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Artículo correspondiente al número 222 (22 de feb al 6 de mar 2007)
-¿Cómo se las arreglan con tan poco?
-Antes que todo, déjame decir que nosotros nunca abandonamos un incendio. En aquellas zonas donde las forestales tienen propiedades existe un sistema conjunto, para el cual fi rmamos un acuerdo y, en el caso de que se nos haga insuficiente el personal, recurrimos a ellos. Los recursos aéreos son muy caros y, además, tienen que ver con características topográfi cas determinadas, de modo que más que aviones requerimos helicópteros. Hice un contrato marco por tres años con las empresas de helicópteros, que me permite movilizarlos, y ahora podemos tener hasta 40 máquinas combatiendo un siniestro. Además, tenemos que ver también la disponibilidad de agua, y por eso necesitamos camiones aljibes.
-¿Y este sistema de arriendo resuelve el problema? ¿No sería mejor contar con propios helicópteros propios?
-Sería ideal. Este año, la presidenta nos asignó recursos para comprar un primer helicóptero, para empezar, ya que es un cambio institucional tener helicópteros propios. Estamos pensando en uno que nos sirva no sólo para combatir incendios, sino también para fiscalizar todo el año. Siempre uno quisiera contar con más recursos, pero yo creo que el desafío está en hacer las cosas con lo que se tiene. Este año, el presupuesto nos creció en un 18,1% y, adicionalmente, en tres años tendremos una inyección de 20 millones de dólares, a través de un programa Gobierno de Chile/Banco Interamericano de Desarrollo. El desafío es sacar provecho de todo eso.
Jorge Clavero

Ya se ha dicho. Chile es un lindo país con vista al mar provisto de todos los riesgos que la naturaleza ha ideado para amenazar la vida humana, excepto los tornados... aunque podemos esperar que el tío cambio climático nos traiga algunos de regalo. Mientras, tenemos que entretenernos monitoreando las amenazas geológicas: sismos, erupciones volcánicas, remoción de masas (aluviones), inundaciones y tsunamis.
El organismo encargado de tan relajante tarea es el Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomin. Ahí labora el vulcanólogo Jorge Clavero, jefe del Departamento de Geología Aplicada y, por tanto, el encargado de “identifi car, caracterizar, evaluar y diagnosticar aquellas zonas, urbanas o rurales, que podrían verse adversamente afectadas” por éstos. Amontona trozos de lava y fotos de erupciones en su escritorio y habla con un dejo orgulloso de sus regalones, los volcanes:
-En Chile tenemos más de 2.000 volcanes, de los cuales más de 500 son considerados geológicamente activos y unos 60 cuentan con registro histórico de erupción en los últimos 450 años. Además, tenemos dos de los cuatro volcanes más activos de Sudamérica: el Villarrica y el Llaima.
-¿Le parece que la institucionalidad ante emergencias es adecuada?
-A nivel mundial existen dos grandes figuras: un sistema de público central que integra el monitoreo de todos los peligros, y o una red con diversos servicios especializados que colaboran entre sí, como es la nuestra. Por ejemplo, el monitoreo de posibles tsunamis lo realiza el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA); lo mismo sobre actividad sísmica, que es materia del Departamento de Geología de la Universidad de Chile. Nosotros tomamos la información que ellos generan y la integramos con la nuestra, a fin de prestar la asesoría más completa a la autoridad política. Desde ese punto de vista, me p
arece que el sistema no es malo, pero requiere de una coordinación bien defi nida, roles claros y presupuestos adecuados.
-¿Y ahí nos quedamos cortos?
-(Cara de circunstancias) Todavía hay cosas que hacer, obviamente.
-Ok. Pero, ¿qué tan preocupados deberíamos estar por nuestros volcanes?
-Además del Llaima y el Villarrica en la IX Región, hay otros cerca de zonas pobladas que podrían representar algún tipo de peligro por la actividad que han tenido en el pasado, como el Osorno, el Chillán, el Calbuco, el Mocho Choshuenco, el Lonquimay, el Hudson, etc. Sin embargo, Sernageomin creó en 1992 el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) sin que mediara un desastre volcánico serio.
-Será en cuanto a vidas humanas, porque el Lonquimay y el Hudson crearon grandes estragos.
-Es cierto, pero también lo es que no hemos tenido que lamentar un gran desastre. Pero no se trata sólo de monitorear la a
ctividad, sino también de prevenir y educar para reducir los daños cuando el desastre ocurra. El Villarrica, por ejemplo, algún día va a entrar en erupción, y así como este hay varios otros.
-¿O sea que usted diría que en esta materia estamos a cubierto?
-En algunos casos sí, como en el Villarrica y el Llaima; pero en otros, no tanto. Falta trabajo, de todas maneras. Hay algunos volcanes que son potencialmente peligrosos en el norte y en el sur, y sería ideal tener estaciones de monitoreo, toda vez que tarde o temprano algo va a pasar.![]()