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Artículo correspondiente al número 250 (17 al 29 de abril de 2009)
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DESAFIOS ECOLOGICOS
En la empresa la escasez de recursos ya no tiene sólo una dimensión económica, sino que también ecológica. Quienes no asuman este nuevo axioma, se encojan de hombro o le quiten la vista al problema, correrán con tanta desventaja que podrían estar sentenciándose a muerte. Por Roberto Sapag.
Hubo una época en que los recursos naturales abundaban y las personas eran pocas. Hoy, la realidad es la inversa, lo cual obviamente no puede ser omitido de la ecuación de las empresas que usan dichos recursos naturales para producir e interactúan con esas personas, ya sea como clientes o como vecinos.
Decimos esto no con la idea de asustar a las compañías para que hagan un vulgar apriete de tuercas de sus gerencias operativas. No. Lo decimos –sin ser presumidos– con la mirada puesta un poco más arriba, en lo que deben ser sus lineamientos estratégicos. Y es que por recursos escasos no sólo se debe entender falta de materias primas, sino que también un ambiente con menos espacio para emisiones, mercados menos tolerantes a productos sin certificado o ineficientes ambientalmente y consumidores cada vez menos indiferentes a lo que sucede en su entorno y en el planeta.
En simple: mientras por un lado los cuatro elementos básicos (el agua, el aire, la tierra y el fuego, léase la energía) se están probando cada vez más perecederos, por otro, variables sofisticadas como las preferencias de los consumidores, las dinámicas sectoriales y los marcos normativos, también se están ajustando, lo cual no sólo pone estrés al día a día de las empresas, sino que también desafía sus estrategias de largo plazo. Para identificar estos retos, ponerles números y olfatear por dónde podrían discurrir, conversamos con tres expertos de primer nivel. Nos referimos al profesor de Ciencias Ecológicas de la Universidad de Chile Javier Simonetti; el profesor universitario, PhD y Master de la Universidad de Iowa Marcelo Mena y al director de la Conama, Alvaro Sapag.
Los retos del destino
No hay dos opiniones. Los macro desafíos de las empresas tienen que ver, por lo bajo, con los cuatro elementos básicos (agua, aire, tierra y fuego). O sea, con su escasez y la necesidad de darles un uso eficiente.
1 Pura energía
El reto energético de las empresas tiene una doble dimensión. Por un lado está producir efi cientemente, sin derroches ni costos onerosos y, por otro, presentar una oferta de productos que sean efi cientes en cuanto a uso de energía. El valor asociado al primer ámbito cae de cajón, aunque no se limita sólo a no derrochar energía o desangrarse en costos. También tiene que ver con que los consumidores se están informando sobre cómo produce cada cual, sobre su huella de carbono, y no pocos están comenzando a castigar a los incumplidores. De ahí que cada vez más empresas estén mirando con otros ojos las energías renovables no convencionales, y no por simpático sino que por pragmático.
El segundo ámbito, que se refiere a presentar una oferta de productos eficientes energéticamente, ya no tiene que ver con una moda. “Los consumidores, por convicción y espíritu pragmático, están pidiendo procesos verdes y productos verdes, que les reporten ahorros en agua y en luz. Es más, diría que la gente está cada día más dispuesta a pagar precios más altos a cambio de productos que le brindan estos atributos; entre otras cosas, porque las tasas de retorno, las velocidades de recuperación de esos mayores precios, son cada vez más cortas”, dice Mena.
2 Agua que has de beber
Para Simonetti, uno de los desafíos más potentes que encara el mundo, y por ende la empresa, tiene que ver con la disponibilidad de agua... y agua limpia. “Para hacerse una idea, digamos que un 55% de toda el agua que fluye por ríos, esteros y otros (el agua de escorrentía), está bajo control humano. Una de cada dos moléculas de agua que fluye en el mundo la dominamos nosotros”. Salvo unas cuantas cuencas, dentro de poco no habrá más disponibilidad de agua corriente. De esa escasez brutal se deriva que en este tema palpita un conflicto en potencia.
Y acá, nuevamente, el valor del agua es doble: cómo se distribuye entre distintos agentes económicos y cómo se la devuelve al ambiente. Un tema de gran calado, que involucra al Estado y a cada uno de los agentes económicos (del agro, energía, minería, turismo, etc.), los cuales deben tomar conciencia de que lo que hace uno no es indiferente al otro. “Y acá no se trata de decir que tú usas más que yo (el agro representa el 75%), sino que asumir que esto abarca a todos por igual”. En este ámbito no vale hacerse trampas en el solitario: la reutilización del recurso es clave, lo que supone hacer inversiones y explorar nuevas fronteras tecnológicas.
3 Territorialidad y vecindario
Como la tierra tampoco es infinita, es evidente que cómo la usamos también supone un reto. Y acá no se trata de echarse al bolsillo los derechos de propiedad y decir por decreto qué se puede hacer o no con cada propiedad. Por el contrario, se trata de aportar información para que los agentes económicos tomen las decisiones más racionales y eficientes. Pero también se trata de mirar el conjunto y no a cada una de las partes por separado. Es decir, la noción de territorialidad supone que así como debe haber normas de saturación individuales, también la suma de las emisiones permitidas no debe exceder lo adecuado.
Otra cosa implícita en el concepto de territorialidad se refiere a que cada empresa debe estar consciente de que puede integrarse de mejor manera a su “vecindario”, de modo de, por ejemplo, ver qué residuos de sus vecinos se pueden usar como insumos en sus procesos (la Universidad de Iowa usa para calefacción quacker y biomasa de sus vecinos) y cómo pueden transformar una externalidad negativa en positiva. Al respecto, Mena dice que en Dinamarca hay compañías generadoras que distribuyen distritalmente, a través de tuberías, el calor que se produce en exceso a los hogares vecinos. Lo cual evita que esos hogares quemen otros combustibles para calefaccionarse, algo que se podría pensar, por qué no, para el caso de la Central Renca.
