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Reportajes y Entrevistas
Turquía. La pequeña China

Artículo correspondiente al número 260 (4 al 16 de septiembre de 2009)



Para muestra de la firmeza con que se procedió en este giro cultural, dos botones: en 1928 el gobierno decretó sin más el reemplazo del alfabeto de grafía árabe por uno latino, más fácil de aprender. Poco después, en 1934, el país estableció el derecho a voto de las mujeres, incluso antes que otras renombradas naciones (en Chile se definió en 1935 para las municipales y en 1949, para las presidenciales y parlamentarias).

Probablemente esa decisión fue determinante para que este país se anote con otros hitos destacables: Turquía forma parte de la OTAN desde 1952, es miembro fundador de las Naciones Unidas (1945) y forma parte de la OCDE (sí, la misma OCDE) desde 1961.

En fin, podemos seguir aportando datos en la misma dirección, pero probablemente el mensaje ya está claro: Turquía es una nación que ha sabido ponerse a la vanguardia y que, ojo, hoy está con ganas de más.

 

 

 


Momento estratégico

 

Con ocasión del encuentro Turquía - Puente del Comercio 2009 organizado por la confederación empresarial Tuskon; y de la Cumbre de ministros de Comercio Exterior desarrollados en Estambul pudimos constatar el polo de atracción que representa en la actualidad esta nación. En momentos en que aún no comenzaba a disiparse la niebla de la crisis económica mundial, a principios de junio acudieron a esta urbe 5.500 representantes de 37 países del mundo (entre empresarios y autoridades), cuestión fuera de toda lógica... dado el momento.

En la ocasión se aportó abundante información para avalar el potencial de esta nación que aspira a figurar entre las diez principales economías del mundo al más breve plazo. No pasa inadvertida la vehemencia con que exponentes de los ámbitos público y privado “venden” los atributos del país.

Sin repetir ni equivocarse, en cada foro al que asistimos se nos enfatizó, entre otras cosas, que este país es la 15ª economía del mundo; el sexto mayor productor mundial de cemento y algodón; la novena nación con más altos ingresos por turismo (con 26 millones de visitas en 2008); una sociedad con altas tasas de penetración financiera (37 millones de titulares de tarjeta de crédito en 2007); un territorio que está a 4 horas de vuelo del 50% de la población del planeta; la 16ª productora mundial de autos... En fin, un país que entre 2003 y 2007 registró un promedio de crecimiento real de 7%.

Turquía está en la mira del mundo, algo que queda en evidencia, entre otros, con el dato de que en los últimos seis años ha sido el destino de 73.000 millones de dólares de inversión extranjera. Y como los capitales son inteligentes, seguramente han apuntado a esta nación teniendo en la mira su numerosa y joven población (que asegura una amplia disponibilidad de trabajadores, ya que cuenta con 18 millones de personas de menos de 14 años), sus decrecientes costos productivos y sus ascendentes tasas de productividad y las altas tasas de participación estudiantil (con 400.000 graduados universitarios por año).

Su situación estratégica, el creciente rol que está cobrando en el tablero energético regional (más aún con Nabucco), su adhesión a las reformas estructurales que promueven los organismos multilaterales y su filosofía de incentivos pro inversión y contratación son otros de los argumentos que avalan la expectativa de este país de ser un indiscutido protagonista en el presente siglo.

Si bien la crisis económica les ha pasado la cuenta en lo que se refiere a tasas de crecimiento y desempleo, sus autoridades están optimistas. Entre otras cosas porque, promediando el año, se comenzaron a ver señales alentadoras. Tal vez por eso, durante una charla que nos ofreció en Estambul, el ministro Çaglayan nos remarcó con tanta vehemencia: “la presente crisis lo que está haciendo es rebarajar el naipe de las naciones en el mundo y nosotros estamos ahí, muy atentos”.

 

 

Garra turca

El ministro de Comercio Exterior de Turquía proviene del mundo privado, algo que se nota cuando menciona las metas que tiene el país, entre las cuales está ser una economía top ten en menos de tres lustros.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Zafer Çaglayan, ministro de Comercio Exterior de Turquía, en Estambul y en Santiago, y en ambos lugares nos dejó claro que es un hombre de carácter. Con poco más de 50 años, antes del servicio público este personero se desempeñó 27 en el sector privado, donde –con toda seguridad– desarrolló ese toque ejecutivo que, quizás inconscientemente, lo lleva a enfatizar con cierta obsesión metas concretas y plazos conocidos.

