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Reportajes y Entrevistas
Un viaje en el tiempo

Artículo correspondiente al número 257 (24 de julio al 6 de agosto de 2009)

 

El abierto de Roland Garros fue el escenario escogido por la suiza Longines para potenciar las figuras de dos de sus principales embajadores en el mundo: Andre Agassi y Steffi Graf. Revista Capital fue invitada a acompañar a estas leyendas del tenis mundial y a conocer, en sus cuarteles centrales, la precisa maquinaria que da forma al negocio de esta casa relojera, una de las mas antiguas del mundo. Por Cristian Rivas N.


No hay ninguna duda. Inicios de junio en París es una de las mejores épocas del año. La declinante primavera hace gala de sus principales armas: un abundante sol y una fresca brisa que corre con fuerza sobre la amplia avenida de los Campos Elíseos, con el Arco del Triunfo de fondo y el río Sena a un costado. Por eso, la invitación que nos hizo Longines nos cautivó de inmediato. Más todavía, porque además de la visita a sus instalaciones en el pueblo de Saint-Imier, en el corazón de Suiza, incluía actividades en el marco del torneo Roland Garros.

El aterrizaje en suelo francés vino después de doce horas de vuelo directo a Madrid y unas cuatro adicionales, contando la espera en el remozado aeropuerto de Barajas. Fue en la tierra de Napoleón donde recién hicimos contacto con el joven tenista chileno Víctor Manuel Bravo, uno de los protagonistas de este viaje: a sus 11 años, fue uno de los quince niños escogidos en distintos países del orbe para jugar un partido de tenis con Andre Agassi y Steffi Graf en una de las canchas de arcilla de Roland Garros. El chileno era el único en Latinoamérica que había recibido la invitación y en su rostro se notaba una natural mezcla de entusiasmo-nerviosismo.


El chileno Víctor Manuel Bravo fue uno de los niños seleccionados por Longines alrededor del mundo –el único de Latinoamérica– para disputar un partido con los tenistas Andre Agassi y Steffi Graf.
 
Lo primero que supimos de camino al hotel ese viernes 5 de junio fue que Fernando González había sido eliminado del torneo por el sueco Robin Soderling, en un disputado juego de semifinales. Mala noticia para nuestro pequeño deportista, porque soñaba con ver a su compatriota ese mismo domingo, en el partido final.

Tras el ameno juego en que los niños se rotaron como parejas de cada uno de estos tenistas, los máximos ejecutivos de Longines –comandados por el presidente de la firma, Walter von Känel– entregaron un cheque por 80 mil dólares a Steffi y André, cuyo destino final fueron las fundaciones que ambos crearon: Children for Tomorrow y The Andre Agassi Charitable Foundation, que despliegan distintos trabajos sociales en torno a la infancia (ver recuadro).

Desde 2007, Longines es socio oficial de Roland Garros, como parte de su estrategia comercial. Ese año nombró como embajadores a la pareja de tenistas, quienes este 2009 cumplieron una década desde que ganaron el torneo en sus segmentos masculino y femenino. Con ocasión del aniversario se desarrolló una serie de actividades, como una cena de gala a la que se invitó a varios de sus distribuidores en el mundo, entre ellos, Gonzalo Barros, gerente general de Altea (representante de la marca en Chile) y a un contingente importante de periodistas de distintos lugares del planeta, entre ellos nuestro país.

Y es que Chile, a pesar de ser una nación pequeña, es de los que tiene una tasa de venta per cápita mayor en relación al resto de Latinoamérica. Y aunque pueda estar demás decirlo, los otros invitados estrella eran los asiáticos, cuya región es el sustento principal de las ventas hoy en día, cuando otros mercados como Estados Unidos han mostrado fuertes retrocesos por culpa de la crisis.

 

 

 


Relojes por doquier

 

Tras participar en las distintas actividades programadas en la capital francesa –que también incluyó la asistencia a la final del torneo femenino, donde la rusa Svetlana Kuznetsova se impuso sobre su compatriota Dinara Safina–, tuvimos la oportunidad de conocer in situ las oficinas centrales de Longines en Saint Imier.

Para nuestra sorpresa, lo primero que vimos al llegar allí fue la bandera chilena izada a la entrada, junto a los emblemas de Suiza e India (porque también había algunos técnicos de ese país que por esos días realizaban cursos de mantención de relojes).

Con mucha más tranquilidad que en los agitados días anteriores, Walter von Känel nos recibió en una sala repleta de relojes, donde cohabitaban muestras de todas las últimas colecciones de la marca. De origen alemán, el presidente de la firma partió contándonos que ha visitado Chile en dos oportunidades, como una forma de relajar la conversación. Le pedimos que nos contara un poco más de él y nos dimos cuenta inmediatamente de que es una especie de libro abierto de la historia de la compañía.

Recordó orgulloso que lleva más de 40 años ocupando distintos cargos en Swatch Group –holding al que pertenecen Longines y más de una docena de otras reconocidas marcas, como Omega y Tissot– y que maneja a nivel mundial una facturación cercana a los 6.000 millones de dólares por año. Después comenzamos a comentar del desempeño de Longines y la forma en que lo ha afectado la actual coyuntura económica. Lo primero que dice es que la situación tomó a la firma tan por sorpresa como a casi todas las empresas en el mundo. Fue a partir de septiembre pasado cuando comenzaron a evidenciar un impacto en sus ventas, lo que se notó más profundamente entre noviembre y diciembre, aunque eso no empañó el buen resultado en términos anuales.

