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Aunque el mercado tiene una visión pesimista sobre el desenlace de este proceso, en el ABN Amro, banco encargado de la operación, miran el proceso con absoluta tranquilidad, porque aseguran estar dentro de plazo y que hay interesados. Hacia fines de este mes se darán vuelta las cartas y se sabrá quiénes postularon, quiénes digitaron rumores y quiénes los avalaron en ésta, la novela de misterio más prolongada de la temporada.
Por Lorena Medel

Según diversas percepciones, el panorama de SalcoBrand… es complejo, por decir lo menos. Complejo si se asume que ha habido poco interés en adquirir el 74% de la propiedad que las familias Colodro y Selman pusieron a la venta formalmente hace menos de un año. Mientras unos sostienen que el tema está perdido y que a los actuales dueños no les va a quedar más alternativa que seguir adentro y explorar como salida la apertura de la compañía a la bolsa –a fines de este año–, otros apuestan sus fichas a que va a ser el accionista minoritario, la familia de Alejandro Weinstein, la que va a terminar quedándose con el 100% de la propiedad, una vez que la valorización de la cadena de farmacias retroceda si no hay compradores.
A estas alturas nadie se atreve a decir a ciencia cierta qué parte de los comentarios son verdaderos y qué parte falsos. Y como el hermetismo abunda entre los ejecutivos y miembros del directorio, no queda más que conformarse con los comentarios off the record que algún cercano a los dueños, analista o ejecutivo de la competencia (no siempre con buena intención) esté dispuesto a dar… Una lástima.
Pero, en la avalancha también hay percepciones distintas que hacen presente que los plazos se están cumpliendo, que los interesados han invertido mucho dinero y tiempo en los estudios para presentar ofertas y que el ABN Amro tiene experiencia en este tipo de transacciones. La entidad estuvo detrás de la venta de Costanera Norte y de la cadena Disco Ahold, entre otras.
El de SalcoBrand parece un cuento de nunca acabar. Si no es por líos societarios, es por gestión. Si no es por arbitrajes o litigios, es por pérdida de mercado. Y si no es por causas internas o cambios en la matriz ejecutiva, es por caprichos de la competencia. Nadie entiende cómo, pero siempre hay algo que impide a la compañía caminar fluidamente...
-Cuando se terminó el arbitraje que puso fin a las pugnas históricas entre los accionistas de SalcoBrand, las familias Selman y Colodro firmaron un pacto de venta conjunta para salirse de la propiedad -comenta un analista del sector farmacéutico.
Pero él no se detiene ahí. También da por ciertos, hechos que en este momento son difíciles de probar:
-Firmado ese pacto, a mediados del 2005, todos pensamos que las grandes cadenas de retail se iban a pelear ese 74%. Eso, asumiendo que existen pocas empresas en Chile del tamaño de SalcoBrand, con el potencial y las ventajas competitivas que ella tiene. Pero resulta que no fue así. Las pocas que aparecieron, desistieron. DyS, por ejemplo, que en algún minuto sonó como el comprador natural, se salió del negocio. Cencosud ordenó sus fichas y decidió apostar por Colombia, dejando el ingreso a nuevos negocios para más adelante. Ripley, que hace un año había evaluado entrar a la propiedad, decidió concentrarse en mejorar márgenes. Y Southern Cross, que llegó incluso a conversar con los accionistas, hizo una oferta tan baja que nadie quiso seguir conversando… En suma, fue como si todos los astros se hubieran confabulado en contra.
Su versión es que las otras dos cadenas grandes, Fasa y Cruz Verde, que se suponía que también eran compradoras obvias, desistieron, admitiendo que era casi imposible que las autoridades antimonopólicas les permitieran aumentar su participación de mercado a niveles tan altos.
Sin embargo esta versión choca con otra según la cual solamente una de ellas fue invitada por los mandantes –las familias Selman y Colodro– a participar. Porque aquí para entrar se necesita invitación o al menos el agreement de los mandantes.
¿Hay o no hay interesados? En más: ¿no habrá alguien o más de alguien –atendido lo que ha estado apareciendo en la prensa– interesado en que la operación sencillamente fracase?
Lo curioso en este escenario de versiones contrapuestas es que los analistas de mercado coinciden en que se trata de un gran activo. El año pasado SalcoBrand tuvo ventas por unos 400 millones de dólares, alcanzando un 28% de participación de mercado –dos puntos más que 2005– y un crecimiento del orden del 3% respecto del ejercicio anterior. Y aunque nadie niega que es la tercera de tres en cualquiera de las cifras que se mida, hay que reconocer –dicen los expertos– que tiene ejes que no tienen los otros competidores, como la tarjeta de crédito (Matikar), que con 300 mil afiliados explica más del 50% de las utilidades; 290 locales propios y estupendas ubicaciones; y un management desligado de la familia, con ejecutivos de la talla de Francisco Courbis y Alberto Herane, que en medio de todo han logrado racionalizar la gestión, bajar los costos y mejorar el posicionamiento.
