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Artículo correspondiente al número 236 (5 al 16 de septiembre de 2008)
Abogadas, ingenieras, periodistas, agricultoras. En síntesis, mujeres que llegaron desde el “norte” a vivir en los verdes paisajes del sur; en la mayoría de los casos, de la mano de sus maridos, que emprendían nuevos proyectos laborales. Al poco andar, ellas decidieron emprender solas o en sociedad, “colgándose” del fuerte desarrollo económico del sur impulsado por la acuicultura, la lechería y el turismo. Estas son sus historias. Desde Puerto Montt, por María Eugenia González; fotos, Walter Bordon.
Jóvenes, en plena actividad, profesionales hechas y derechas, que de un día para otro amanecen insertas en un entorno radicalmente distinto al que estaban acostumbradas. El shock no podía ser más potente, aunque en todos los casos fueron ellas las que, por distintas razones, se auto-amputaron de la vida urbana para transplantarse en el sur de Chile.
Una decisión consciente, pero no por ello menos impactante en sus vidas. Quisimos conocer sus experiencias, saber cómo se bancaron su peregrinar al sur y cómo finalmente supieron adaptarse y dar salida a sus inquietudes personales en estas australes tierras. Al conversar con ellas pudimos comprobar que cuando está en los genes emprender, nada detiene el impulso.
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| Ingrid Vandeputte es una veterinaria procedente de Concepción que hoy emprende en el rubro ganadero en las cercanías de Puerto Varas. | La puertomonttina Francisca Brahm y sus socias “inmigradas” Carolina Ruiz Tagle y María Ignacia Jarpa. Hoy encabezan una empresa de comunicaciones. |
Cuando la abogada santiaguina de la Universidad de Chile, Macarena Letelier, llegó a Puerto Varas en 2004, junto a su esposo, Rodrigo Eichholz, ejecutivo del rubro turístico, pensó seriamente en producir puré de castañas...
“Hasta hice los cálculos de cuánto ganaría”,recuerda entre risas, aunque reconoce que la idea era más por darse un gusto que por ganar dineros que la vida en una ciudad pequeña era diametralmente distinta al estilo que había desarrollado en la capital. Aunque “ahora tenía tiempo para disfrutar de mis hijos, a diferencia de Santiago, donde trabajaba muchas horas y llegaba tarde a casa”, la verdad es que su nueva vida en el sur le dejaba espacio para canalizar otras inquietudes.
Al poco andar, Macarena conoció a Fernanda Soza, abogada de la Universidad Católica, con cuatro hijos, que llegó de la mano de su esposo, Juan Sebastián Montes, en esa época ejecutivo salmonero, hoy consultor. “Yo estaba feliz de poder disfrutar a mis hijos, pero algo faltaba”, confiesa Fernanda. Ella había vivido un par de años en Barcelona junto a su familia, mientras su esposo hacía un doctorado, período en el cual ya había postergado su desarrollo profesional.
La experiencia laboral de ambas, antes de su arribo al sur, era bastante distinta: mientras Macarena trabajó desde tercer año de su carrera en distintos estudios –de hecho se encontraba colaborando con la destacada abogada Olga Feliú al momento de su cambio de ciudad–, Fernanda estaba trabajando en una fundación.
Sin lazos de amistad previos y con el solo conocimiento que habían alcanzado en la cotidianeidad de la vida familiar que desarrollaban en Puerto Va ras, en 2005 decidieron instalarse con el estudio SYL Abogados. Y no les ha ido nada de mal: tienen una interesante cartera de clientes que abarca desde el Banco Santander hasta varias empresas salmoneras, y atienden desde Valdivia hasta Coyhaique. Incluso, se dan tiempo para que un 25% de sus clientes sean Probono. Uno de sus grandes logros es que son oficina corresponsal de importantes estudios de Santiago, como Carey y Claro y Cía.
Pese a los éxitos, reconocen que a veces sienten la falta de “un/una maestro/a” que las acompañe, situación que compensan, en parte, con material bibliográfico o sitios especializados en Derecho que se encuentran en Internet.
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| La periodista Paula Carvajal se trasladó al sur en 1999. A poco de llegar fundó la empresa Punto10. |
Inés Hanning vive junto a su familia en Ancud. Allí produce cremas a partir de caracoles y emprende en el rubro turístico. |
Una historia similar es la que vivieron Natacha Rovira y Carolina Montes. Ambas ingenieras comerciales de las universidades Diego Portales y Católica, respectivamente, llegaron a Puerto Varas en 2004 acompañando a sus maridos, quienes habían asumido importantes cargos ejecutivos en la industria salmonera.
Sin embargo, algunos matices diferencian sus llegadas. Mientras Natacha se sumó a la propuesta laboral de su marido, Martín León, gerente del área Salmones de Pesquera Camanchaca; Carolina, casada con Alfonso Márquez de la Plata, gerente general de AquaChile, fue quien más empujó la idea de irse al sur. “Yo motivé esta aventura sin fecha de regreso”, cuenta, al tiempo que explica que tomaron la decisión luego de haber vivido un par de años en Chicago por estudios de ambos. Una vez de regreso en el país, les hizo sentido probar en una ciudad distinta a Santiago.
En la capital, Natacha y Carolina habían logrado compatibilizar trabajo y familia gracias a que estaban contratadas a media jornada en sus respectivas oficinas. Natacha era la jefa de Internet de Parque Arauco y Carolina, directora de Estudios de Interbrand. Quizás por eso, nunca estuvo es sus planes abandonar el ejercicio de sus profesiones.
Ese aspecto en común y el que ambas son aficionadas al deporte –forman parte del grupo de maratón Corremundo–, les permitió no sólo conocerse y empatizar, sino que también emprender, en conjunto con una consultora orientada al marketing. “Partimos en la cafetería de un hotel como oficina”, recuerdan. Su primer trabajo fue un llamado ad honorem que les hizo Un techo para Chile. “El objetivo era levantar recursos desde las empresas, para lo cual nos enfocamos en la RSE”, anotan.
Después vino una seguidilla de asesorías, entre las que se encuentran la del Centro Integral de Medicina y Ejercicio (CIME) de la Clínica Los Andes (un proyecto que “tuvimos listo en 60 días”); la Maratón de Puerto Varas (a la cual “le dimos el carácter internacional que tiene hoy, y aumentamos de 400 a 1.500 los participantes, además de lograr 30 auspiciadores”).
Pero sus logros no quedarían ahí, ya que luego asesorarían al Centro de la Familia, CENFA, “donde hicimos la migración desde una institución que recibe donaciones a otra que genera recursos. El modelo incluso fue exportado a Santiago, y nos mantenemos ligadas a la institución como parte del directorio”, puntualizan. También trabajarían con Aerocorp, del grupo Fischer, al que apoyarían en el desarrollo de marca. “Nos lanzamos con ese proyecto, pero fuimos más atrevidas, porque transformamos una empresa de aerotaxis en una línea aérea que busca ser líder del mercado”.