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Artículo correspondiente al número 316 (30 de diciembre del 2011 al 26 de enero del 2012)
¿De qué se va a hablar este año que comienza? La política, economía, los mercados... todo se avizora bien movido. Cuales pitonisos, los columnistas de Capital apuestan por lo que viene.
El fracaso de las falsas profecías
por sergio melnick
Si El año 2011 fue febril, el 2012 será frenético. No habrá Apocalipsis, pero sí grandes cambios, sobre todo, por las nuevas tecnologías. Frente al colapso de la economía de bienestar, el capitalismo seguirá mutando. La opción es dejar de mirar al pasado y, por fin, avanzar.
Empecemos revisando lo que nos deja el año que termina: un gobierno tratando de avanzar, una oposición obstructiva aun contra sus propios intereses. Estudiantes que pretenden no serlo, que no quieren ir a clases pero sí pasar de curso, y que quieren dar ellos las cátedras a la sociedad y a sus propios profesores. Rectores de universidades estatales débiles y asustadizos, con poco pedigrí para el cargo. Un presidente de los profesores racista y desprestigiado, que defiende la mediocridad. Los adultos, atemorizados, sin ejercer su adultez para poner los límites que tanto necesitan niños y jóvenes. Una clase política desacreditada, incapaz de hacer los acuerdos a los que está convocada. Un año además golpeado por escándalos de la Iglesia, La Polar, los pollos y supermercados, que generan desprestigio público al mundo empresarial y que marcan la agenda para el año político.
En la política más dura, la Alianza, si bien se afiata un poco más, aún deja traslucir su des-amor profundo. La UDI enfrenta su gran estilo doctrinario, que ha sido la base de su enorme éxito, a nuevos aires de renovación de modos que a mi parecer sólo la pueden perjudicar. RN se desangra por los medios de comunicación en una disputa interna que nadie entiende muy bien. En el otro frente, la Concertación se ve absolutamente des-integrada, sin propuesta alguna, incluso renegando de su propia obra (según encuesta CERC), con intentos vanos de reinvención y con total ausencia de liderazgos. En ese tenor, espera en forma ilusoria la llegada del hada salvadora, que todo indica que nunca llegará, y que si llega será aún peor, ya que se inmolará como Frei. La Concertación no alcanza en este momento siquiera un 20% de apoyo popular, después de 20 años de gobierno que yo calificaría de exitoso, con excepción del último periodo, que le significó la abrupta caída.
Los avances del gobierno
A pesar de ese mal ambiente político, el gobierno avanzó de manera casi increíble. Logró un crecimiento espectacular de la economía, con tasas record de empleo y la inflación controlada. Mejoró la situación fiscal de un enorme déficit heredado de la gestión anterior y revirtió la caída de la productividad de la era Bachelet-Velasco. Además, adelantó decididamente en la agenda social, como nunca: aprobó el posnatal de 6 meses, el 7% a los jubilados, el ingreso ético familiar, el bono de bodas de oro, rebajó la tasa de los créditos estudiantiles a un tercio de lo que era, aumentó la gratuidad educacional superior, avanzó en educación pre escolar, siguió adelante con los incentivos para que los mejores estudiantes vayan a las pedagogías. Aprobó el voto voluntario y la inscripción automática, simplificó los trámites para crear empresas, se lanzó el Sernac financiero, se aprobaron dos nuevas líneas del Metro, se mejoró el Transantiago, además de sus contratos, y hasta lanzó un satélite. Todo esto, arrastrando la reconstrucción del terrible terremoto del año anterior. Nada mal para tan poco tiempo en La Moneda. La espina que más le duele al gobierno es el tema de la delincuencia y seguridad, que es un eje central de sus propuestas y que debiera ocupar mucha atención en sus políticas para el 2012, y durante el cual debieran madurar las acciones iniciadas en los primeros dos años.
