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¿Tributo mucho, poquito o nada?

Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)

 

¿Pagamos poco o el Estado nos exprime más de la cuenta? Todo depende de la vara con que se mida. En términos generales, Chile cobra menos a las empresas, pero compensa con una carga mayor para los socios al momento de retirar utilidades. Por Sandra Burgos.

 

Muchos o pocos impuestos? Todo depende de la comparación: en Chile se recaudan impuestos equivalentes al 17,9% del Producto Interno Bruto, una cifra similar a la de Japón y no muy lejana de las de Estados Unidos y Alemania, donde alcanza al 21 y al 22%, respectivamente.

Medirse en relación al PIB es, de acuerdo a los expertos, la forma más adecuada, porque no todos los países tienen el mismo sistema tributario. Por ejemplo, en Estados Unidos no existe el IVA, sino un impuesto al consumo diferente. Osiel González gerente de Impuestos Internacionales de Ernst & Young, explica que el sistema tributario chileno es bastante simple, ya que se trata de un modelo nacional y único, sin que existan impuestos federales o locales, como en Brasil, Argentina o el propio Estados Unidos. “Además, los impuestos indirectos también son pocos y simples, básicamente el IVA y el de timbres y estampillas, además de aquellos destinados a desincentivar el consumo de productos como los cigarrillos (impuesto al tabaco), el alcohol (a las bebidas alcohólicas) y los combustibles, entre otros. En el caso del IVA es destacable que sea un impuesto único y parejo para todos los productos y zonas del país”.

Para comparar nuestra carga con la de otras naciones de forma más integral, Francisco Selamé, socio de Price Waterhouse Cooper, cita un estudio que la consultora realiza todos los años: Paying taxes, que analiza un caso estandarizado para todos los países y, de acuerdo a ese ejemplo, chequea la carga tributaria de una empresa que desarrolla una determinada actividad en distintos países. “Ese ranking se establece sobre la base de las tasas de impuestos, la facilidad que tiene la empresa para pagarlos (es decir, cuántas declaraciones tiene que hacer), y cuántas horas le debe dedicar a esta actividad, porque son un costo para la empresa”, señala Selamé.

En esta radiografía del año 2010, Chile aparece en el lugar 45 de 180 economías, con 30 declaraciones de impuestos, 130 horas necesarias para completarlas y una tasa media de 24%.

Desde la perspectiva de la facilidad para cumplir con las obligaciones tributarias, el país aparece como líder en Latinoamérica. “Esto es principalmente porque Chile es un país centralizado, donde los impuestos son estatales. En Brasil, por ejemplo, hay impuestos estatales, provinciales, municipales. En cuanto a la tasa, aquí aparece que tenemos una tasa baja respecto al resto de los países, pero está influido por el hecho de que tenemos un sistema integrado de tributación a la renta. Una renta que se genera en Chile está sujeta más o menos a la misma carga tributaria que cualquier otro país del mundo, lo que ocurre es que cuando la renta se genera a nivel de la empresa se aplica un impuesto bajo, del 17%, pero se completa la carga cuando se distribuye a los socios, que en el caso de que sean no residentes llega a 35% y en el caso de residentes, el Global Complementario tiene una marginal del 40%”, detalla Selamé.

Con esta particularidad, lo que busca Chile es fomentar que los recursos se queden a nivel de la empresa. En la mayoría de los países las empresas tienen impuestos altos, pero cuando se reparten las utilidades a los accionistas, éstos están exentos.

Oriente exento

Diferencias hay de todo tipo, como el emblemático caso de los Emiratos Árabes Unidos, donde no existen impuestos promulgados por el gobierno central (nunca se ha dictado una ley impositiva), y aunque algunos emiratos tienen decretos tributarios, en la práctica no se aplica ningún impuesto, excepto a las inversiones en las áreas bancaria, petrolera y gasífera realizadas por extranjeros.

