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Walker se la juega

Artículo correspondiente al número 237 (17 de septiembre al 2 de octubre 2008)


El diputado y ex presidente de la Cámara Patricio Walker no está ni medianamente satisfecho con la imagen que proyecta la actividad política. Dice que se requieren acciones urgentes y un recambio generacional que, al menos en la DC, pasará por levantar –de una vez por todas– una lista para las próximas elecciones internas. Una que represente a su generación. Por Guillermo Turner.




Los años 80 están de moda, pero no en la política o, al menos, a nivel de las dirigencias de partidos políticos. Mientras el recambio se vive con fuerza en otros ámbitos de la vida nacional –por ejemplo, en las planas ejecutivas de algunas de las mayores empresas del país– “no hay ningún presidente de partido político que tenga menos de 40 años”, afirma el diputado Patricio Walker.

Ex presidente de la JDC, del centro de alumnos de la Universidad Diego Portales y diputado desde 1998, con sus 39 años forma parte de esa generación de militantes de la DC sobre la cual cuelga un ya casi permanente cartel de recambio. Alberto Undurraga, Claudio Orrego, Alejandro Ferreiro, Guillermo Larraín, Manuel Inostroza, Clemente Pérez, Marcelo Drago, Andrés Juoannet, Carolina Goic y Jorge Frei, entre otros, integran este grupo que algunos identifican bajo el caricaturesco apelativo de “príncipes”, aunque el mismo Walker advierte que “ninguno de nosotros se siente identificado con ese nombre”.

Desde esa tribuna, el también ex presidente de la Cámara dispara contra la calidad del debate actual, el riesgo que el descrédito de la clase política implica para la estabilidad social y la falta de renovación en las esferas partidistas. Walker se propone cambiar este escenario. Primer objetivo: integrar un referente que compita por la presidencia de la Democracia Cristiana. Primer problema: no hay elecciones internas sino hasta el 2010.



-Hablemos de la evaluación de los políticos. Por una parte, los dirigentes dicen que no consiguen atraer candidatos de calidad y, por la otra, la opinión pública evalúa a los políticos entre lo peor.

-Estamos, a mi juicio, viviendo una situación en que la política y los políticos estamos muy depreciados. Hay un desprestigio y una crisis de credibilidad profunda, al punto que si no tomamos medidas radicales, vamos a terminar muy mal, como alguna vez ocurrió en Argentina cuando, a raíz de la crisis económica, la gente pidió que se fueran todos los políticos. O sea, la mezcla de crisis económica profunda y fuerte desprestigio de los políticos puede terminar en eso. Afecta al Poder Legislativo, que muchas veces la gente lo percibe como algo inútil. No se conoce, por ejemplo, el trabajo de las comisiones, porque no aparece en ningún canal de televisión, y allí es donde realmente se trabaja. Ahora, la evaluación de los electores es diferente cuando preguntan en general por los políticos o, en específico, sobre su diputado.


-Y respecto a las directivas que se quejan de no poder atraer buena gente…

-Hoy en el parlamento cada día cuesta más convencer a gente talentosa, profesionales con vocación de servicio y suficientemente preparados para ser candidatos.


-Entiendo, al revés, que la calidad promedio de la gente que ha ido entrando es menor.

-Cada día cuesta más, lo que no significa que no haya gente buena. Pero también debemos reconocer que hay parlamentarios sin la suficiente preparación, ya sea porque los más capaces no se entusiasman o porque algunos partidos privilegian los votos y llevan como candidatos a personas con insuficiente preparación.


-¿Existe una relación entre la percepción del trabajo de los parlamentarios con esa menor calidad?