Sí han sentido un peso más negativo en lo que va de 2009. Las ventas de sus relojes han caído alrededor de 9% entre enero y mayo, todo lo cual hace suponer que el resultado anual estará por debajo de lo que fue 2008, pero 10% encima de lo que facturaron en 2007, lo que configura un panorama aceptable... dados los escenarios.

Analizando la situación particular del momento, cuenta que Asia es el mercado que está impulsando fuertemente a la firma; particularmente, China y Hong Kong, donde incluso registran movimientos superiores a los del año pasado. Muy por el contrario a lo que están viviendo en otro mercado relevante: Estados Unidos. Allí, las ventas se han desplomado entre 40% y 60%, al igual que casi todas las marcas relojeras. Por eso, su plan de trabajo ha sido reforzar la venta en Asia y Europa, lo que ha suplido la caída en el resto del mundo.

Los relojes de esta casa se comercializan en alrededor de 130 países.

 

 


Camino recorrido


En poco más de una hora de conversación, Von Känel describe que ha enfrentado por lo menos cuatro crisis económicas a lo largo de su carrera profesional. Pero esta, sin duda, es la más grave de todas, recalca. Los tocó con mayor fuerza porque los intermediarios entre sus productos y el cliente final vieron restringido su acceso al crédito, aunque el caso ha comenzado a revertirse en las últimas semanas. De ahí su visión positiva respecto a que lo que ocurra el resto del año tenderá a recuperar la caída de los primeros meses.

Le consultamos cómo ve el desarrollo de la marca hacia el futuro y, tras meditarlo por largos segundos, plantea que en los últimos años la compañía definió segmentos, precios y un activo plan de marketing con la frase Elegance is an attitude, que ha tenido mucha fuerza en su crecimiento. “Lo que tenemos que seguir haciendo es ser consistentes en la estrategia que hemos diseñado. No cambiar nada, porque hemos comprobado que los resultados de la compañía son mucho mejores cuando se mantienen un lineamiento y un enfoque claro”.

Luego vino un distendido paseo por el interior de la compañía. Aunque no fue posible observar la elaboración de las piezas relojeras, sí tuvimos la suerte de visitar el museo que guarda en varios pisos la historia de los 175 años de la firma. Entre los rincones de una de las salas se guardan alrededor de 800 libros de gran tamaño que identifican cada uno de los 34 millones de relojes que la firma ha producido desde su fundación.

También dimos un vistazo a la historia de la fábrica desde su nacimiento hasta hoy, y la evolución de sus modelos, pasando desde el reloj de bolsillo a los modernos aparatos de hoy en día. Con ese recorrido cerramos el último capítulo de este viaje, que desde cierto punto de vista fue un viaje en el tiempo.

 

 

 

El trabajo de las fundaciones
No sólo triunfos en el tenis son parte de la historia de Andre Agassi. Entre sus logros más importantes está el proyecto caritativo que involucra a quienes siempre se ha sentido muy ligado, según describió una y otra vez en las conferencias que realizó en Roland Garros: los niños.

The Andre Agassi Charitable Foundation, asentada en Las Vegas, brinda oportunidades educativas a menores que han sido víctimas de abusos, abandonados o que presenten dificultades económicas. El trabajo está muy ligado a que estos menores encuentren las herramientas para desenvolverse en la vida y puedan optar a mejores oportunidades.

Steffi Graf también está dedicada al trabajo con niños, pero en Alemania. Con su fundación Children for Tomorrow, que trabaja en conjunto con la Unicef y la OMS, busca hacer una contribución específica a menores que enfrentan severos daños psicológicos y que requieren de asistencia a largo plazo para curar el daño que provocan situaciones traumáticas como la guerra, el exilio y las persecuciones.

 

 

Un dia en el museo

Son poco más de 34 millones los relojes que ha fabricado Longines desde que fuera fundada en 1832 por Auguste Agassiz en Saint-Imier, Suiza. Sin embargo, fue su sobrino Ernest Francillon quien desarrolló la compañía, le dio su nombre actual y puso como logotipo un reloj de arena alado, en 1880. Algunos años antes había levantado la primera fábrica en los mismos terrenos en que se ubica actualmente, lo que le permitió comenzar a contratar operarios y a exportar sus productos a distintos países.

Sus primeros aprontes con el mundo deportivo fueron a comienzos del siglo XX, cuando introdujo la sincronización automática en el mundo de la gimnasia suiza. Mecanismos similares comenzó a ofrecer luego a otros deportes como el esquí y la equitación. Y en 1952 fue cronometrador oficial de los Juegos Olímpicos de invierno en Oslo, lo que se constituyó como el punto de partida para varias otras competencias de este tipo.

La marca también ha sido actor relevante en otros hitos históricos, como estar presente en la muñeca de Charles A. Lindbergh en 1927, cuando realizó el primer vuelo trasatlántico en solitario y sin escalas de Nueva York a París.

La compañía se transformó en sociedad anónima en la segunda década del siglo XX. Hoy forma parte del grupo Swatch, el más grande del mundo en la producción de relojes, con una cartera cercana a las 20 marcas.

 

 

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