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Verde: un buen negocio

Artículo correspondiente al número 250 (17 al 29 de abril de 2009)

 

Inicio
CON EL CO2
HASTA EL CUELLO


Nunca antes la conjugación de dos elementos como el carbono y el oxígeno (CO2) habían sido tan importantes para Chile. La razón es una sola: estamos en los descuentos de lo que será una de las negociaciones más gravitantes a nivel mundial sobre cambio climático. Nuestros niveles de emisiones, crecimiento y aspiraciones de ingresar al OCDE, nos pueden jugar en contra. Por Sandra Burgos y Paula Vargas


En diciembre de este año, Copenhague se convertirá en el centro de atención del mundo desarrollado y en vías de desarrollo. Allí comenzará la discusión de lo que se conoce como el período post Kioto –en referencia al protocolo internacional sobre cambio climático vigente entre 2008 y 2012– y de los compromisos que las naciones del mundo asumirán a partir del 1 de enero de 2013.

La negociación va más allá de los asuntos medioambientales. En realidad, se trata de definir un nuevo modelo energético mundial, elegir los recursos naturales que se podrán explotar y establecer la competitividad de las industrias internacionales en el futuro. Incluso, definir un modelo social de comportamiento que sea sustentable.

Aunque nuestro país ratificó Kioto, no se vio obligado a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, como ocurrió con las naciones más industrializadas, pero los alcances de la nueva discusión, sumados al comportamiento de Chile en la materia, hacen prever que esta vez las decisiones que se tomen no nos dejarán indiferentes, ni al Estado ni a las empresas locales.

Somos responsables del 0,2% de las emisiones globales de CO2, pero midiendo en términos absolutos, estamos dentro del 25% de los países con mayores emisiones del mismo. Adicionalmente, nuestra tasa de crecimiento de las emisiones acumuladas entre 1990 y 2005 está dentro de las más altas del planeta y equivale al promedio de lo que han crecido en el mismo período China e India. “Si se miran las cifras mundiales, Chile es el primer país occidental en crecimiento, está en el lugar 14 y se presenta con un mayor PIB per cápita que algunos de los países de Europa del este, que ya están aplicando medidas de mitigación de sus emisiones. Eso nos deja en una posición delicada”, explica Juan Eduardo Vásquez, gerente de la división Negocios y Gestión de Energía de Colbún.

Si a esta performance sumamos nuestra aspiración de llegar a formar parte de la OCDE, las cosas se complican más, ya que recibiremos presiones para establecer compromisos de mitigación de CO2 equivalentes a las que están asumiendo los integrantes de este selecto grupo de países.

“En el ambiente se respira que esas son las intenciones de la Unión Europea y Estados Unidos. De hecho, los americanos han sostenido que tanto India como China no pueden tener una condición de ventaja respecto a un desarrollo económico que se estaría haciendo a costa de una gran cantidad de emisiones”, asevera Vásquez.

Manuel Antonio Sánchez, director de Poch Ambiental, estima que lo más probable es que países como Chile caerán en un anexo voluntario, porque nuestras emisiones per cápita son muy altas y muy cerca de China en el ranking. “Al año 2007 emitíamos del orden de 80 millones de toneladas de CO2; es decir, cerca de 5 toneladas de CO2 per cápita; en 2005 estábamos alrededor de 3,9. Eso es mucho, pensando en todos los compromisos que se establecerán a futuro, ya que a nivel global se quiere llegar a las 3 toneladas per cápita de emisión”, afirma.



Lo que está en juego

A nivel de autoridades, la defensa se sustenta en ese 0,2% de las emisiones globales atribuibles a Chile. En otras palabras, las exigencias que se nos planteen tendrán un mínimo impacto en la situación mundial. Y punto. Pero esta política tiene riesgos, porque la exigencia de mitigación puede venir a través de medidas sectoriales, afectando –por ejemplo– a la minería del cobre o la producción vitivinícola.

MEXICO VERDE

Aunque la problemática de México es mucho más compleja que la local (por el nivel de emisiones que genera ese país: superior a las 6 toneladas per cápita), es un referente en la escena latinoamericana, al ser una de las pocas naciones emergentes con un plan de acción concreto, que incorpora metas y propuestas de adaptación y mitigación de emisiones de CO2 en un horizonte de 40 años.