El escenario global
El año 2012 se nos viene en medio de las falsas profecías esotéricas del Apocalipsis, que se enfrentarán a su fracaso histórico en un ambiente económico internacional muy enrarecido y extremamente volátil. Pero de alcance menor a la crisis de 2008-09, y fuertemente focalizado en Europa. Un medio oriente arábigo convulsionado en la búsqueda de un destino más democrático para el que no está preparado, lo que anuncia tempestades. Un cambio decisivo se empezará a gestar en Corea del Norte, último vestigio fuerte del comunismo trasnochado. Estados Unidos, enfrentado a una elección crucial, mantendrá su economía débil pero moviéndose, con el dólar muy fortalecido como último refugio financiero. El 2013 debiera, a mi juicio, ser un poco peor que el 2012, y la recuperación empezaría el 2014 de manera lenta pero sostenida, anunciando una nueva era de progreso basada en las nuevas tecnologías y en nuevas formas de coordinación mundial de soporte a una globalización ya necesaria y cada vez más veloz.
La tecnología que nos impulsa
En 2012 se completará la Estación Espacial Internacional, la más grande jamás construida, de unas 350 toneladas y de una cuadra de largo. El Laboratorio de Ciencia de Marte aterrizará en ese planeta, con cámara de video 3D. Google + se consolida como el gran líder, Facebook llega a mil millones de usuarios e internet dobla su alcance global. Las nubes computacionales crecen, los Bots digitales se empiezan a consolidar, comienza a aparecer la Web 3.0, se reafirma la lógica del Streaming Media (por ejemplo, Netflix), los smartphones siguen dejando atrás a los viejos teléfonos y se transforman en asistentes digitales personales, el libro físico sigue cediendo frente al digital y, así, va creciendo la marcha hacia la Matrix de la civilización. Avanza la tecnología 4G, ampliando la digitalización de la sociedad, y se empezarán a masificar chips de 14 nanómetros, casi la mitad de los actuales. Seguirán el proceso de fusión de internet y la televisión, y la creciente robotización. Windows 8 podría aparecer en el mercado, y el impacto del i-phone 4S (Siri) presionará para acelerar la activación por voz de todas las tecnologías digitales. Continuará fuerte la marcha a la conexión de interfases computacionales con el cerebro, por ahora orientada a personas minusválidas. También, la famosa partícula de Higgs podría ser encontrada en el acelerador del CERN en Suiza, dando un paso gigantesco en el entendimiento de la materia.
Esto nos da una indicación acerca del movimiento del mundo actual, que contrasta con la pequeñez de nuestro debate interno.
Cable a tierra
En ese marco, ¿que nos espera para Chile? Nadie puede realmente predecir el futuro, pero sí apreciar ciertas tendencias y semillas que deben florecer. La economía será afectada por el difícil entorno internacional, pero mucho menos que en otros países, y me inclino a pronosticar un crecimiento superior al 4%, con el precio del cobre siempre sobre tres dólares la libra, el dólar en torno a 500 pesos y el petróleo sobre los 100 dólares el barril. Lo anterior significa que se mantienen a todo vapor los proyectos mineros, acompañados del avance de los salmones.
Los alumnos estarán aún más radicalizados. La cara bonita que repetía consignas del 2011 no fue validada por los propios estudiantes, que se movieron aún más a la izquierda con un nuevo líder, más inteligente, más preparado, con más ideas –aunque un poco trasnochadas–, más agresivo, y más carismático. Un líder que ya no sólo quiere representar a los estudiantes, sino que cambiar la sociedad de raíz. Un líder que descalifica a la Concertación, a la Alianza, al gobierno, al congreso y hasta al Partido Comunista. O sea, señala que el 95% de la sociedad está equivocada, menos él. Por ello el pronóstico es malo para el año 2012 en esta materia. La violencia será la carta natural de las minorías que se sienten iluminadas. No creo que la educación pública resista otro paro de medio año académico en 2012.
