ha cuestionado el camino que cruza su estancia. “El tiene observaciones al trazado, planteó en su momento uno alternativo, más limítrofe con Argentina, porque quiere crear un gran parque binacional”, explica el seremi de Obras Públicas, Juan Francisco Miranda. Agrega que el camino busca entregar accesibilidad entre Tierra del Fuego y la isla Navarino, “y lo que él ofrece no va en esa dirección. Nosotros queremos eliminar los límites internos y él, los límites con otros países”, argumenta.
También está la preocupación de los estancieros del lugar, quienes ven amenazada la actividad ganadera con la creación de un parque binacional y con la campaña que los partidarios de la ecología profunda realizan en contra de la actividad productiva tradicional de Tierra del Fuego. Tampoco hay acuerdo en el campo turístico entre el plan de desarrollo que plantea Tompkins con el que pretende la autoridad magallánica. Y como si fuera poco, las nuevas propiedades del ecologista plantean un problema geopolítico en la medida que Yendegaia es un enclave estratégico: entrega conectividad a Tierra del Fuego con el canal del Beagle y está ubicada en el límite con Argentina, entre los parques nacionales Alberto D’Agostini en Chile y Tierra del Fuego en el país trasandino.
Pero no sólo Yendegaia implica este tipo de restricciones. La Estancia Cabo León, el proyecto más avanzado que tiene Tompkins en la zona (su idea es donar las tierras para que se conviertan en parque nacional antes de que concluya el mandato de Bachelet, mientras que Yendegaia tiene un horizonte de 3 a 4 años), también está situada en un enclave estratégico: Isla Riesco, donde convive la Reserva Natural Alacalufe con los mayores depósitos de carbón de Chile.
La resurrección de Yendegaia
Cuando The Conservation Land Trust se interesó en Yendegaia (1998), entregó el apoyo financiero a la ONG Amigos de Yendegaia, creada por Ivette Martínez Mardones y su ex esposo, el médico Julio Contreras Muñoz, con la finalidad de que compraran la Estancia Yendegaia. En 2002, los terrenos fueron traspasados a una nueva organización, la Fundación Yendegaia.
En 2004 se produjo un quiebre entre Amigos de Yendegaia y la fundación. Los primeros se oponían a la idea de declarar la estancia santuario de la naturaleza, mientras que en la fundación les acusaban de apropiación indebida de recursos para beneficio propio. Todo terminó con una querella por presunta apropiación indebida, presentada por The Conservation Land Trust en contra de los ex directivos de la ONG. Hace unos días, el juez sumariante ordenó la detención de Julio Contreras Muñoz y de Ivette Martínez Mardones. Contreras fue aprehendido en el aeropuerto Arturo Merino Benítez.