Capital conversó con el líder de la delegación mexicana frente al Cambio Climático, Fernando Tudela, quien manifestó que estos avances vienen de un convencimiento a nivel ejecutivo y empresarial: “no podemos darnos el lujo de ser pasivos en esta discusión, somos un potencial perdedor del cambio climático y si no tomamos en serio estas materias y compromisos, puede significar una pérdida de competitividad que nos dejaría fuera de los principales mercados mundiales”.

Tudela explica que la meta es llegar a las 2,8 toneladas per cápita al 2050. “Pero no podemos hacerlo solos, necesitamos el apoyo de los países desarrollados y de un esquema de cooperación financiera”. Por ello, han constituido un potente grupo de negociación junto a Corea del Sur y Suiza, en el que sus consultas y propuestas son materia de discusión.
 

Eso explica los esfuerzos de las multitudinarias delegaciones de países como Brasil y México (ver recuadro) y su protagonismo en prácticamente todos los paneles e instancias de negociación. Muy distante, por cierto, de la tímida presencia chilena en la materia. El propio representante chileno de la Cepal para Kioto, Eduardo Sanhueza, dice que esta pasividad nos pasará la cuenta. Recién llegado de la última convención de cambio climático en Bonn, entrega sus advertencias: “estamos siendo tremendamente poco agresivos en aspectos que debieran preocuparnos. Por ejemplo, debimos tener una discusión mucho más activa en el tema de huella de carbono, donde claramente está en juego la competitividad de la industria exportadora, por la gran barrera comercial que implicará la medición de las emisiones desde la producción, el transporte y su llegada al punto de venta. Pero no estamos en esas discusiones”.

Aunque también es de los que aseguran que los principales compromisos serán consensuados entre los “grandes”, como la Unión Europea, Estados Unidos y las economías emergentes –China, India, Brasil y México– advierte que Chile igual tiene que defenderse o, al menos, involucrarse en la discusión de asuntos que, de seguro, nos afectarán. “Necesitaremos financiamiento internacional y transferencia tecnológica para adoptar medidas de adaptación y mitigación de emisiones de gases contaminantes, pero los únicos que están peleando esto son Brasil y México, y ellos defienden sus intereses, no los nuestros”, advierte Sanhueza.

Coincide el encargado de energía y medioambiente del PNUD y académico de la Universidad de Chile, Raúl OʼRyan: “para crecer tendremos que aumentar nuestras emisiones y esa preocupación también hay que plantearla. Chile debe ser capaz de negociar esquemas de control de emisiones que no le sean tan desfavorables, y para eso tiene que juntarse con países similares de Latinoamérica y asiáticos para tener una posición negociadora conjunta y más potente”. Y eso, al parecer, no está ocurriendo.

El gerente general de Colbún, Bernardo Larraín, dice que el gran desafío es tener un posicionamiento estratégico de Chile y las compañías frente a este tema. “El fenómeno existe y trae consecuencias económicas”, sentencia, y agrega que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) tienen un costo, que hoy no es 100% conocido, pero que pronto será explícito. “Ya lo es en el mercado europeo, en Estados Unidos es inminente que se establezca un sistema de cap and trade (fijación de límites máximos e intercambio de los derechos de emisión), mientras que México anunció recientemente que también adoptará un sistema similar en los sectores energéticos. Este costo, indeterminado hasta ahora, pronto será explícito, por lo que el tema relevante es ver cómo llegará a países como Chile”. Añade que “si uno analiza las dinámicas de las fuerzas políticas y económicas, finalmente este costo llegará a Chile, ya sea por razones de regulación, porque la OCDE lo impondrá si somos miembros, o por razones de mercado o fuerzas proteccionistas”.



La carrera de Chile

En el equipo negociador de Chile, encabezado por representantes de la Conama, dicen que hay conciencia del peligro. De hecho, manifiestan la necesidad de reforzar las posiciones y la delegación oficial que asiste a los foros, sobre todo en las próximas convenciones, donde se debieran analizar propuestas concretas para los países en desarrollo.

Aunque todo indica que no somos la delegación más activa, en el último tiempo nuestra participación en la discusión sobre cambio climático va más allá de la anecdótica charla de Al Gore o de la visita del príncipe Carlos. Se han comenzado a movilizar los esfuerzos en diferentes frentes, como lo prueba el Plan de Acción de Cambio Climático desarrollado por la Conama, en cuyo marco se presentó en diciembre un estudio que detectó los sectores más activos en cuanto a emisiones de CO2: energía, minería, industria, transporte y agricultura. El inventario sólo consideró cifras hasta 2006 –es decir, previo a la crisis energética, período en que se aumentó la quema de combustibles fósiles para generación de energía– por lo que a la fecha la cifra de emisiones en el sector energía se estima significativamente mayor.

