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Artículo correspondiente al número 285 (24 de septiembre al 7 de octubre)
Sus declaraciones suelen generar polémicas de proporciones. En parte, porque vivió en carne propia momentos complicados de nuestra historia. Fue alertado en varias ocasiones de que era blanco de grupos terroristas. Hace pocos días, entregó nuevos antecedentes sobre el asesinato del senador Jaime Guzmán. Esta es su versión. Al detalle. Por Alfonso Pero; Fotos, Verónica Ortiz.
Nos recibe en su departamento. Cuelgan los Mattas. Posan las esculturas griegas. El escenario es el ideal para “recordar”, como él dice, episodios del pasado. El tema central: el brutal asesinato del senador Jaime Guzmán en abril de 1991. Ese día, el fundador de la Unión Demócrata Independiente, como de costumbre, cumplió la misma rutina de siempre: almorzó, durmió su siesta e hizo clases de Derecho en la Universidad Católica. El fatal desenlace culminó en el Hospital Militar horas más tarde.
Hace algunos días, el ex ministro secretario general de gobierno Francisco Javier Cuadra señaló que fue alertado por el general (R) Jorge Ballerino sobre un posible atentado en su contra. Rápidamente surgieron varias preguntas. ¿Si sabía el ejército, por qué no se lo comunicaron a Jaime Guzmán? ¿Estaba el gobierno al tanto? ¿Cómo era el flujo de información entre ambas instituciones? El puzzle está lleno de aristas. En esta entrevista se hace cargo de varios vacíos históricos que rondan en el caso Guzmán.
Según Cuadra, todo indica que el senador fue informado por el ejército antes de ser asesinado. Entrega argumentos, pistas y menciona un diálogo casi “textual” entre Ballerino y el general Ramírez Rurange. Según su versión, Guzmán, tras ser advertido, le dijo a Ramírez que le agradecía mucho la información y que conversaran en la noche, porque en ese momento estaba almorzando.
Vamos por partes.
-Algunos piensan que sus declaraciones son tardías y que generan un revuelo desmedido.
-Hablo de lo que sé y lo que sé lo digo con la verdad, aunque me duela. Lo que hago es, simplemente, un recuerdo histórico. Y si es recibido con consistencia es porque el mensaje es consistente. Nada más. Mi interés es exclusivamente histórico. Ojalá el recuerdo que he hecho del caso Guzmán sea fuente para que el proceso llegue a conclusiones más ciertas sobre la identidad real del delito. No sólo respecto de los autores materiales, sino también de los intelectuales y de las circunstancias que rodearon el asesinato de Guzmán.
-¿Cómo lo recuerda?
-Tengo por él una gran admiración y una enorme simpatía, porque es de los pocos políticos chilenos que he conocido, con una honestidad y un coraje que se echan de menos en este país. Lo que más quiero es que los recuerdos de estos días –ojalá tuviera más, pero no los tengo– sean útiles para determinar toda la verdad. Su muerte me impactó muchísimo. Además, yo iba en la misma lista.
-El asesinato del senador Jaime Guzmán vuelve al tapete porque, aparentemente, había un flujo de información entre el ejército, a través de Jorge Ballerino, y el ministerio del Interior.
-Desconozco cómo pudo haber sido. Tuve un primer contacto de Ballerino el jueves santo, cuando me alerta de que hay información sobre el riesgo de un atentado terrorista. Me mencionó a los tres Sergios (Fernández, Jarpa y Diez), a Jaime Guzmán y a mí. Desconozco si ese aviso se lo da a otras personas o no. El segundo contacto se produce el lunes en la mañana y me dice que la reunión que íbamos a tener los mencionados en la lista ese día en la noche todavía no se puede realizar porque no han podido ubicar a Guzmán. Y me pregunta si sé cómo ubicarlo. Le dije que sabía que Guzmán iba a misa a mediodía en El Bosque, que luego almorzaba en su departamento, dormía siesta y después se iba a hacer clases de Derecho constitucional a la Católica, en el Campus Oriente.
-Es bastante raro que Ballerino no haya podido contactar a un senador con una agenda que conocía medio Chile.
-A ver, estamos en Chile. A mí me llaman un jueves santo a las 19 horas. En esas fechas, la gente deja el ámbito público y se va al privado. A mí no me llama la atención. Es parte del “ser chileno”. Se retoma la preocupación el día lunes y como no lo logran ubicar, me preguntan a mí. No sé a quién más le pueden haber preguntado, porque con Ballerino no he hablado nunca más estas cosas. Le doy esos datos porque el año 90, a través de su secretario, Cristian Pizarro, Guzmán me había hecho varias consultas sobre dos temas que estaba estudiando para el congreso ideológico de la UDI. Uno era sobre el partito popolare, nombre del cual han derivado todos los partidos de centro derecha en Europa. Intercambiamos muchas opiniones y por eso sabía qué hacía Guzmán los días lunes. Además, era el día en que estaba en Santiago. De martes en adelante trabajaba en el parlamento. De hecho, en la noche en que fue el tercer contacto con Ballerino, y que fue en persona, ya muerto Guzmán en el Hospital Militar, me comenta que el general Ramírez, director de Inteligencia del ejército en ese momento, habría logrado contactar a Guzmán y habrían quedado de conversar ese mismo día. A mi forma de ver, eso explica su reacción al salir de clases, cuando visualiza a dos extraños en los pasillos de la facultad de Derecho. Llama al chofer para que ingrese el auto al patio del estacionamiento de profesores. Va a la secretaría de la facultad y a las dos secretarias, la Matilde y la Anita, les llama la atención que haya hecho más llamados de lo habitual. Entiendo, por lo que se ha publicado, que en el momento en que se sube al auto, se lo dice al chofer. Es probable que si el general Ramírez conversó con él a la hora de almuerzo y quedaron de juntarse en la noche para abordar el tema de seguridad, que Guzmán ya tuviera en mente la alerta, y eso explica el comportamiento de sus últimos minutos de vida.
