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Artículo correspondiente al número 203 (04 al 17 de may 2007)
A diez años de su quiebre con el sector eléctrico, el ex gerente general de Chilectra, Marcos Zylberberg, regresa con un revolucionario proyecto de producción de biodiesel y etanol a partir de algas. El tema lo tiene tan entusiasmado que hasta se le ha ido la timidez, y en un acto pocas visto en él, se ha parado frente al ministro de Agricultura y la comisión de energía del Senado para explicarles que su alternativa es lo mejor que le podría pasar a Chile.
Por Lorena Medel; fotos, Enrique Stindt.
Ya no es el impenetrable de hace diez años. Ya no intimida. Ahora se ríe, echa tallas, conversa mirando a los ojos y, lo que es más impresionante, no está pendiente del minutero de su reloj.
Y aunque sigue siendo desconfiado y muy cuidadoso a la hora de emitir una opinión, es indiscutible que el Marcos Zylberberg de estos tiempos tiene poco y nada de aquel ejecutivo algo altivo e inalcanzable que integró el núcleo duro de Enersis en su época de gloria… Lo que no te mata te fortalece, como dijo Nietzsche. Y él, vaya que salió fortalecido de todo el episodio “operación del siglo”, multas y demases.
Claro que su caso no es ni por asomo el del tipo arrepentido que haría todo distinto si la vida le diera una segunda oportunidad. No. Zylberberg está tan convencido de haber actuado de buena fe, que dice que si la nave del pasado lo llevara de vuelta al año 97 haría exactamente lo mismo. Que si salió fortalecido fue porque aprendió a ver el mundo de otra manera, porque se dio cuenta que tenía grandes amigos y porque si no hubiera sido por ese episodio, probablemente muchas cosas buenas que vinieron después no hubieran ocurrido.
La confesión, en todo caso, vino más de una hora después de empezada la entrevista. Cuando se dio cuenta que nadie tenía intenciones de pasarle la cuenta, cuando una simpática anécdota lo hizo reírse a carcajadas. Cuando se convenció, de verdad, de que era un buen momento para desahogarse... Antes de eso, hay que decirlo, la conversación estaba para quedarse dormido.
Lejos de lo que proyecta, Marcos Zylberberg es impresionantemente tímido. Introvertido. Cuidadoso. Le tiene terror a las grabadoras, le carga la cosa pública y ni hablar cómo lo asustan las cámaras fotográfi cas. Casi se murió cuando llegó la hora de posar para nosotros. Y al día siguiente de la reunión, llamó para aclarar algunos puntos que, según él, podían caer en el terreno de la confusión… Reacciones comunes, dicen, en mentes brillantes como la suya.
Pero en fin. No lo entrevistamos para halagarlo ni para hablar solo de las Chispas, la multa y las sanciones de la SVS.
También nos interesaba saber de su vida actual, de sus inversiones en Prospecta, de sus negocios vinculados con las energías renovables, de su relación con José Yuraszeck. Mil cosas. Y lo pillamos justo, pues el empresario está en plena campaña –por no decir lobby– para dar a conocer su nuevo proyecto de biodiesel y etanol a partir de algas. Un negocio sumamente futurista, loco, extraño… pero que tal como él lo describe, podría ser una revolución de aquí a cuatro años.
-¿Cómo se metió en este tema?
-A mí me gustan mucho los temas de innovación tecnológica. Y cuando partió la última crisis del petróleo me quedó claro que, a diferencia de las veces anteriores, esta vez el precio no iba a bajar a los niveles antiguos. Básicamente por la entrada de la demanda de China e India. Entonces empecé a estudiar el tema de sustitución del petróleo. En un principio mi idea era hacer algo en relación con el etanol y el azúcar. Y tenía todo planeado para partir con un proyecto en Brasil. Pero después me metí en el tema del biodiesel y deseché la idea.
-¿Qué lo hizo cambiar?
-Apareció a la venta un paño de mil hectáreas en la desembocadura del río Limarí. Lo fui a ver y me gustó. Por las características del terreno se me ocurrió que ahí se podía plantar alguna especie que tuviera relación con la producción de energía.
Y buscando llegué a la higuerilla, que es la planta que produce el castor oil, más conocido como aceite de ricino y que se usa en la producción de biodiesel. Pero a poco andar, uno de los profesionales que trabaja conmigo descubrió que los rendimientos del aceite de palma, la palmera asiática, eran muchos mayores a los del aceite de ricino. Entonces decidimos seguir estudiando el tema, para ver qué se estaba haciendo en el mundo, hasta que llegamos a las algas.