Con todo, varias de las banderas estudiantiles ya no están flameando. La tasa de interés bajó, se aprobó la idea de des-municipalizar, habrá una institución de fiscalización de las universidades privadas y agencias de calidad para los secundarios. Todos están de acuerdo en el 100% de cobertura pre-escolar. Aumentaron las becas y la gratuidad y crecieron los recursos llamados basales. Lo que queda es empezar a hablar de educación de una vez por todas. Hay que cambiar el estatuto docente, eliminar la PSU y cambiar la lógica de los títulos universitarios partiendo por uno general y académico antes de los profesionales. Se necesitan nuevas universidades y centros técnicos. Hay que liberalizar los contenidos y pasar a la gestión del conocimiento más que a su acumulación. Hay que enfrentar la brecha digital y tantas cosas que nadie realmente quiere discutir: menos, los estudiantes que, como tales, aún no tienen las herramientas ni la experiencia para entender estos temas.
La municipal como pre-presidencial
En ese tráfago nos enfrentamos a las primeras elecciones de esta administración. Un test muy interesante. Probablemente con un nuevo padrón electoral, que no creo que afecte demasiado a los partidos. Como ocurre en Chile, las elecciones no se ganan, se explican. Todos clamarán la victoria, pero la medición final debe ser en alcaldes, y especialmente en las comunas emblemáticas. Es aún muy pronto para los pronósticos. Lo más importante es que esta elección catalizará la salida a la cancha de los presidenciables, y creo que sellará definitivamente el destino de Bachelet, que no querrá entrar a la hoguera de la Concertación. Esta última deberá hacer primarias en 2013, en que se enfrentarán probablemente Walker, de la DC; Lagos Weber, del PPD, Gómez, del PRSD, y MEO, del PRO. El PS seguirá esperando al hada, y no le dará la pasada a Ricardo Lagos, que hace todo lo posible por entrar al ruedo, pero sin éxito alguno. Huele un poco a añejo.
Por el lado de la Alianza, ésta tiene cuatro presidenciables fuertes: Golborne, Allamand, Longueira y Matthei. Y en nuestra loca política hasta podría emerger Carolina Schmidt, como alguna vez lo hizo Bachelet. Lavín pasó a la reserva. El problema es que todos los nombrados están en el gobierno, lo que por un lado les da visibilidad pero por otro les amarra las manos. Si la contienda se adelanta, estarán obligados a tomar decisiones.
Wild cards
El 2012 tiene sus propias complejidades en barbecho. Se espera un primer fallo de La Haya, que nos pegará un pequeño mordisco que, aun sin relevancia real, herirá el ego nacional y generará un poco de la unidad que tanto nos hace falta. Bolivia se abrirá expectativas y quizás el gobierno saque un as de la manga. El tema HidroAysén será bravo. Se planteará el tema de la salud, como barco de batalla de la izquierda, y quizás la banca como objetivo político, también. La sequía podría ser un gran tema, dependiendo del clima.
Epílogo
El año será muy movido políticamente, pero tendrá un balance positivo. La política, en vez de ser la solución del problema, será una vez más el problema. Necesitamos una renovación de los liderazgos, más que por edad, por ideas y propuestas. Ya sabemos que el socialismo no funciona, que el capitalismo está mutando y que el estado de bienestar colapsó como propuesta intermedia. Es tiempo de unidad para mirar al futuro, no de seguir pegados en el pasado. Para atrás seguiremos empatando y desangrándonos innecesariamente.
La “marketización” del ciudadano
Por Martín Rodríguez
Luego de un año de protestas y movilizaciones por una mayor igualdad, el 2012 puede ser el momento de otro relato, ligado a una nueva manera de solucionar los problemas del mercado. ¿Cómo? Con más mercado.
2011 fue el año del ciudadano social, aquel que se empoderó para alterar los actuales patrones de participación y deliberación, que apostó a cambiar los patrones de la política en función de favorecer un nuevo orden social. Su impacto fue enorme y el cuestionamiento al actual modelo también. Todo indicaba que el relato de la desigualdad era imparable. Sin embargo, hay señales que apuntan a un nuevo escenario.
El año de las marejadas
Por Francisco Javier Díaz
Olas de distinto calibre golpearán a nuestro sistema político. Los actores deberán capear fuertes corrientes. Cuando baje la marea, nos daremos cuenta de que algunos quedaron sin traje de baño. Será un año difícil para todos.
