|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Vientos de cambio |
Artículo correspondiente al número 283 (27 de agosto al 9 de septiembre de 2010)
Revisar la red de embajadas, consulados y oficinas de ProChile. Reenfocar objetivos. Reimpulsar la agenda de tratados internacionales. Reorganizar equipos. Recomponer relaciones. Renovar la operación interna. Recuperar el entusiasmo… Es la sinfonía en Re (en Re Mayor, en este caso) de la Cancillería chilena, dirigida por un reconocido personaje del mundo empresarial: Alfredo Moreno. Por Guillermo Turner; Fotos, Verónica Ortiz.
- ¿Soñó alguna vez con ser canciller?
-No.
-¿Y con integrar un gabinete?
-Ser ministro, sí pensaba que era algo que podía ser. Los políticos pueden hacer grandes cosas. Nunca, por grande que sea una empresa, uno podrá desarrollar allí lo que se puede conseguir en el gobierno. Una respuesta que deja en evidencia los motivos que impulsaron a este ignaciano, ingeniero civil, empresario, criador de caballos, ex presidente de Icare y de la Teletón, a cambiar la comodidad de los directorios (o, al menos, así lo imagina la gente) por una agenda inagotable de viajes, reuniones y exposición pública.
-¿Cómo ha sido la experiencia hasta el momento?
-Prácticamente, no he tenido tiempo para una evaluación más personal –responde Alfredo Moreno con una sonrisa.
Es que lo suyo es poner todo el empeño posible para que su paso por el ministerio de Relaciones Exteriores deje huella. No la personal (nada más ajeno a su carácter), sino en la estructura, funcionamiento y objetivos de una cancillería capaz de responder al vertiginoso ritmo y necesidades del Siglo XXI.
Es la reingeniería diplomática, cargada de conceptos propios de la administración moderna: eficiencia, sistematización, rentabilidad, evaluaciones, etc. “El Estado tiene objetivos que son mucho más complejos de administrar que en una empresa privada, y eso nadie lo niega. Pero dicho esto, para hacer una tarea se requiere eficiencia. Cada vez que haces algo de forma ineficiente, hay otra tarea que se está dejando de hacer”, explica Moreno.
Nadie medianamente informado podría declararse sorprendido. Ya el programa de gobierno del entonces candidato Sebastián Piñera anticipaba un ambicioso plan para acentuar en Relaciones Exteriores “el sentido de excelencia, profesionalismo y urgencia que exige el dinamismo del mundo globalizado”. La expresión internacional de la denominada nueva forma de gobernar, anunciaban algunos.
En el edificio Carrera se han tomado el desafío a pecho. A partir del 11 de marzo comenzó un crudo proceso de análisis que incluye repensar la red externa del ministerio –localización de embajadas, consulados y oficinas de ProChile; estudiar su personal, objetivos y evaluaciones– y la lógica de funcionamiento interna, no sólo en aspectos como reestructurar la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (más conocida como Direcon), sino también en su vinculación con los otros organismos estatales y la modernización de procesos internos.
Buenos vecinos
Pero vamos por partes: una pichanga con Evo Morales, el apoyo a Néstor Kirchner para ocupar la secretaría general de Unasur, la presencia en Buenos Aires para el Bicentenario (con cuadro de Allende a sus espaldas) y la más reciente alianza con Rafael Correa han posicionado a Piñera como a un personaje tan hábil como sorprendente en el siempre frágil terreno de las relaciones vecinales.
“La prioridad vecinal es indudable”, enfatiza Moreno. Aunque ello signifique relacionarse con gobiernos ideológicamente distantes. “Cada país tiene su manera de hacer las cosas, sus sistemas económicos, elecciones, democracia… Está claro que podemos conversar, coordinarnos y cooperar con países que tienen un esquema de desarrollo diferente. De hecho, los gobiernos cambian, pero los países y los pueblos subsisten, de manera que se necesitan relaciones de Estado, de pueblos con pueblos, y eso significa que debemos colaborar y relacionarnos con gobiernos de distinto signo”.
-¿Incluso cuando, de por medio, hay temas como respeto de derechos humanos, como es el caso de China?
-Uno puede tener relaciones con gobiernos que son muy diferentes al de uno.
-Pero cortamos relaciones con Honduras por una cuestión de política interna...
-A nivel general, el tema de los derechos humanos está en un escalón por encima. Chile tiene principios que van más allá de la cosa coyuntural de una relación. Cada país es ejecutor de cómo desarrolla sus políticas. Uno no va a dirigir el mundo. Adicionalmente, los organismos multilaterales son importantes. Estamos postulando a ser miembros del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Es otra manera de participar desde una posición desde la cual se puede avanzar más que en las relaciones bilaterales.