4 Aire al microscopio
Los expertos consultados concuerdan en que el tema de las emisiones aéreas ya está razonablemente abordado. Con todo, sí hay en este ámbito retos potentes en lo mediato, los cuales se derivan de las nuevas normas de material particulado fino. Si bien esa norma contempla una aplicación gradual, si se aplicaran ya las exigencias contenidas para las últimas etapas, sólo dos ciudades en Chile cumplirían las normas (Viña y Valparaíso), lo cual por cierto tendría alcances impensados en cuanto a operación industrial, ya que en los hechos virtualmente todos los centros urbanos del país serían zonas saturadas. Y ojo, que en esto hay plata. El país, las empresas, todos tendrán que hacerse cargo del tema, porque son miles los millones de dólares en salud y vidas lo que cuesta no contar con una atmósfera respirable. Las empresas deben desde ya explorar soluciones tecnológicas de modo de dar con aquellas cuyo costo sea razonable para su operación, ya que llegará el día en que no será presentable que ese costo esté prorrateado en la salud de los habitantes.
Cable a tierra
De todo lo anterior se derivan desafíos verdes muy concretos para las empresas. Este no es un tema que invite sólo a preocuparse, sino que exhorta a ocuparse, a hacer cosas ya. Los mismos expertos consultados nos ayudaron a construir los retos prácticos para el mundo de la empresa, que pasamos a detallar. Sin embargo, hacemos una salvedad: estos no son los únicos desafíos, hay muchos más que se vislumbran si se complica el tema ambiental a nivel mundial y si la presión de las comunidades sigue en ascenso.
1 Ser y parecer verde
De nada sirve ser verde si la comunidad no le cree a su empresa que es verde. Y no se trata de subsanar el asunto con marketing. Ser y parecer verde supone un trabajo integral que esté anclado en el ADN de la compañía, porque la gente yo no se traga el “blanqueo” verde. En el fondo, su empresa debe transmitir algo que es y no sólo transmitir. Y si nos cree, entérese: hay estudios que muestran que en algunas firmas la segunda dimensión más importante para sus clientes es el tema ambiental, después de la calidad del producto en sí.
A este nivel suelen surgir los aprensivos que dicen para qué “gastar” en esto y dar ventaja en el manejo de costos a nuestros competidores. Si usted piensa así vaya reseteándose, porque lo ambiental será un must en la imagen corporativa del futuro. Hacer empresa hace rato que dejó de ser “maximizar utilidades para el accionista” y punto: es maximizar utilidades sin externalidades negativas para el entorno, lo que obliga a evitar, minimizar o mitigar esos efectos.
2 Reciclar y reciclarse
Como dijimos, para la primera revolución industrial había muchos recursos naturales y poca gente y en cambio ahora la situación es la inversa: los recursos son pocos y las personas muchas. De ahí que haya que tener procesos productivos más racionales, de modo que cada unidad de insumo genere más unidades de venta. Esto supone también incorporar a la ecuación productiva el reciclaje. “Se puede producir poleras, cuadernos, lo que sea, introduciendo en la parte de los insumos, una parte de reciclaje. El modelo de ‘una pasada’ y a la basura está out. Es irracional –dice Mena– y tendrá sanción social, que la ecuación de un vaso plástico, por ejemplo, sea que por un lado hay un producto que cuesta 15 pesos y dura 2 minutos y por el otro un desecho que se demora miles de años en un basural. Eso desafía toda lógica”.
3 Registro ambiental
Ya sea por políticas comerciales, por exigencias de normativas o porque las contrapartes lo demandan (hay industrias que exigen sello verde para comprar), las empresas van a necesitar llevar sus propias cuentas ambientales. Conocer su huella de carbono, su costo en términos de CO2. Este es un desafío cultural de la empresa, ya que lo que por mucho tiempo fue una externalidad ahora debe ser una parte consustancial de su quehacer. En Chile la toma de conciencia ha sido hasta ahora heterogénea, pese a que esto se terminará imponiendo más temprano que tarde y a que en ese cambio cultural palpita un sinnúmero de oportunidades para crear valor.
4 Repensar procesos
Se debe mirar al “sistema empresa” no sólo desde el input y el output. También hay que meterse de cabeza a revisar los procesos internos, la forma de hacer las cosas. Muchas compañías se han reformulado logrando potentes ahorros en energía y uso de recursos, cuestión que demás está decir es amigable con el ambiente, ya que los recursos son escasos.
5 Prepararse para el futuro
El desafío de asesorarse ambientalmente sobre cómo evolucionará el medio también es una obligación estratégica de las empresas. Hay un cambio climático evidente en marcha y si sube la marea, cambia el sentido de los vientos, deja de nevar o de llover o varía la temperatura, ciertas actividades ya no podrán realizarse donde hoy se ejecutan y otras sencillamente no podrán realizarse. Piense en lo que significa para un centro de ski que deje de nevar... El tema es tan serio que, cuenta Simonetti, hay compañías de seguros que están metiendo este tema en sus ecuaciones e invirtiendo muchos millones de dólares en proyectos para mitigar el calentamiento global, porque los siniestros las pueden echar de espaldas. Este dato debieran mirarlo los escépticos, porque sus competidores lo están haciendo. De hecho, nos dicen que en el agro a nivel internacional le están poniendo número a estas cosas: ya se calcula cuánto cuesta un servicio de polinización si un día llegan a faltar las abejas, cuánto cuesta un agujero más grande en la capa de ozono para la actividad ganadera y cuánto vale un murciélago en términos de control de plagas.