Pero sobre metas de emisión y medidas concretas es poco lo que se ha avanzado. Salvo el ministerio de Agricultura y la CNE, las otras reparticiones parecen más alejadas del problema. Agricultura tiene un plan de acción avanzado, trabaja en propuestas concretas para el agro y el sector alimenticio, donde Chile pretende obtener la categoría de carbono neutral.

En Energía, la máxima autoridad de esa repartición, Marcelo Tokman, señala que allí han encendido una luz de alerta en la materia: “es un tema que hay que tomar en consideración, porque puede haber una expansión de la oferta energética en base a diversos tipos de tecnologías y algunas de ellas pueden ser muy intensas en emisiones de GEI, lo que –eventualmente– puede significar algún tipo de restricción para el país”. Aprovechar el potencial hidroeléctrico, con miras a tener un mayor control sobre las emisiones, y mantener acotada la participación del carbón en la matriz energética, sería una opción a seguir.

Y detrás de esta definición hay más que buenas intenciones. Tokman destaca que la meta es no superar los promedios de emisiones de los países miembros de la OCDE, que llegan a 10,93 toneladas de CO2 por habitante. El asunto es que todo está presionando para que el valor actual de 10,93 vaya a la baja. Concretamente, para el año 2030 habrá que cumplir una media de 3,2 toneladas de CO2 per cápita y a los países de la OCDE se les exigirá algo más estricto aún. Una interrogante resume el problema: ¿Cómo puede Chile seguir creciendo si ya supera el objetivo 2030?

Pero Bernardo Larraín ve una oportunidad. Cita un paper reciente del Banco Mundial, el cual explica que Latinoamérica tiene un potencial de mitigación de GEI muy eficiente si apunta a la eficiencia energética, si se reduce la deforestación en Brasil y se utiliza el gran potencial de energía renovable, en particular la hidroelectricidad.

“La gracia es que, además de ser abundantes, estas fuentes de mitigación tienen una relación costo/beneficio muy favorable en relación a las opciones de mitigación que tiene el mundo desarrollado. El desarrollo del gran potencial hidroeléctrico de Chile es la forma en que el país se debe posicionar en este tema del cambio climático, porque el mismo Banco Mundial estimaba que sólo un 22% de este potencial está desarrollado. Eso nos permitiría acercarnos a ser un país carbón neutral, tal como lo plantea Costa Rica, que se ha posicionado como un país verde, con un turismo ecológico muy desarrollado y donde el 60% de la matriz energética es hidroeléctrica. Si bien el desarrollo de la hidroelectricidad debe ser el pilar de nuestra posicionamiento estratégico frente al cambio climático, también debemos hacer respetar nuestro derecho a tener un complemento térmico eficiente, en circunstancias que la generación a carbón –por ejemplo– representa sólo un 15% de la matriz energética en Chile hoy, en comparación con sobre un 50% del mundo desarrollado”, asevera.

 

 


La temida huella de carbono

Uno de los mayores temores de los sectores productivos chilenos es que los países desarrollados comiencen exigir la trazabilidad de la huella de carbono; es decir, que se obligue a los productos importados a informar sobre las emisiones de GEI que significó su elaboración y transporte.

Andrea Rudnick, jefa de Proyectos de Poch Ambiental, explica que la huella de carbono permite administrar la eficiencia de una compañía, porque identifi ca los focos de emisión y, por ende, dónde se pueden hacer las reducciones en toda la cadena de producción, desde las adquisiciones, la producción misma, almacenamiento, embalaje, transporte y lugar final de consumo e, incluso, los residuos posteriores.

Agrega que esta práctica en un momento se hará más extensiva en Chile. “Ya sea porque estemos en el anexo reclasificado o porque nuestros mercados de destino lo están exigiendo, estaremos obligados a tener un inventario de nuestras emisiones y a hacer reducciones. Además, aquí hay un tema gravitante para Chile, porque si los países desarrollados acuerdan que en la huella de carbono se deben incorporar las emisiones por concepto de transporte, el impacto para nuestros productos será alto”, considerando lo lejos que estamos de los mercados de destino y el nivel de emisiones que produce el transporte.