Osiel González comenta que hay casos de países que han bajado sus impuestos como estrategia para atraer inversiones, como Irlanda, aunque ahora ya saben el efecto que ello puede tener sobre las arcas fiscales cuando las crisis económicas golpean la tasa de inversión. “Algunas naciones también han implementado sistemas de impuestos diferenciados para fomentar el desarrollo de ciertas zonas geográficas o áreas de la economía. India, por ejemplo, no cobra impuestos durante 10 años a quienes inviertan en infraestructura, energía y líneas de transmisión. Los exportadores de software pueden deducir el 100% de sus impuestos y hay tratamientos tributarios especiales para algunas áreas geográficas”.

En China hay un caso parecido, la industria de la alta tecnología en ciertas regiones no paga impuestos durante los dos primeros años después de realizada la inversión y sólo cancela el 50% en los tres años posteriores, para llegar al 100% en el sexto año. “También hay incentivos especiales para actividades que el gobierno defina como estratégicas, para aquellas industrias amigables con el medio ambiente, para las que sean fuertes en inversión y desarrollo y las dedicadas a la tecnología”, describe González.

Mención aparte merecen los paraísos fiscales, que por lo general cobran un derecho a operar en el país, pero no impuestos.

¿Qué países tienen más tipos de impuestos?
Osiel González, gerente de Impuestos Internacionales de Ernst & Young, afirma que sin duda los países federales, ya que a los impuestos de cada Estado se suman los nacionales. “Conocido es el caso de Brasil, donde se aplican diferentes impuestos indirectos y distintas tasas y métodos de cálculo, dependiendo del Estado en que se realice la transacción. Japón también aplica altas tasas de impuestos dependiendo de la zona del país en que se ubique el contribuyente”, precisa.

Suecia, que siempre es indicado como un ejemplo de altas cargas impositivas, bajó el año pasado su impuesto a las empresas de 28% a 26,3%. “En general, en el mundo los países tienen impuestos más o menos similares, de entre un 25% y un 30% para la tasa corporativa; sin embargo, las grandes distinciones vienen en el caso de la forma en que se calculan los impuestos; es decir, las bases y lo que se permite deducir”, agrega González.

 

Rarezas de la naturaleza impositiva
Los impuestos medioambientales, para sancionar los daños y fomentar la producción limpia , ganan terreno en el campo mundial de los tributos. Pero hay otros casos realmente llamativos:

Impuesto a los obesos en Finlandia. Un tema que hizo hervir la polémica fue la discusión sobre aumentar los impuestos a las personas obesas, con gastos relacionados con salud más altos que a los ciudadanos que se mantengan dentro de los niveles considerados como normales según el Índice de Masa Corporal (IMC). Lo anterior, asociado a una reducción del IVA a los vendedores de bicicletas.

La Francia verde. Nicolas Sarkozy es un defensor a ultranza de la ecotasa, por lo que decidió aplicar un nuevo impuesto ecológico a partir de este año, consistente en un pago de 17 euros por cada tonelada de CO2 que se produzca; 4,5 céntimos por litro de gasóleo y cuatro céntimos por litro de gasolina. Todo ello es recompensado con cheques verdes para, por ejemplo, quienes compren un vehículo eléctrico.

La curiosidad china. Hace unos años el gobierno decidió aplicar una exótico medida: gravar el uso de los palillos desechables para comer, lo cual fue acompañado de impuestos especiales para clubs de golf, relojes importados, disolventes, parqués de madera, autos y yates.

Impuesto al WC. En Maryland existe un impuesto por cada WC que tenga la casa. En Alabama se aplica un impuesto especial por la compra de naipes. En Virginia se cobra un impuesto especial por la venta de artículos para “bromas”. Quizás lo más extraño existe en Tennessee: un impuesto a la posesión de drogas ilegales.

A las vacas. Actualmente en varios países (Dinamarca, Irlanda, Nueva Zelanda) se discute la posibilidad de cobrar un impuesto a las vacas, por las emisiones que producen y aumentan el efecto invernadero.

A las bolsas plásticas. En 2002, Irlanda estableció un impuesto medioambiental, destinado a reducir el consumo de bolsa plástica. La tasa asciende a 22% por bolsa y es cargada por los vendedores al momento de la venta.

 

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