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Artículo correspondiente al número 307 (26 de agosto al 8 de septiembre de 2011)
No será uno de los dirigentes estudiantiles, pero también desde la Alameda –número 1460, sede de la DC-, Ignacio Walker ha estado en el centro de la noticia. El senador –que además está de vocero de la Concertación -tiene batallas por todos lados. Critica con fuerza al gobierno, pero en su conglomerado lo tildan de derechista por no apoyar la idea de un plebiscito. El dice que está al centro. Y que ser DC es, por esencia, signo de contradicción. Por Cristobal Bellolio, desde Londres. Fotos: Verónica Ortiz.

Diez de la noche en Londres, cinco de la tarde en Santiago. El presidente de la Democracia Cristiana y senador por la V Cordillera, Ignacio Walker, se conecta a Skype para contestar mis preguntas. Aunque a miles de kilómetros de distancia y tras las pantallas de un computador, estamos cara a cara.
Han sido días polémicos para él. Incluso apareció como una suerte de isla dentro de la Concertación. ¿El motivo? Su negativa a plebiscitar las demandas estudiantiles como un mecanismo para salir de la actual crisis. “La democracia plebiscitaria, por definición, tiende a bypassear las instituciones de la democracia representativa”, sostiene al iniciar la conversación. Su argumento tiene lógica: “la base de la democracia representativa es intermediar, eso se pierde al consultar directamente al pueblo. Para hacer frente a esta situación debemos fortalecer más que debilitar las instituciones de la democracia representativa. La democracia plebiscitaria ha demostrado el efecto contrario”.
-¿Cómo se fortalecen esas instituciones?
-Con una profunda reforma políticoinstitucional, que se la hemos planteado como DC a los tres ministros políticos de La Moneda, que se haga cargo de dos cuestiones centrales para resolver la crisis política que estamos viviendo en Chile. Una, sustitución del sistema binominal por uno de representación proporcional corregido. Dos, fin de las supermayorías, aquellas que requieren 4/7 para la aprobación de ciertas leyes y que constituyen una suerte de veto de la minoría. Hay muchas otras, como en materia de descentralización, primarias abiertas y vinculantes, democratización interna de los partidos políticos, fin del Consejo de Seguridad Nacional, etc. Para desempatar esta democracia empatada, que está produciendo la crisis, hay que llevar a cabo todas estas reformas.
-¿Eso se produce distribuyendo el poder entre los mismos actores o admite la entrada de nuevos actores? ¿Le haría bien a Chile el nacimiento de nuevas alternativas?
-Una de las reformas propuestas es el Consejo Económico y Social, justamente para permitir mayor participación de los actores sociales, en este caso empresarios y trabajadores. Pero más allá de eso, estamos presenciando una forma de hacer política que muere y que es ese diálogo entre cuatro paredes entre el gobierno y la oposición. Necesitamos una mesa de tres patas: gobierno, oposición y actores sociales. No se puede seguir legislando de espalda a estos últimos. Se requiere una metodología de trabajo que legitime el espacio político de una nueva manera de cara a los actores sociales.
-O sea, no más actores políticos
… -Más que nuevos partidos –lo que es bienvenido en la medida que obtengan un mínimo de representación– lo importante es alcanzar mayor democracia interna en los actuales partidos. Más que una política puertas adentro, necesitamos una política puertas afuera.
-Que la actual estructura sea lo suficientemente dinámica como para absorber lo nuevo sin tener que ser reemplazada…
-Absolutamente. No se trata de que los actores sociales nos pasen por el lado. Se trata de ejercer nuestro rol de mediación y representación política.
-¿Y sus socios de la PS y PPD, Osvaldo Andrade y Carolina Tohá, abdican de ese rol al dejarle la resolución del problema a un plebiscito?
-Así como es un error que el gobierno endose la política al Parlamento –como lo está haciendo en educación– también es un error que los partidos políticos y el Parlamento endosen la toma de decisiones en cuestiones que son propias de la democracia representativa y deliberativa. ¡Que las instituciones funcionen! ¡Que el Parlamento haga lo suyo! Este movimiento social da cuenta de una tremenda efervescencia, eso hay que desdramatizarlo.
-Asumo que descarta la herramienta plebiscito no sólo para el caso de educación sino también para otras materias como la propuesta por Longueira antes de ser ministro –sobre salida al mar a Bolivia–, o de Guido Girardi, sobre proyectos energéticos de alto impacto ambiental.