Nada de esto es casualidad. Por la inversa, es parte del plan que se trazó precisamente para vender el activo en condiciones óptimas. Y que según el banco se está cumpliendo. ¿Dónde está el problema –si es que lo hay– entonces?
Los que han seguido de cerca esta empresa, más allá de su gestión y sus números, sostienen que el factor de rechazo no tiene que ver con el precio, ni con el mercado, ni con las regulaciones. La piedra de tope, dicen, se llama Alejandro Weinstein… Sí, estamos hablando del polémico accionista minoritario de la compañía, dueño de un 26% de la propiedad. El mismo que hace seis años protagonizó uno de los más bullados casos en el mundo de los negocios y el mismo que tras el arbitraje no quiso sumarse a la decisión de vender de los demás accionistas.
-Nadie va a entrar a SalcoBrand asociándose con Weinstein –señala el director de finanzas corporativas de un banco de inversiones–. El es muy complicado para hacer negocios. ¡Mira lo que les hizo a los Colodro cuando recién se fusionaron las dos empresas!... Además, le han metido tanta cosa a los estatutos y le han puesto tantas cláusulas a la venta, que lo que se está ofreciendo no es un activo simple de analizar. Y eso, espanta a cualquiera.
Para entender un poco el mapa, son dos las cláusulas de venta que quedaron escritas tras el arbitraje. Y las dos, dicen observadores externos, favorecen al que no vende. La primera, llamada tag alone, tiene que ver con el derecho de la familia que encabeza Alejandro Weinstein de vender su parte (26%) al mismo precio y en las mismas condiciones que lo harían los Selman y Colodro, si es que llega un comprador. Algo nada malo, tomando en cuenta que se trata del accionista minoritario. Y si el que está comprando no está dispuesto a quedarse con el 100%, él tampoco pierde, pues la venta se tendría que hacer a prorrata entre todos los que venden.
La segunda cláusula, el drag alone, dice que los que están vendiendo pueden exigir a Alejandro Weinstein vender su parte. Es decir, lo pueden arrastrar a la salida en caso de que el comprador no quiera compartir la propiedad con él. Pero eso, obviamente, tiene un precio.
-Alejandro Weinstein le puso precio a su parte –dice un cercano a la familia Colodro–. Cuando hicieron el arbitraje, la compañía se valoró en cerca de 270 millones de dólares, de lo que se desprendió que el porcentaje de Alejandro valía un poco más de 70 millones de dólares (26%). Si quieren que él se vaya, deben pagarle ese monto. Y si la empresa se valoriza en menos de eso, que es lo más probable, serán los vendedores los que tendrán que poner la diferencia. El, sí o sí, recibe los 70 millones de dólares.
Ahora bien, si el escenario lo obliga a irse, lo más probable es que Weinstein lo haga sin chistar. Después de todo, dicen, SalcoBrand dista mucho de estar entre sus inversiones estratégicas.
Pero hay otras teorías:
-Yo tengo la sensación de que Alejandro está esperando que el precio de la compañía baje más allá de los 150 millones de dólares (que es el valor que algunos barajan hoy), para hacer él una oferta y quedarse con el 100% de la compañía –señala un ejecutivo de la competencia–. El ha dicho, en todo caso, que ésas no son sus intenciones, que prefiere mil veces meter dinero en Recalcine, un producto como Bio Piel en Estados Unidos, en las investigaciones para la industria acuícola o en su tema de las células madre, que en SalcoBrand. Pero yo no sé. La familia Weinstein tiene mucho dinero.
Cercanos a ella, sin embargo, creen que Alejandro Weinstein no tiene ninguna intención de quedarse con el total. Pero que tampoco está dispuesto a irse. Muy por el contrario. Estaría convencido, dicen, de que SalcoBrand es un activo extraordinario y con gran potencial de crecimiento. Según esta versión, él feliz si la empresa la termina manejando alguien como Horst Paulmann, empresario que no haría otra cosa que multiplicar en muchas veces el valor de SalcoBrand, arrastrando en ese círculo de creación de riqueza a los Weinstein. Pero –ojo– en ese escenario él quedaría en una posición muy secundaria y sin todos los resguardos que tiene hoy.