Si la teoría dice que faltan años para que Chile se vea obligado a iniciar un plan de mitigación formal de emisiones, en la práctica el mundo privado ya siente las exigencias de los países desarrollados. Marina Hermosilla, gerente de Asuntos Ambientales de la cementera Polpaico (ver recuadro), señala que si bien no son exportadores, han tenido clientes que están preocupados por la trazabilidad. “Hay un cliente con matriz española que nos pide que por cada venta que le hacemos, indiquemos cuáles son las emisiones de efecto invernadero involucradas en el hormigón que compran”.

Otro caso: en Inglaterra –uno de los principales destinos de exportaciones de fruta y vino– hay cadenas de supermercados como Tesco que han empezado a exigir a sus proveedores la trazabilidad de la huella de carbón.

El presidente de la Asociación de Exportadores, Asoex, Ronald Bown, señala que por ahora son mercados aislados los que están recomendando incorporar la huella de carbono al etiquetado de los productos, principalmente las manzanas destinadas a supermercados ingleses y que es nuestro principal envío a ese país. De ahí que los exportadores hayan encargado un acucioso estudio de la huella de carbono en estas frutas, el que está en su fase final. Bown adelanta los resultados y advierte que se trata de emisiones muy similares a las presentadas por las manzanas neocelandesas, nuestra principal competencia.

Otra industria que se ha sensibilizado en este tema es la vitivinícola. René Merino, presidente de Vinos de Chile, consigna la existencia de empresas que en sus reportes de sustentabilidad han incorporado la huella de carbono, preparándose para cualquier medida que restrinja el comercio.

Asimismo, algunas viñas están trabajando en conjunto con CristalChile en soluciones de mitigación del CO2, con envases con una menor cantidad de vidrio (ver recuadro). Las viñas también apoyan los esfuerzos para alcanzar la etiqueta de emisores de carbono neutral. Una acción similar desarrollan las empresas Forestales.

Preocupados también por la trazabilidad están en la minería. Algunas empresas trabajan en lo que denominan Ciclo de Vida del Cobre. El asesor de eficiencia energética de Collahuasi, Diego Lizana, explica que está en sus planes el contar en un futuro próximo con la trazabilidad del CO2 emitido por sus productos. “Además, nuestra compañía está elaborando desde febrero del año pasado un programa de eficiencia energética e hídrica, para disminuir los aportes de GEI”, señala.

La minera del grupo Luksic Antofagasta Minerals participa en el Carbon Disclosure Project, que reúne a las FTSE 100, en un programa que comprende la divulgación de emisiones de CO2, la declaración de un sistema de gestión que lleve a reducir las emisiones con metas concretas e iniciativas de búsqueda y explotación de energías alternativas. Los resultados de este proyecto se harán oficiales y públicos en mayo de este año. “Esta información nos permitirá gestionar y mitigar las emisiones de CO2 de forma comparable con la industria que participa en el proyecto”, explica el vicepresidente de Asuntos Corporativos de la firma, Francisco Javier Veloso.

Así que en el sector privado no se cruzan de brazos. Mantener la competitividad internacional y las puertas abiertas en los mercados de destino son la clave de un negocio que ha permitido a Chile posicionarse como un exportador de fama internacional. Y con la fama no se juega.

 

EL APORTE ECO-GLASS

Una de las compañías que se está adelantando a las exigencias que puedan llegar a imponer los países de destino de nuestras exportaciones, es Cristalchile. El gerente comercial de la firma, Danilo Jordan, comenta que a fines de 2007 empezaron a recibir de parte de sus clientes un input del problema que se comenzaba a visualizar con las emisiones de CO2. Empezaron a estudiar las alternativas y al poco tiempo encontraron una respuesta: había que fabricar envases más livianos, que utilizaran menos vidrio. Con ese diagnóstico partieron a Inglaterra –uno de los países más exigentes en materia de emisiones de CO2-, para analizar la industria del vino y las soluciones que ellos han implementado. “Hicimos un estudio de los envases y trabajamos en el diseño de botellas que mantuvieran el mismo look, pero que fuesen más livianas. Ahí definimos una familia de envases que resultó bien atractiva y que denominamos eco-glass”, explica Jordan.

Las nuevas botellas son entre 10% y 15% más livianas, lo que significa una reducción en el tonelaje que se exporta de vino -por concepto de envase- y que tiene una relación directa con menor generación de CO2. “Con eso lo que estamos diciendo es que si hoy se exportan 40 millones de cajas de vino, nosotros vamos a aportar entre 15 mil y 20 mil toneladas menos de vidrio, lo que significa una menor generación de CO2 y una baja en los costos de los fletes al extranjero”.