-Yo no soy partidario de los plebiscitos en materia de políticas públicas –educación, salud, vivienda, previsión, trabajo– que son propias del ámbito legislativo. Sí creo en el plebiscito en el ámbito local, donde se aplica la democracia directa, y para tomar grandes decisiones paradigmáticas de una sociedad, como la puede decir el cambio de régimen político, entrar o no entrar a la OTAN, o el caso separatista de Quebec en Canadá, por ejemplo. Decisiones que se toman cada 20 o 30 años sobre cuestiones muy centrales.
-¿Cuán necesaria es una nueva Constitución?
-Absolutamente necesaria. Las reformas que hemos propuesto al gobierno – las más radicales en 20 años– conducen en cierta forma a una nueva Constitución. A pesar de todos los cambios que le hemos introducido, desde las 54 reformas plebiscitadas el año 89 hasta la nueva Constitución del 2005, ésta sigue siendo percibida como la Constitución del 80. Es importante que la sintamos como nuestra, y eso todavía no ocurre.
-¿Asamblea constituyente o vía parlamentaria?
-Vía parlamentaria, como lo proponía la campaña de Frei.
-Vamos al tema peak de la actual discusión pública. ¿Está en contra de que las personas lucren –obtengan una utilidad que no reinvierte sino que va a los dueños del capital– con la educación?
-Aquellos establecimientos educacionales que reciben fondos públicos no deben lucrar.
-Si yo quiero lucrar con mi establecimiento y me las arreglo sin fondos públicos, ¿podría hacerlo?
-Por supuesto.
Pastelero a tus pasteles
-Examinemos el gobierno de Sebastián Piñera. Su principal acierto y su peor error.
-El principal acierto es el rescate de los mineros. Principal error, esta nueva forma de gobernar que nunca prendió y murió de muerte natural.
-¿Qué falló?
-Falló el intento absurdo de querer trasladar la lógica del sector privado al sector público. No es que unos sean mejor que otros, son cosas distintas. El reclutamiento de gerentes, técnicos, expertos, doctorados, etcétera, no funciona: la política para los políticos.
-¿No ve ningún mérito en la gestión de las políticas públicas, más allá de la incapacidad del gobierno para transmitir sus logros?
-La economía anda bien. La falla estructural de este gobierno está en el nivel político. El manejo económico ha sido prudente, con continuidad en los equilibrios macroeconómicos y las políticas contracíclicas. Pero lo que está apareciendo acá es un nuevo paradigma, producto de las transformaciones socioeconómicas que han tenido lugar en el último tiempo. La modernización es, en sí misma, disruptiva. Las fuerzas sociales que estaban sumergidas están apareciendo. Esto es el ABC de la modernización. ¿Qué hay que hacer? Que las instituciones funcionen. Instituciones racionales, coherentes, flexibles y autónomas, que permitan canalizar estas fuerzas sociales que son esencialmente disruptivas. En Chile este proceso adolece de un déficit de conducción política.
-¿Qué siente como opositor cuando ve al gobierno con un 26% de aprobación? Hay algunos que creen que eso es bueno porque el poder está más cerca de cambiar de mano...
-A mí no me pone contento. Yo quiero que a este gobierno le vaya bien, para que al país le vaya bien. Además, porque no podemos hacer la apuesta fácil y engañosa de creer que porque al Gobierno le va mal a nosotros nos va bien automáticamente, que nos van a elegir por descarte, por ser el mal menor. Me parece de una mediocridad tremenda. Tenemos que hacer bien la pega, tener mejores ideas y mejores líderes.
-La DC forma parte de una coalición que nace con el objetivo político de vencer a Pinochet en las urnas. Lo logra y luego dicha coalición gobierna durante veinte años. En ausencia del viejo elemento unificador, ¿cuál es el proyecto común que une a la DC con el PS, PPD y PRSD hacia el futuro?
-Yo me siento cómodo en una coalición de centroizquierda que ha sido capaz, hasta hace poco, de interpretar a una mayoría social y política en Chile. Nuestra participación ha sido clave en términos de gobernabilidad democrática, crecimiento económico y equidad social. Uno de los mayores servicios que la DC ha prestado al país es ser parte de una coalición de centroizquierda. Como dice graciosamente el senador Navarro, pero con mucha sabiduría, “sin la DC la Concertación es la Unidad Popular”.