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Artículo correspondiente al número 203 (04 al 17 de may 2007)
Al Metro le han dado duro los medios, las cartas al director, los manoseadores y los que recuerdan con nostalgia sus antiguos estándares de calidad. Pero sobre todo le ha dado duro el Transantiago, cuyos errores de diseño e implementación convirtieron al servicio en el pato de la boda. Blas Tomic habló aquí por última vez como presidente de la empresa. Y lo defendió hasta el final.
Por Soledad Pérez y Héctor Soto; fotos, Verónica Ortíz.
El metro estaba llamado a ser la columna vertebral del Transantiago. Pero las cosas se hicieron tan mal que, además de eso, terminó siendo su muro de contención, su sala de emergencia, su paño de lágrimas y la red de seguridad que asiste al trapecista en el salto mortal para no morir en el intento. No es raro que haya sido así. En medio de un mar de improvisaciones, errores y falta de información, fue la única pieza que aportó certidumbre. En medio del caos, fue lo único que siguió funcionando ordenadamente.
Las últimas no han sido semanas fáciles para esta empresa y basta entrar a sus oficinas centrales en Alameda con Lord Cochrane para intuir que la organización está tan sobreexigida como sus trenes en las horas peak.
Blas Tomic, presidente del Metro, no se siente abrumado sin embargo. Está tranquilo, en parte, porque siente que de aquí en adelante las cosas para la empresa no pueden sino mejorar, y en parte porque tampoco esta es la primera vez que en su vida profesional se ve enfrentado a retos descomunales. Según él, cuando asumió la presidencia de Alsacia en abril del 2005, la experiencia fue tanto o más incendiaria que esta. “Cuando entré era una empresa que tenía ocho funcionarios, incluyendo los gerentes colombianos y, además de montar en cosa de seis meses una organización de 4.500 personas y dos empresas de buses, tuvimos que manejar en la calle una flota de más de mil buses conducidos por choferes que nunca habían cubierto la malla de cien recorridos que atendíamos. Para más remate, el día que debutamos cayó una fuerte lluvia sobre Santiago”.
Tomic habla de la épica de ese reto, que se inscribe en la partida en falso del Transantiago a fines del gobierno de Lagos, cuando una operación cosmética quiso mostrarle a los chilenos los buses nuevos en el contexto del mismo y calamitoso sistema de las antiguas micros.
Como estreno tuvo algo de engaño político, pero lo que sí fue real es que ese día salieron miles de buses nuevos a la calle.
Hay, eso sí, una diferencia. Cuando Tomic estuvo en Alsacia, nadie supo del esfuerzo gigantesco que debió encabezar.
“Pero lo supe yo”, dice él y la sufrió. Ahora, en cambio, tanto la empresa como su presidente están muy expuestos mediáticamente.
El nuevo desafío también es diferente en cuanto pareciera tener más de heroico que de épico. Porque heroísmo es el saldo predominante que queda al escuchar muchas de las declaraciones de Blas Tomic. “El Metro está haciendo todo lo que tiene la obligación de hacer, está haciendo incluso más, y lo está haciendo bien. Esta es mi sincera e íntima convicción”. “Los problemas que hemos tenido no son responsabilidad nuestra sino consecuencia directa de que no se hicieron bien las cosas en el transportede superficie, lo cual ha tenido repercusiones complejas en el flujo de pasajeros que estamos teniendo”. “Aquí nos estamos jugando nuestro pundonor profesional: estamos haciendo el máximo esfuerzo y nadie en nuestro equipo está cometiendo errores garrafales o haciendo estupideces. Por eso podemos andar con la frente en alto”. “Aunque tenemos la convicción absoluta de haber cumplido con nuestro deber, estamos un poco tristes porque en esta empresa hay un fuerte compromiso con la calidad deservicio y la experiencia reciente ha empañado nuestro prestigio. Nuestro estado de ánimo está afectado, tal como lo estaría cuando un familiar o un amigo, por causas que uno considera injustificadas, te quita el afecto. Se han deteriorado las percepciones públicas sobre el servicio y nuestro gran desafío hoy es mejorarlas”.
Puro sacrificio, pura abnegación. Cuidado, que de ahí a entrar en el martirologio la distancia no es tanta.
Tomic dice que sabían lo que se les venía encima.