La ola económica
El diseño inicial del gobierno de Sebastián Piñera contemplaba un panorama económico mundial de recuperación y no de recaída. Crecimiento promedio de 6% y 250 mil empleos por año se contaban entre sus promesas. Pero las noticias parecen ir en sentido contrario.
Estados Unidos nunca logró reactivar su economía, a pesar de los programas de apoyo. Se debilitó la creación de puestos de trabajo y eso, a su vez, debilitó fuertemente al gobierno. El país del norte entró en un ciclo político perverso, donde primaron las voces disonantes y altisonantes antes que las voces de consenso. En Europa el asunto es mucho peor. Grecia sencillamente se desplomó política y fiscalmente, y han sido varios más los países que entran en área de riesgo, como Portugal, España y, posiblemente, Italia. En toda Europa se respira un aire de incertidumbre. La sobrevivencia de la moneda común está en serio cuestionamiento y, más aun, la vigencia del proyecto de Unión Europea se encuentra en entredicho.
Dos de tres bloques económicos están en problemas, mientras que el tercero (Asia, y particularmente China) se encuentra a la espera. La economía chilena puede, por tanto, verse muy afectada. Probablemente no se vivirá la crisis al nivel de 2008 y 2009, pero la promesa inicial del gobierno no se verá cumplida. Habrá restricciones, decaerá el crecimiento, mermará la creación de empleo. El alza en el precio de los alimentos sigue golpeando a las clases medias y populares. ¿Cuánto afectará al gobierno esta marejada? ¿Hará de la crisis una oportunidad, como pudo hacerlo Bachelet, quien tuvo la oportunidad de demostrar la relevancia de su sello de protección social ante la crisis? ¿O primarán el escepticismo y la decepción ante un gobierno que prometió dinamismo, eficiencia y prosperidad?
La nueva ola
La segunda marejada provendrá de los estudiantes y, más en general, del movimiento social. Porque la aprobación de la Ley de Presupuestos estuvo lejos, muy lejos, de ser siquiera un avance en la resolución de dicho conflicto.
Por un lado, es un hecho que el gobierno ha colocado un firme freno a cualquier iniciativa que altere las bases del modelo de educación básica y media. Salvo la revisión de la municipalización (el que, a la luz del proyecto enviado al Congreso, se trata más de una reforma administrativa antes que algo de fondo), el resto del sistema se mantiene incólume, con colegios municipales y particulares subvencionados compitiendo por la subvención, sin mayor apoyo a la educación pública, sin modificar el sistema de colegios con fines de lucro ni tampoco afectando el financiamiento compartido; el que, sabemos, es el principal causante de la fuerte segregación del sistema educativo chileno. Los estudiantes secundarios pueden volver a manifestarse, pueden volver a las tomas y puede volver a ponerse en riesgo el año escolar para decenas de miles de muchachos. Pero lo más importante es que gran parte de la ciudadanía no entiende por qué no se acometen reformas en, al menos, algunos de los puntos esenciales del sistema.
Por el lado universitario, el conflicto sencillamente no tuvo avance. Si las movilizaciones se detuvieron en noviembre, fue más bien por cansancio y elección de nuevas directivas antes que por las negociaciones. Los nuevos dirigentes estudiantiles pueden no gozar del carisma de los que dejaron sus cargos, pero se ven igual o mayormente duros a la hora del debate con el gobierno. La gratuidad, las becas, el CAE, el aporte basal a las universidades públicas, el fin de las sociedades espejo en las universidades privadas, entre varios otros temas, pueden gatillar nuevas manifestaciones durante el año, y el gobierno no parece querer ceder. A eso se le agregará, probablemente, la creciente incapacidad de diálogo entre el movimiento estudiantil y los partidos políticos de la Concertación.