-¿Y el eje Pacífico?
-La experiencia muestra, aquí y en el mundo, que los países coinciden en algunos intereses con ciertos países y en otros, con otros.
-¿No hay intención de avanzar en un posicionamiento? El programa menciona, por ejemplo, perfeccionar la carta democrática de la OEA.
-La carta democrática es un estándar mínimo de democracia.
-Es la que permite decir si un país como Cuba puede formar parte de la Organización.
-Pero eso no quita que tengamos relaciones con Cuba, porque no es lo mismo. La relación bilateral es una cosa y la multilateral, otra. Se puede poner un requisito adicional en una organización, pero eso no quita que tengas relaciones bilaterales con gobiernos que tienen el más distinto signo.
-¿Cuba merece formar parte de la OEA?
-La OEA lo que ha hecho es invitar a Cuba y fijarle las condiciones de la carta democrática. El día que las cumpla puede participar. Cuba no se ha presentado ni tampoco ha demostrado que las cumpla.
Definitivo: el ministro no pisa el palito. Maneja el lenguaje como diplomático experimentado. En esto de las relaciones vecinales, priman el entendimiento, los equilibrios y el potencial comercial. Corredores bioceánicos (en noviembre el trío Lula-Morales-Piñera inaugurará el primero, que unirá Santos con Arica e Iquique, pasando por Bolivia); el túnel ferroviario de baja altura por Mendoza (“¿Eso va?”, le pregunto algo escéptico. Respuesta: “bueno, se crearon las comisiones, están los reglamentos, su tarea fundamental es evaluar cuándo, cuánto, de qué manera, rentabilidad… se trata de una inversión grande”), integración energética (“hay que ir pensando de qué manera se complementan estos países en materia de energía eléctrica, gasoductos, oleoductos, etc.”) y delincuencia y narcotráfico (“tema imposible de manejar en forma independiente por cada país”).
También están los asuntos de defensa, en los cuales Chile ostenta grandes avances con Argentina (con homologación de gastos incluida). “Ofrecimos a Perú hacer lo mismo, y ahora estamos trabajando con ellos”, revela Moreno. De paso, la iniciativa fue acogida por el resto del continente y ahora se nos encargó, junto con Argentina y Perú, elaborar un proyecto para establecer un sistema de homologación de gastos para todos los países”.
-¿Cargábamos, a su juicio, con una imagen de carrera armamentista?
Hablemos de Bolivia
“Tenemos un sistema de trabajo con ellos y estamos haciendo el mayor esfuerzo ambas partes por conocernos, tener claros nuestros intereses y restricciones. Como ha dicho el presidente, tenemos la mejor disposición para avanzar y colaborar en resolver los problemas mutuos que existan, pero también tenemos restricciones”.
"Tenemos la mejor disposición para que Bolivia tenga el mejor acceso posible al océano Pacífico”.
“Hay ciertas restricciones, como soberanía, no dividir el país. Son aspectos que es bueno que estén claros y precisos, para que se avance en cosas útiles, factibles y concretas. Hemos avanzado. Estamos terminando el procedimiento para que puedan usar el puerto de Iquique”.
-Nosotros creemos que la paz es lo más importante. Pero cuando uno empieza con este tema del armamentismo, agresividad, sabe dónde empieza y no dónde termina. Lo que hay que hacer es objetivizar las discusiones. Una buena manera es que todos sepamos cuáles son los gastos, qué hace cada país y que sea transparente. Como dice el presidente, no hay mejor desinfectante que la luz solar. Para eso, los números tienen que estar construidos iguales y ser comparables.
-La estrategia con Perú, ¿consiste en establecer agendas paralelas: diferencias limítrofes por un lado y avance comercial por el otro?
-Es la obligación nuestra y también de las autoridades peruanas. Buscar de qué manera podemos cada uno defender nuestros derechos e intereses y, por otro lado, trabajar los demás temas. La Haya durará dos años o dos años y medio, y luego de eso seguirán existiendo Chile, Perú y todas las cosas que estamos haciendo. Tenemos muchas cosas en común.
-¿Tenían una visión crítica de cómo se llevaba el tema de las relaciones vecinales?
-Más que criticar o no, lo que estamos tratando es de mejorarlas sobre la base de la franqueza. Nueva finta del ministro. Diplomacia más que internalizada.