-Siempre tuvimos clara nuestra misión. Estaba escrita, firmada, oleada y sacramentada. Consistía en hacer desde el Metro el máximo aporte posible al éxito del Transantiago, que en ese momento debía entrar en operaciones en octubre. Por entonces recién había ocurrido el tsunami en Indonesia y Siri Lanka y apenas entré dije que se nos venía encima uno parecido. Desde ese día en adelante hemos vivido en un estado de alerta máxima y máxima movilización.
-Por entonces no se sabía qué tan devastador podía ser tsunami.
-Pero sabíamos que eran olas que de todos modos iban a llegar a nuestras playas. Por eso, con bastante anticipación, adoptamos 60 medidas que anunciamos mucho antes del debut del Transantiago. Con la información que nosotros teníamos, que por cierto no es toda la información relevante que maneja el sistema, hicimos las advertencias de lo iba a pasar porque vimos como inevitable una etapa de fuertes desajustes, a la cual, a juicio nuestro, no se le prestó la suficiente atención. Uno de los problemas que ha tenido el proceso de implementación del Transantiago es que todas las energías se centraron en prever y preparar el funcionamiento del modelo en su versión definitiva. Lo que no se hizo fue visualizar con un rigor similar qué iba a ocurrir en el período de transición, vale decir en el lapso que va desde el estado anterior, enraizado en hábitos públicos, empresariales e institucionales de 30 ó 50 años, hasta que el nuevo sistema estuviera en régimen. Porque era obvio que el nuevo modelo, en el que decenas de los mejores ingenieros de Chile trabajaron mucho, no se iba a dar al día siguiente de la puesta en marcha. Ahí es donde yo creo que faltó sociología, faltó etnografía, faltó sensibilidad política, vacíos que justamente ahora son los dominantes en este período de transición, y que por lo mismo requería de medidas ad-hoc.
-Si el tsunami fue fuerte para el Metro en términos operativos y anímicos ¿también lo fue en términos económicos?
-No, porque el Transantiago es un sistema de vasos comunicantes en lo concerniente a las platas. Hay una sola bolsa de dineros que tiene que fi nanciar la operación de todos los actores: el Metro, los operadores de buses, el AFT, el Transantiago Informa, los concesionarios de algunas infraestructuras. Todo lo que se ingresa producto de las tarifas de transporte es después distribuido de acuerdo a tarifas técnicas que fueron pactadas con cada uno de los actores al momento de fi rmar los contratos. Hoy día el metro recibe, en promedio, por pasajero transportado, unos 200 pesos y no los 380 pesos que las personas pagan.
Como nosotros vamos a llevar cerca del doble de pasajeros y vamos a recibir cerca de la mitad de lo que recibíamos, los ingresos totales van a ser de dimensiones parecidas. Y en ese sentido, desde el punto de vista económico, la situación de Metro no cambia mucho.
-Pero el Metro en este período se ha tenido que meter la mano al bolsillo, de modo que sí hay cambios.
-Bueno, los ingresos proyectados, y hasta ahora parece que sí se van a dar nuestras proyecciones, cubren aproximadamente los costos asociados a lo que el Metro tiene que hacer en Transantiago.
Distintos son los encargos adicionales que se nos han hecho en estos meses, como la anticipación del horario de servicio, la ampliación hacia la noche, la incorporación de guardias en todos los trenes. Esos son gastos adicionales que no estaban contemplados y que tienen que ser absueltos por ingresos también adicionales.
-¿Y de dónde debieran salir?
-De un recálculo de la tarifa técnica. De hecho se lo estamos planteando a Transportes, con el objetivo de financiar el aumento de oferta que esto representa. Hay que ver en qué termina esa revisión.
-¿Usted se cierra, sea por definición, por contrato o por doctrina, a regular la demanda según precios?
-El Metro no regula ni decide ahora su propia tarifa. Todo esto cambió con el inicio del Transantiago. Ahora bien, yo en modo alguno me cierro a apelar a la variable precio. Es una alternativa razonable que debe ser contemplada. De hecho cuando inicialmente se dijo que la tarifa iba a ser plana, de 380 pesos para todos los usuarios, nosotros hicimos de inmediato un informe en que dijimos que eso produciría un rebalse inmanejable hacia nosotros. Y en ese minuto se fijó la tarifa de 420 pesos para las horas peak.
Esto puede variar y debería jugarse con eso.
-Por lo visto, usted será ingeniero, pero también piensa como economista.
-No, no…Me gustaría decir que tengo una mente multidimensional. Es que estos temas son multidimensionales y una de las causas de los problemas que ha enfrentado el Transantiago es que tal vez no se examinaron todas las dimensiones del plan como correspondía.