Adicionalmente, esta nueva línea de botellas tiene la ventaja de ser más económica. “Nosotros buscábamos hacer botellas ecológicas y más livianas; lo conseguimos y, a la vez, con efectos óptimos, ya que nos resultó un producto más barato, lo cual hemos traspasado a nuestros clientes”. Jordan revela que hoy ya tienen al 20% de sus clientes embarcados en este proyecto, “y estimamos a fines de este año a lo menos un 80% de los envases que entregamos en botellas eco-glass, que está destinada a vinos más masivos, que son el 80% de las ventas de nuestra compañía”. La nueva propuesta de Cristalchile –empresa del grupo Claro, controlador de Capital– ha tenido una buena recepción no sólo en Chile, sino también en clientes de Inglaterra y Canadá.

La compañía ahora se está preparando para enfrentar una segunda etapa en esta cruzada por bajar las emisiones de CO2 y así contribuir a disminuir la huella de carbono de las exportaciones chilenas de vino. Se trata del desarrollo de nuevos envases, con formatos diferentes e incluso más livianos que los que comercializan hoy.

 

 

 

EL EJEMPLO DE POLPAICO

Conscientes de que la industria cementera es responsable de un 5% de los GEI que se producen en el mundo, Polpaico ha tomado el asunto como estratégico. Desde su casa matriz, Holcim -la productora de cemento más grande del mundo- se ha impulsado un completo plan de mitigación de CO2. “Ellos identificaron hace más de 10 años los temas más importantes de los cuales la industria cementera debía preocuparse. En ese reporte apareció, entre otros, la generación de gases de efecto invernadero en la producción de cemento, ya que la reacción química que hace la caliza dentro del horno, en la producción del kinkle, libera CO2”, explica Marina Hermosilla, gerente de Asuntos Ambientales de Polpaico. De ahí se originó una agenda de acción que se llama Cement Sustainability Initiative, que fijó metas de reducción de GEI para cada una de las empresas. “Nosotros tenemos como parte del grupo Holcim, la meta de reducir en 20% los GEI con base al año 1990 a 2010”.




LA APUESTA DEL SECTOR FORESTAL

En el sector forestal están viendo con seriedad el asunto. Gonzalo García, secretario general de CMPC, señala que el tema de la trazabilidad y el footprints de CO2 está comenzando a aparecer en algunos mercados, aunque de manera todavía primaria. “Sin embargo, en un futuro, puede constituirse en un requisito para determinados clientes y mercados”, enfatiza. Es por eso que CMPC tiene un plan que contribuye de tres maneras a reducir la emisión de GEI: desarrollando plantaciones forestales renovables, reemplazando combustibles fósiles por biomasa y reciclando papel. Además, está iniciando estudios que le permitirán en el futuro determinar la huella de carbono de sus productos.

El gerente de Asuntos Corporativos y Comerciales de Arauco, Charles Kimber, anota que en la firma están desarrollando un proyecto para determinar el nivel total de emisiones de GEI que producen en todos los puntos de su cadena productiva. “Una vez conocidas las fuentes y el tamaño de este cálculo podremos definir estrategias para reducir emisiones, hacer más eficientes los procesos energéticos o, simplemente, compararnos con las otras empresas, sectores o productos y comunicarlo adecuadamente”. Asimismo, calcularán el carbono capturado por sus bosques (carbon offset).

Una de las empresas forestales que tiene ya los cálculos de sus emisiones y captura de CO2 es Masisa. Iván Rubio, gerente de Operaciones y Medioambiente de la firma, explica que tienen un balance positivo de carbono. La captura acumulada entre 2003 y 2008 fue de 3,7 millones de toneladas de CO2, obtenidas a través de un patrimonio de 164.620 hectáreas de plantaciones de bosques en terrenos propios. La emisión en ese período fue de 432 mil toneladas de CO2, faltando sólo auditar la captura y emisión de 2008. La compañía ingresó voluntariamente al mercado de bonos de carbono del Chicago Climate Exchange, comprometiéndose a reducir sus emisiones en un 6% al año 2010.

 



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Comentarios

7 Comentarios

Guillermo C.Fuentes E :

URL www.limana.com.br Publicado Domingo 27 de Junio, 2010 - 13:01 hrs

CORRECCION DE ERRORES ARTICULO PRECEDENTE : 
 
Planta de Proceso para 100 kilos hora, 
Producciòn Total aproximada de 320.000 kilos de CO2.

