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Una reforma con diplomacia

Artículo correspondiente al número 231 (27 de junio al 10 de julio de 2008)







El diputado PS e integrante de la comisión de RR.EE. Marcelo Díaz también tiene sus aprensiones respecto al proyecto. “Sostengo que la carrera diplomática no puede ser cerrada, como lo es en la actualidad. Los malos funcionarios deberían irse, y así ocurre en otras instituciones de estructura similar, como el Ejército”, plantea.

Para el ex canciller Hernán Felipe Errázuriz, la propuesta de Foxley demuestra cordura, ya que “no se puede discutir un nuevo estatuto de la cancillería, porque una ley de esa envergadura no saldría nunca”. No obstante, Errázuriz plantea su preocupación por “acelerar” algunas jubilaciones. “Tengo temor a todas estas cosas y que, por ejemplo, obliguen a jubilar a funcionarios diplomáticos justo ahora, a fines del gobierno, lo hagan para ubicar a su propia gente”, dice.

 

 

Llegaron los concursos




La tercera propuesta tiene que ver la necesidad de concursar para ascender de primer secretario a ministro consejero. “Esto tiene más que ver con las medidas para introducir mayor transparencia en el aparato público, para promover la meritocracia”, reconocen en el edificio Carrera.

En este punto no existe discrepancia en ninguno de los involucrados, excepto una leve resistencia en Adica. El director de esa asociación Alejandro Gibbons sostiene que “no le tenemos susto a los concursos”. Lo que no entiende es que concursan para entrar a la vida diplomática –en el ingreso a la Academia Diplomática–, “y no sabemos por qué debemos rendir examen nuevamente”.

Lo que sí está claro es que estas propuestas no resuelven el problema de fondo.

¿Qué queda por delante? Las propuestas sobre cuál debiera ser el próximo paso para modernizar la cancillería –algo que, sin duda, quedará en manos de la próxima administración– incluyen diversas medidas: ampliar la concursabilidad a otros rangos y mayor capacitación y especialización en distintas materias para los funcionarios del servicio exterior.

Queda, además, pendiente un punto relevante: la demanda por aumento de sueldos para los funcionarios; una materia que, por cierto, cruza a todo el aparato estatal, pero que en el caso de los diplomáticos se vuelve más crítica; en especial, cuando afrontan en el exterior costos de vida mucho más altos que los de su país de origen. El presidente de Adica, Marco Aguayo, ejemplifica: “hoy una persona que pasa de tercer secretario a segundo gana un sueldo de 420 mil pesos... y se trata de personas con una profesión y muchas de ellas, con postítulos o posgrados”, afirma.

El problema es que la solución requeriría de una modificación legal más amplia, por tratarse de empleados estatales. Algo se avanzó en 2007, cuando el entonces director general de Administración del Ministerio de RR.EE., Pablo Piñera, acogió la solicitud de los diplomáticos de dejar de aplicar la fórmula de pago del FMI y adoptar la de Naciones Unidas, lo que reajustó levemente los salarios de los funcionarios que sirven en el extranjero. Hoy, los salarios están indexados a euro, aunque con un desfase de un año

 

 



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