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Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
Adentrarse en una de las masas glaciares más importantes del planeta fue el último desafío Capital. Durante poco más de una semana, un selecto grupo de trekkeros avanzó hacia el llamado Circo de los Altares, en pleno Campo de Hielo Sur. La experiencia resultó simplemente sublime e inolvidable.
Con el Monte Fitz-Roy como centro de gravedad, la última aventura Capital-Vertical se adentró en Campos de Hielo Sur, la más importante masa glaciar no polar del planeta y un paisaje único, reservado de modo selecto para los ojos de unos pocos.
La hazaña tuvo lugar al cierre de 2009 y fue coronada con éxito gracias a la aplicación con que se prepararon los trekkeros y el profesionalismo con que los organizadores trabajaron hasta el más mínimo detalle.
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a puerta de entrada a Campos de Hielo Sur fue el Paso Marconi. Este fue a su vez uno de los puntos más críticos del trayecto por su altitud (1.500 m sobre el nivel del mar) y los vientos imperantes. Jornada inaugural de la travesía, en la cual el peso de las mochilas se hizo sentir en los hombros de los aventureros. Afortunadamente, el tiempo fue un aliado del grupo, permitiéndole disfrutar de entrada de una vista esplendorosa del Fitz-Roy.
Tras montar el primer campamento en hielo (en medio de la nada), las siguientes jornadas se desarrollaron al compás de las luces y sombras que el generoso sol proyectó sobre la imponente fachada pétrea del Circo de los Altares.
Todas las jornadas se realizaron “encordados” y con raquetas, condiciones sine qua non para cumplir la travesía. Afortunadamente, la generosa nieve sobre la mole de hielo neutralizó la amenaza de grietas y favoreció un disfrute pleno de la experiencia.
Y aunque el gozo formó parte sustantiva del menú, no omitiremos que la travesía fue exigente, que hubo que soportar largas jornadas de avance en hielo, sobrellevar el peso del equipo y aceptar sin regañar el trabajo de montar y desmontar los campamentos. Pero al término de la travesía no hubo dos opiniones: todo eso y mucho más valían la pena allado de la magnitud de la recompensa.
El equipo de este itinerario lo formaron siete hombres y cuatro mujeres, todos soñadores, amantes de la naturaleza. A cargo del grupo, un puñado de los mejores guías: cuatro chilenos y dos argentinos, cuestión que, de más está decirlo, permitió amenizar el recorrido con largas discusiones fronterizas.
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El cerro Torre 
Mención especial en esta bitácora de viaje merece el cerro Torre, imponente formación geológica que ha sido descrita como “montaña maldita, aguja maravillosa, grito petrificado, montaña infernal o aguja traviesa”.
De él podemos decir que su imponente anatomía de piedra emerge en una zona no demarcada de la frontera entre la Argentina y Chile, por lo que ambos países lo consideran como parte de sus territorios.
Pero más allá de eso, y al margen de la geografía y la geopolítica, lo que define a esta mole es que probablemente sea la montaña más difícil de escalar del mundo. ¿Por qué? Porque, por donde se la encare, se requiere subir un paredón de más de 800 metros de granito. A eso, claro está, se debe sumar que la variabilidad climática hace imposible planificar un ascenso de muchos días.
Como sea, el Torre ya dio su brazo a torcer. Sí, porque luego de varios intentos por escalar hasta la cumbre y no menos polémicas que duraron décadas, en 1974 Casimiro Ferrari, junto a otros escaladores, logró poner pie en su cumbre real, la que incluye el mítico hongo somital, su punto de máxima altura.
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| Magdalena Montero, Ignacio Arriagada, Alvaro Gómez, Sebastián Rossellot, Ricardo Baettig, Pedro Sada, Teresa Matemala, Juan Agustín Donoso, Gabriela Luksic, Eugenio Guzmán, Felipe Montero (Falta Katerina Von Loebenstein). Guías: Marcelo Cruz, Viviana Callahan, Héctor Jorquera. |
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