Guillermo C.Fuentes E :

URL www.limana.com.br Publicado Domingo 27 de Junio, 2010 - 12:56 hrs

La Huella de Carbono del Vino : 
 
Al respecto en Chile se esàn haciendo esfuerzos en este tema, es el caso de algunas bodegas, quiene estàn midiendo su Huella de Carbono, como asì tambièn el bajar el peso de las botellas para dsiminuir el peso del transporte, pero no el volùmen, cosa muy distinta. 
 
La preocupaciòn deberia ir desde un punto mucho màs objetivo y pràctico y aquì se nota falta de conocimiento tècnico, ya que no se menciona en ningùn articulo la Caputura y Recuperaciòn del CO2 del proceso de fermentaciòn, que por cada 1.000 kilos de uvas fermentadas se liberan o producen 100 kilos de CO2, sino multiplicamos, para una bodega que procesa 10 millones de kilos de uvas està liberando al amiente 1 millòn de kilos de CO2. 
 
Las bodegas modernas utilizan o consumen en promedio 10 kilos de CO2 por cada 1.000 kilos de uvas procesadas, el cual lo compran a las empresas de Gases, cuyo origen es procedente de la quema de combustibles fòsiles, pero el CO2 recuperado y procesado con una pureza de 99,97% es de origen orgànico mucho màs seguro y eficiente, por cuanto serìa para auto-consumo y venta de excedentes, con una rentabilidad tan alta que en dos años se recuperarìa la inversiòn de la Planta de Proceso.  
 
Por ejemplo una Planta para 00 kilos de CO2 por hora tiene un costo aproximado de U$ 290.000 màs U$ 100.000 en habilitaciòn de los estanques fermentadores y sistetma de llenado almacenamiento y llenado de Cilindros, la producciòn durante un peiròdo de 4 meses que dura la vendimia serìa serìa de unos 2.000 kilos por dìa lo que darìa unos 80.000 kilos por mes y en cuatro meses 240.000 kilos en total, ya que las fermentaciones de vinos son discontìnuas, actuamente las bodegad de vinos pagan U$ 4,00 a 5,00 por cada kilo de CO2 para su proceso de maceraciòn y envasado. 
 
Otra ventaja serìa que al capturar el CO2 de la fermentaciòn, neutralizan las emanaciones de los demàs procesos ya que sumado al CO2 que las parras absorven en su proceso vegetativo se lograrìa certificar Cerbono Cero, por quedar con un margen negativo. 
 
Este proceso es el camino que deberìan seguir las bodegas para certificar sus vinos es el ejemplo de bodegas de Australia y Nueva Zelandia, en Argentina en Rivadavia hace unos años atràs habìan dos bodegas de capturaban su CO2 para uso propiò sobre todo para el proceso de los blancos.

INES OSORIO :

Publicado Miercoles 9 de Diciembre, 2009 - 14:24 hrs

TENGO UN PEQUÑÍSIMO TERRENO DE 5OCMS DE ANCHO POR 3 MTS DE LARGO, SERÍA POSIBLE CREAR ABONO ORGÁNICO EN UN TERRENO DE DICHA AREA? MIL GRACIAS, INÉS

jose tomas cuadra:

Publicado Viernes 24 de Abril, 2009 - 22:12 hrs

Excelente reportaje, muy completo , didactico y enriquesedor. Espero poder seguir viendo reportajes de este nivel. Saludos,Atte JOSE TOMAS CUADRA, DIRECTOR WWW.BIOCOMBUSTIBLES.CL

:

Publicado Viernes 17 de Abril, 2009 - 12:07 hrs

Excelentes los distintos artículos, sólo eché de menos que se dijera algo respecto a los bosques nativos.

:

Publicado Viernes 17 de Abril, 2009 - 09:59 hrs

MUY INTERESANTE ESTE TEMA REALMENTE TODOS COMO CIUADANOS TENEMOS UN ROL IMPORTANTE QUE JUGAR EN CHILE POR EL EQUILIBRIO ADECUADO DEL MEDIO AMBIENTE. 
SALUDOS DESDE CHILOE , ESTOY EN LA ONDA DE FORMAR UNA AGRUPACION CIUDADANA VERDE.

carlos Cguillermo Lopez:

Publicado Jueves 16 de Abril, 2009 - 11:57 hrs

Felicito a Revista Capital por sus reportajes Verdes y en especial a sus periodistas... es un buen incentivo para comprometer a sus lectores con el Cuidao del Medio Ambiente desde una prespectiva global.. Sigan en esta linea ya que los negocios no solo son generar dinero sino que entender la RSE de cada empresa.

 
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