Basta presionar la tecla pertinente para que comience a disparar, tras un vehemente homenaje al padre de la república Mustafá Kemal Atatürk, los objetivos que movilizan a su país: “queremos ser una de las 10 primeras economías en 2023 (para el centenario de la república), llegar a exportar un valor de 500 mil millones de dólares y tener un volumen comercial de un billón de dólares. También queremos crear un sector privado que pueda tener como mínimo 20 marcas conocidas mundialmente”.

Cuando habla, lo hace con tal convicción que es imposible ponerlo en duda. Y por si alguien se atreviera a pensarlo, se anticipa con una andanada de cifras que avalan que el país es capaz de lograr sus metas: “en 2002, nuestro PIB era de 230 mil millones de dólares. En 2008 alcanzamos la cifra de 742 mil millones de dólares”. Punto. Pero no punto final, porque a renglón seguido remata que “las cosas que hemos conseguido son la garantía de las cosas que podemos hacer”.

Activos, asegura, a Turquía le sobran: “tenemos un mercado interno muy fuerte, una población de 71,5 millones de personas y una media de edad de 28 años. Y estamos en el siglo XXI: sumamos 66 millones de abonados a teléfonos móviles y más de 35 millones de usuarios de Internet, lo que habla de un capital humano que cada año añade 400 mil licenciados provenientes de nuestras 130 universidades”.

 


La comunidad del anillo

Para Çaglayan, con el acuerdo alcanzado a mediados de julio para materializar los 3.300 kilómetros del gasoducto Nabucco (2.000 de los cuales pasarán por territorio turco, dejando anualmente 650 millones de dólares por impuestos de tránsito), Turquía ya se puede sentir parte de la Unión Europea.

No obstante, ese sentimiento aún no es realidad. Si bien este país lleva años en lista de espera y hay una petición de Obama por acelerar el trámite, Francia, Austria y Alemania se oponen. Muchas son las razones que se han esgrimido (culturales, económicas y políticas), pero una que no es menor tiene que ver con que Turquía en cualquier minuto contaría con un caudal poblacional suficiente para ser la mayor nación de una Unión Europea ampliada.

Como sea, Çaglayan intenta no ofuscarse con el asunto y, de hecho, dijo en Santiago que “Turquía, con su nivel económico, realmente ya ha entrado a la Unión Europea. De nuestras exportaciones por 136 mil millones de dólares del año pasado, 70 mil millones fueron a la región europea. De 10 refrigeradores utilizados en hogares ingleses, ocho son producidos en Turquía; uno de cada dos televisores es turco. De cada mil vehículos producidos en el mundo, 18 son fabricados en Turquía... Es decir, en términos económicos, Turquía ya se ha integrado a la Unión. Exportamos automóviles a toda Europa, productos de acero, textil y confección, equipos de maquinaria, productos del hogar, etc.”

Sume ahora Nabucco, un ducto que permitirá suministrar a Europa 31.000 millones de metros cúbicos de gas del mar Caspio y Oriente próximo para 2014, demandando una inversión colectiva de 11 mil millones de dólares.

 

 

Tic Chile-Turquía

Mientras en Ankara se rubricaba el acuerdo para dar forma al gasoducto Nabucco, casi simultáneamente en Santiago de Chile autoridades turcas y locales estampaban sus firmas para dar vida al Tratado de Libre Comercio entre ambas naciones. Este, el primer acuerdo de esa nación con un país americano, podría, a juicio del gobierno turco, triplicar el comercio entre los dos países.

El tratado suscrito da pasos sustantivos desde su entrada en vigencia: el 98% del intercambio queda libre de aranceles desde el inicio, y el resto progresará en la misma senda en un plazo de seis años.

Para dimensionar sus alcances, basta señalar que, según la Direcon, el intercambio comercial chileno-turco totalizó 1.122 millones de dólares en 2008 (un 0,8% del comercio de Chile con el mundo), de los cuales 269 millones corresponden a exportaciones desde Chile; en especial, de los rubros minería, industria, agricultura, ganadería y fruticultura.



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Comentarios

1 Comentarios

diego fernando sánchez :

Publicado Viernes 25 de Febrero, 2011 - 12:44 hrs

Me ha parecido mu interesante y me alegro mucho de que Turquia vaya hacia arriba, porque creo que se lo merece. Es gente buena y trabajadora. 
Estoy interesado en comprar Chaquetas de cuero ovino señoras y hombre y camisas-polos algodon. 
Gracias y un saludo cordial 
Diego F. Sánchez

 
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