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Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
Hay que tener cuidado con la “ecomoda” que se ha introducido como un factor más a la hora de promocionarla. La arquitectura bioclimática es aquella que diseña pensando en “construir con el clima”, considerando su viabilidad económica y el control térmico interior. Juega exclusivamente con el diseño y los elementos arquitectónicos, sin utilizar sistemas mecánicos, que son considerados más bien como sistemas de apoyo.
Es poca la arquitectura bioclimática que se puede realizar si, de partida, las condiciones urbanísticas no son las adecuadas por obstrucciones solares, exposiciones a viento o malas orientaciones. En tal caso los proyectos siempre serán poco eficientes.
En rigor, esto no es nuevo. Gran parte de la arquitectura tradicional funcionaba según los principios bioclimáticos, en el tiempo en que las posibilidades de climatización artificial eran escasas y caras. Los ventanales orientados al norte (en Chile), el uso de ciertos materiales con determinadas propiedades térmicas –como la madera o el adobe–, el abrigo del suelo o el encalado de las casas en regiones calurosas, no son casualidades. Son exigencias que responden a una función específica.
Las técnicas tradicionales, de hecho, funcionan. ¿Recuerda usted el frescor de una casa de pueblo a mediodía en un día de verano, o cómo el sol que entra por un ventanal orientado al norte evita el uso de la calefacción en invierno? Si esto tiene resultados, ¿no cree que será posible, estudiando cuidadosamente el diseño de la casa, poder ahorrar un importante porcentaje en los gastos de climatización?
Una casa bioclimática no tiene por qué ser más cara o más barata, más fea o más bonita, que una convencional. La casa bioclimática no necesita de la compra y/o instalación de sistemas mecánicos de climatización, sino que juega con los elementos arquitectónicos de siempre para incrementar el rendimiento energético y conseguir confort de forma natural.
El arquitecto debe trabajar de modo interdisciplinario con otros profesionales del campo de la física y de las ciencias naturales y ambientales. El desafío del arquitecto es construir una vivienda sana, agradable, con un diseño moderno, que no contamine ni consuma grandes recursos, utilizando tecnología convencional y, lo más importante, sin aumentar su precio. Debemos ser proactivos.
El Ministerio de Vivienda y Urbanismo estableció en enero del 2006 que, a partir del 5 de enero del 2007, se exige el cumplimiento de normas de acondicionamiento térmico en techumbres, muros perimetrales, pisos inferiores ventilados y ventanas de todas las viviendas. Junto con ello, llamó a un concurso de ideas de diseños arquitectónicos y estrategias de eficiencia energética para la vivienda social rural.
En el mes de marzo fue publicado en el Diario Oficial el nuevo Listado de Soluciones Constructivas para Acondicionamiento Térmico. A estas disposiciones hay que agregar la reciente creación del Ministerio de Medio Ambiente, cuya normativa será materia de discusión legislativa en los próximos meses. El sector privado no se ha quedado atrás. En Chile existen varios edificios con estándares de sustentabilidad. En todos ellos el ahorro en su operación ha resultado considerable, llegando a niveles de consumo inferiores a la mitad de uno similar construido bajo patrones convencionales.
En la X Región se han construido edificios aislados acústica y térmicamente que, aprovechando las radiaciones de luz y calor, han disminuido sustancialmente el gasto energético. Así se ha evitando el uso de aire acondicionado en verano, asegurando 20ºC mediante corrientes de aire desde el sur y logrando que en invierno el edificio actúe como un gran invernadero acumulando energía en el suelo y paredes, ahorrando hasta un 70% de energía.