-Que era más efi ciente que el aceite de palma…
-Mucho más que cualquiera. La soya tiene una productividad de hasta 45 mil litros de biodiesel por kilómetro cuadrado al año. El rapessed, que es lo que está proponiendo el ministro de Agricultura, produce hasta 130 mil litros por kilómetro cuadrado. El aceite de palma, que fue lo que me entusiasmó al principio, produce 580 mil litros por kilómetro cuadrado. Pero resulta que las algas tienen una productividad que puede alcanzar los 18 millones de litros. La diferencia es sustancial.
-¿Cómo un alga se transforma en biodiesel?
-El alga se mete en un medio con agua, en un tubo por ejemplo, luego se le enchufa CO2, se le aplica un poco de alimento (fosfatos y nitratos) y se expone sol. La luz fija el carbón en el alga y la transforma en un producto de consistencia grasosa. De ahí se extrae el aceite que luego se convierte en biodiesel. Como también produce azúcares, por la presencia de carbón, además es posible extraer etanol y como subproducto queda un residuo rico en proteínas que sirve como alimento para peces o animales.
-¿Todas las algas sirven?
-No. En el mundo se han estudiado 3 mil especies, de las cuales se han seleccionado 300. No todas responden de la misma forma a la presencia de agua y sol. Las que más sirven son las microalgas, parecidas a las que se dan en los bordes de las piscinas.
-¿Y Chile produce ese tipo de alga?
-¡Muchísimas! Y no solo eso. Tenemos grandes ventajas respecto de otros países. De partida, la zona norte presenta una alta radiación solar, cosa que es vital para el proceso de fotosíntesis.
Luego está la Corriente de Humboldt, que hace que las temperaturas sean estables. Difícilmente bajan de diez grados y escasamente suben de 30. Eso es primordial, pues uno de los grandes problemas que tiene este proceso es el frío. Si el alga se congela, se muere. Y está el agua, pues el mar está ahí. También tenemos la ventaja de contar con grandes extensiones de tierra inutilizada, tierras desérticas, que no representan un gran valor para la agricultura.
-Bueno, y en esa zona están las principales centrales termoeléctricas ¿verdad?
-Sí. Y como este proceso captura CO2, también ayuda a disminuir la contaminación de esas plantas. ¡Uf! Está lleno de benefi cios. Si Chile la desarrolla bien, esta industria podría convertirse en un líder a nivel mundial.
-¡Ay, pero no lo diga todavía! Mire lo que le pasó a Schwager por promocionar tanto el Chiss antes de tiempo.
-¡Oiga, pero no compare! Esto es una cosa revolucionaria. Aquí hay mucho estudio, mucho ensayo y error… Y se me olvidaba algo. Como absorbe CO2, también tiene la gracia de los bonos de carbono. Ahora que está todo el tema del calentamiento global, el señor Gore y compañía…
-¿No le gusta el señor Gore?
-Encuentro curioso que sea considerado el padre de todo este tema. Solo eso.
-¿Fue un chileno quién descubrió el biodiesel a partir de algas?
-¡No! Fueron los gringos. A mediados de los 70, el gobierno norteamericano, preocupado por los altos precios del petróleo, les encargó a unos científi cos que buscaran la forma de sustituirlo. Probaron con distintos elementos, hasta que llegaron a las algas. A mediados de los 80, sin embargo, el precio del petróleo se vino al suelo y el gobierno dejó de fi nanciar el tema. Años después, un científi co que trabajaba para la Nasa retomó el estudio para efectos de producir combustible y alimentos para las naves espaciales. Fue él quien desarrolló un exitoso biorreactor, que son estos tubos (muestra una imagen de computador) donde se desarrolla todo el proceso.
-¿Existen plantas de cultivo de algas para biodiesel en el mundo?
-No. Solo a nivel piloto, en Estados Unidos. Chile será el segundo país con el piloto que yo voy a levantar. A menos que haya algún señor tratando de hacer lo mismo en alguna parte del mundo y yo no lo sepa.
-¿Cuánto cuesta hacer una cosa así?
-El piloto unos 10 millones de dólares. Una primera escala industrial unos 40 millones y una planta competitiva a escala comercial unos 600 millones. Este es un proyecto que debiera partir de 100 hectáreas para terminar en unas 2 mil hectáreas. Con eso podríamos alcanzar una producción anual de 150 millones de litros de biodiesel, que es más o menos el 2,5% del consumo chileno y 100 millones de litros de etanol, que es como el 3% del consumo de gasolina en Chile.
-¿Y cómo pretende fi nanciar todo eso?
-El piloto está basado en mi propio impulso. Pero para la planta se va a necesitar inversionistas institucionales. Hay algunos norteamericanos interesados, pero no he cerrado nada todavía. Es que aún no tengo decidido dónde se va a levantar la planta. Lo único que tengo claro es que va a ser en el norte. Ahora, si todo sale bien, voy a estar produciendo el 2011.