Marea de votos
Los políticos aún no han aquilatado la trascendencia de la aprobación de la inscripción automática y el voto voluntario que se hará efectiva en la próxima elección municipal. En breve: 4 millones y medio de votantes se incorporarán ipso iure al actual registro electoral. Hay comunas que verán incrementado el padrón en más de 200%. Es decir, en muchas comunas se tratará de una completa nueva elección.
A eso se le suma la incertidumbre que provoca el voto voluntario. Nadie sabe cuántos de aquellos 4 millones y medio de votantes irán a votar el día de la elección municipal; ni tampoco, cuántos miles del actual padrón electoral, el de los ya inscritos, se restarán de votar producto de la voluntariedad.
En definitiva, se genera una completa nueva dinámica en esta elección. Los candidatos deberán, primero, convencer a la gente de que es bueno ir a votar, y luego, convencerla para que voten por ellos. No se sabe bien cómo se dará aquello. ¿Habrá acarreos masivos a los centros de votación? ¿La campaña tenderá a hacerse más nacional o más local? Probablemente se verán caer antiguos bastiones electorales. Primeras mayorías de 40% o 50% en algunas comunas pueden verse fácilmente reducidas a un 20%. Y se verá surgir nuevos liderazgos de la nada. Aunque la evidencia de otros países indica que a nivel agregado debieran mantenerse las tendencias electorales, es un hecho que, a nivel particular, todos los políticos transpirarán un poco más.
La corriente del Niño
Habrá que ver cuánto se consolida la corriente de opinión pública por Golborne, es decir, la corriente del Niño. Todo indica que los dos pesos pesados, Allamand (RN) y Longueira (UDI) intentarán posicionarse como presidenciables. La contienda se plasmará en la campaña municipal, pero la definición se acelerará hacia noviembre y diciembre, después de las elecciones.
Longueira, sin embargo, tiene un as bajo la manga, que es la mayor cercanía que muestra Golborne hacia la UDI antes que a RN. Es decir, si Longueira ve que Allamand queda mejor aspectado que él, intentará ganar por la vía de apoyar a Golborne y ser el hombre fuerte de su candidatura.
¿Puede ganar Golborne esta competencia? Claro que puede. Si bien su liderazgo ha decaído paulatinamente, se mantiene muy alto. Goza de una simpatía ciudadana indesmentible. Es relativamente joven, meritocrático, telegénico, y transpira futuro y no pasado. ¿Puntos débiles? Su escasa experiencia política puede hacerle pisar varios palitos. Además, si el actual gobierno no recupera puntos en las encuestas, le puede perjudicar ser ministro de Piñera. Con todo, goza de un gran capital.
La corriente de la Niña
Sea cual sea la decisión que tome Michelle Bachelet respecto de una posible candidatura presidencial, la marejada política que genere su decisión será de proporciones. Si Bachelet decide venir y ser candidata, tiene una amplia posibilidad de ganar. Goza de una sólida posición en las encuestas. Si bien ha sido fuertemente interpelada por parte del movimiento estudiantil, lo cierto es que su opción es clara mayoría, incluso entre los actuales no inscritos (los que con el cambio de la ley estarán habilitados para votar).
Su candidatura hará que otros posibles pre-candidatos en la oposición lo piensen dos veces antes de competirle. Una primaria bien llevada podría ser un ejercicio saludable, para efectos de aglutinar personalidades y equipos que hasta ahora han estado distanciados. Pero el resultado, hasta ahora, parece favorecerle. La disputa con la derecha puede ser difícil (sobre todo si Golborne es el elegido), y la presencia de MEO en primera vuelta puede hacerle sufrir varios embates. Pero mantiene la primera chance de ser de nuevo presidenta de Chile.
Si Bachelet decide no ser candidata, el naipe en la oposición se abre completamente. Estaríamos en presencia de primarias al estilo norteamericano, con un puñado de pre-candidatos en la grilla de largada, los que en el transcurso de los meses van declinando su opción a medida que se van desplegando las campañas y van llegando los números de las encuestas, para llegar a un escenario final con los dos candidatos mejor perfilados.