-En esa lista había 5 nombres y a usted se le dio el aviso. ¿Por qué no se les avisó a ninguno de los otros 4?
-No lo sé. Habría que hablarlo con Jorge Ballerino. Puede ser incluso, y esta es una hipótesis mía, que para no asustar a uno ponen más nombres. No lo sé. Personalmente, para el 86, varias veces recibí alertas del equipo de seguridad sobre el riesgo de atentado y 20 años después, el 2006, en la publicación de las memorias de un rodriguista que participó en el atentado contra el general Pinochet, se señala que el objetivo número dos era yo. Tenían identificado mi domicilio, mi rutina e incluso habrían discutido si el momento para asesinarme era dentro de mi casa o a la salida. 20 años después entendí un episodio de un día domingo en que salgo de mi casa en un automóvil y, al frenar en la esquina, se cae el parabrisas. Y eso que tenía un carabinero de punto fijo en la puerta de mi departamento. Rompieron la goma que afirmaba a la carrocería del parabrisas y lo dejaron así, tal cual. Lo cortaron y se fueron.
-¿Y para qué?
-Una advertencia. Una prueba de la vulnerabilidad. La estrategia del terror pasa por eso, también.
-¿Le advirtieron en otras ocasiones?
-El año 92 o 93, el ministro del Interior, Enrique Krauss, me llamó para decirme que había un riesgo de atentado. Incluso, tuvimos protección policial en mi casa. Era casi parte de la normalidad. Era una época muy caliente y las personas que participaban activamente en política pasaban por eso. Lo que me hizo sentido de la entrevista a Norambuena es la similitud que hay cuando, ya muerto Guzmán, le pregunto a Ballerino cómo se explica que haya varios blancos y se dispare contra uno. Me aclara que en la práctica terrorista hay que distinguir entre lo que es el hecho político que se quiere producir y el objetivo militar necesario como medio para ese fin. Siempre se habla de tener varios planes. Norambuena dice que había varias opciones.
-¿Cómo lo hacen para escoger el blanco?
-El más débil desde el punto de vista de seguridad. Si una persona cambia su rutina, tiene gente de seguridad, es más difícil. Desconozco cuál era la situación de seguridad de las otras personas nombradas. No me cabe duda de que Guzmán no tenía mayor seguridad. La rutina es el peor enemigo de la seguridad. Pero como te digo, ese tema lo habló Ballerino conmigo y me pareció un tema muy delicado y muy reservado. No tenía más antecedentes que los que recibí y desconozco si el ejército conversó o no esa información con las autoridades.
-Ese es el tema: si el ejército tuvo antecedentes y qué hizo con ellos.
-No lo sé. Hay que considerar que en marzo o abril del 91 todavía estábamos en una fase muy primaria de la transición. De hecho, no estaba formalmente establecida la oficina de seguridad en el ministerio del Interior, aun cuando, entiendo, ya había personeros que trabajaban en el tema.
-¿Cómo un general del ejército como Ballerino no fue capaz de avisarle a un senador de la república que pretendían asesinarlo?
-Según la información que he entregado, Ramírez habría alcanzado a hablar con Guzmán a mediodía del lunes, pero quedaron de acuerdo en conversar a la hora de comida. Guzmán era muy estricto con su rutina. Casi me acuerdo textual que Guzmán le habría dicho a Ramírez que le agradecía mucho la información y que conversaran en la noche, porque en ese momento estaba almorzando, luego iba a dormir su siesta, después se iba a clases, a la comisión política de la UDI y después tenía tiempo para conversar tranquilamente. El ejército habría hecho el contacto, de acuerdo a la información que recibí de Ballerino la noche de la fecha de la muerte de Guzmán. Eso es concordante con la petición que me hace en la mañana respecto a cómo ubicarlo. Y de hecho lo ubican. ¿Qué pasó el fin de semana? Creo que es el modo chilensis. El jueves a las 20:30 no habrán podido ubicarlo. No insistieron el fin de semana y retomaron el lunes en la mañana. Y como no lo contactaban, preguntaron dónde y cómo y por eso me dice en la noche, lamentablemente con Guzmán muerto, que se habrían comunicado con él. La actitud de Guzmán al salir de clases indica que sí alcanzó a ser informado.