-De todas maneras. Por eso digo que hoy cuesta mucho atraer a la gente buena, justamente porque ellos no quieren ser contaminados por esta mala imagen. Tengo la sensación de que los casos de irregularidades en algunos municipios emblemáticos también provocó que muchos se negaran a ser candidatos a alcaldes y concejales. Y tengo el fundado temor de que en el próximo parlamento o en los próximos gobiernos comunales existirán muchos mediocres. Y que esto terminará transformando la meritocracia en mediocracia. Estamos en un punto de inflexión y debemos convertir esta crisis en una oportunidad, por ejemplo, externalizando en el caso de los parlamentarios la decisión sobre las asignaciones. Con Frei presentamos ese proyecto en octubre del año pasado y recién ahora le dieron urgencia a raíz del escándalo de las asignaciones. Uno lamenta que tengan que pasar estas cosas para que sea prioridad política.


-Quizá también hay responsabilidad de los mismos electores, que evalúan a sus parlamentarios por funciones que no corresponden. La tarea de los diputados es fiscalizar y legislar, pero más que ciudadanos tienen enfrente a consumidores.

-Es verdad que la política se ha transformado en una actividad muy clientelista, pero no miro como algo negativo el que uno esté en terreno. Porque si bien la función de uno es legislar y fiscalizar, también tiene el deber de representar y para eso hay que estar en terreno. Cuando uno pierde el cable a tierra, no sabe lo que está pasando en la realidad y, al final, termina legislando sobre la base de la academia, como ocurrió con el Transantiago. Respecto del tema legislativo y la fiscalización, hay muchos parlamentarios que legislan muchísimo, pero eso no es noticia.


-O sea que el problema es comunicacional.

-Yo creo que hay un problema comunicacional nuestro, que hemos tratado de atacar con el Canal de la Cámara y otros medios, pero no es noticia.


-Ese mismo reclamo se escucha en La Moneda: “la gente no valora lo que hacemos porque parece que los medios, intencionalmente, no quieren mostrar las cosas buenas”.

-Pienso que esa percepción tiene una base real, y no se trata de echarle la culpa al empedrado.


-La Moneda terminó sacando un periódico llamado El Ciudadano. Lo leí el otro día y no había ningún tema que no hubiese sido tratado antes por la prensa en general.

-Pero hay muchos temas legislativos, diría que el 95%, que no son noticia. Entiendo que para un canal de televisión o para un diario es mucho más atractivo cuando el árbol se cae que cuando va creciendo. Y nosotros por supuesto que tenemos culpa. Cuando era presidente de la Cámara, se pidió a Tironi y Asociados un informe sobre nuestra imagen y ellos concluyeron que se pueden hacer esfuerzos colectivos muy importantes –como los efectuados en materia de transparencia de la información–, pero basta que un diputado o senador haga un show o actúe como payaso, para que perjudique todo el esfuerzo.


-¿Existe conciencia a nivel de partidos políticos y dirigencias de que la situación es tan crítica?

-Siento que no todos han percibido que hemos tocado fondo. Personalmente, creo que hay que tomar medidas muy radicales para transformar esto en un momento de inflexión y empezar a recuperar esta imagen tan afectada de los políticos. Por ejemplo, que el Ejecutivo establezca que a diciembre de 2009 tendremos el 90% de los cargos del aparato del Estado llenados por la Alta Dirección Pública. Para que la gente no hable más del cuoteo político, para que sea la excepción. En el caso del Poder Legislativo, demos la señal de decir que no nos interesa fijar las asignaciones, que opere un mecanismo como el del Banco Central, una instancia externa. En el Poder Judicial, avanzar en una propuesta que entregamos con Cristián Monckeberg hace tres meses y que plantea la evaluación pública y fundada de los jueces. Que seamos capaces de terminar con algunos cuellos de botella en materia de políticas públicas. Por ejemplo, soy partidario derechamente de derogar el Estatuto Docente. No vamos a mejorar la calidad de la educación si no tenemos incentivos para los profesores buenos y sanciones para los malos. Si somos capaces de tomar esas decisiones, creo que podemos enmendar rumbos.

 

 

 

Sobre su partido



-¿La DC está en la misma línea?


-Tengo mucho contacto con gente de mi generación, como Claudio Orrego, Alberto Undurraga…




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