¿Quiénes serían estos pre-candidatos? Por lo pronto, dos que ya se han lanzado públicamente, como el radical José Antonio Gómez y el independiente Andrés Velasco. A su vez, sería impensable que la Democracia Cristiana no llevara un candidato. Ximena Rincón y Claudio Orrego asoman como las cartas más probables, aunque no se sabe qué mecanismo utilizará la DC para definir dicho torneo. El PPD se encuentra un poco más a la espera. Es probable que Carolina Tohá compita por la alcaldía de Santiago. Sólo quedarían con reales opciones los senadores Girardi y Lagos Weber, aunque lo más lógico es que el primero opte por asegurar su reelección senatorial. El PS sencillamente no se ha puesto en el caso de que Bachelet no acepte, aunque Fulvio Rossi ha manifestado sus ganas de correr. MEO, por su parte, ha dado todas las señales de querer ir a la primera vuelta.
¿Quién tiene las de ganar en este escenario? Según los números disponibles hoy, Andrés Velasco goza de la mejor aprobación y su nombre comienza a aparecer en mención espontánea. Lagos Weber también marca buenos puntos en las encuestas. Pero es difícil hacer un pronóstico a tantos meses de la elección, sobre todo cuando la sombra de Bachelet afecta las respuestas que los ciudadanos dan en los estudios de opinión.
Piñera, el capitán
Sea como sea el panorama económico, social o electoral de 2012, lo concreto es que Sebastián Piñera es el capitán del buque y que conducirá el país en este periodo de marejadas. Su principal desafío a estas alturas no pasa por subir en las encuestas. Aquello puede ser deseable, pero no es decisivo. Su desafío es mucho mayor y pasa por re-encantar a su propia gente.
El ánimo de decepción ha cundido en su base e, incluso, en quienes no votaron por él. Se esperaba mucho más del gobierno de Piñera. Salvo el posnatal de 6 meses, no existen en su gobierno grandes reformas ni obras que vayan a quedar como legado en el tiempo. Ni el 7%, ni la forma como ha llevado adelante el ingreso ético familiar (ha quedado reducido a la entrega de bonos sin mayor condicionalidad), ni las “bodas de oro” están al nivel de grandes reformas sociales de gobiernos anteriores. La reforma previsional, el seguro de cesantía o el plan AUGE, por poner tres ejemplos, fueron reformas de envergadura, que alteraban la forma en que se concebía la política social en dichas materias. El crecimiento económico se verá afectado por la crisis. En delincuencia, tema tan relevante para la derecha, no logró la inflexión deseada. Y todo indica que el gobierno ha tomado la decisión de no producir cambios profundos en materia educacional.
En lo político, el gobierno podría intentar modificar el binominal y pasar a la historia, pero parece que definitivamente no lo hará. Y la reforma tributaria, anunciada por el presidente, pero rápidamente postergada por el mismo gobierno, sencillamente tampoco llegará.
En definitiva, 2012 puede ser un año complicado. Cuando un gobierno no tiene relato central, es difícil pensar que los ciudadanos serán pacientes y aguardarán los resultados. No hay mucha siembra como para esperar una gran cosecha. Es el drama del gobierno de Piñera. Un gobierno que careció de mayor ambición, que no supo leer los vientos de cambio y que arriesga quedar expuesto a las fuertes marejadas.
Misión imposible
Por Fernando Larraín
¿Se salvará Europa? durante Los meses que vienen, el mundo pondrá los ojos en el viejo continente, que sigue clamando por líderes. Llegará la hora de las decisiones difíciles –porque algunas soluciones pueden ir contra la soberanía fiscal de los países miembros- y de la política que, para tener éxito, deberán cobrar dimensiones heroicas.
Luego de la crisis financiera la discusión apuntaba a con qué velocidad se iban a recuperar los mercados. Los más optimistas pensaban que la recuperación tendría forma de V mientras que otros decían que se parecería más a una W o a una U. Nadie en esos tiempos hubiera pensado que el 2011 iba a ser un año turbulento no sólo en los mercados económicos, sino también en las calles.