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Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)
El gerente general del Holding Feria Ganadera de Osorno lleva 40 años ligado a la empresa. Salvo un paréntesis para incursionar en la arena política, el hombre conoce al revés y al derecho la historia y desafíos del negocio agrícola y ganadero. En esta entrevista desmenuza las fuerzas que están haciendo vibrar al sur de Chile. Por María Eugenia González.
Con 40 años en la gerencia general de la Feria Ganadera de Osorno, Harry Jürgensen sabe que puede hablar con propiedad de la profunda transformación que ha vivido el campo chileno. Y sabe también que su voz es autorizada a la hora de recomendar las estrategias que hay que adoptar para enfrentar un mercado cada vez más competitivo.

Desde sus oficinas en el centro de Osorno, “la capital de la leche”, el ejecutivo hace gala de un tono franco y lanza algunos dardos a la forma en que los distintos gobiernos han venido haciendo las cosas en el sector. “Nunca se ha podido aplicar un programa de desarrollo de la ganadería como lo hacen otros países”, dispara de entrada y remata: “hoy la agricultura mundial no sólo tiene que preocuparse de alimentar, sino que además, de aportar para resolver el problema energético”. Pero no sólo en lo macro visualiza retos. También se detiene a sopesar el impacto que está teniendo en la zona la llegada de inversionistas foráneos, especialmente neozelandeses. “Tenemos mucho que aprender de ellos”, asegura, aunque reconoce que la demanda por tierra ha generado un fuerte shock en el precio del suelo.
-¿El saldo de esta masiva inmigración neozelandesa a la zona sur es bueno o malo?
-Tengo una opinión positiva porque tenemos mucho que aprender de ellos. De hecho las tecnologías que hemos aplicado en la producción lechera, fundamentalmente, vienen de allá. Diría que es muy interesante la incorporación de neozelandeses en nuestra zona, porque claramente están aplicando una visión, una tecnología distinta y un nivel de productividad de la mano de obra que dista mucho del nuestro.
-¿Y qué opina de las inversiones de empresarios santiaguinos en la zona? ¿Repercuten también positivamente o sólo abren espacio para la especulación en el precio del suelo?
-En mi opinión todas las inversiones que han venido desde el extranjero o desde fuera de la región han sido positivas. Ello, pese a que el efecto que ha tenido es que el suelo ha aumentado de precio, yo calculo en un 100% en los últimos tres años. Y esto ha ocurrido no solamente en la X Región, sino que también en la IX y XI, en proporciones, tal vez, incluso más altas que acá.
Y añade a modo de explicación: “En la IX Región, por ejemplo, han aparecido grandes inversionistas en cultivos tradicionales, me refiero principalmente a granos, que estuvieron botados por décadas, y que hoy se han convertido en una oportunidad de gran rentabilidad, porque la agricultura mundial no sólo tiene que preocuparse de alimentar, sino que además de aportar para resolver el problema energético... Por ahí pasa la gran demanda y el impacto. En la XI Región, en tanto, están en una situación similar, pero apuntando a la ganadería carnicera.
En este escenario, Jürgensen adelanta los planes de crecimiento del holding: abrir espacios territoriales desde la Región de Los Lagos al sur, aumentar la capacidad de procesamiento de Lácteos Frutillar e incrementar la producción de Frigorífico Osorno, apuntando a nichos de mercado, como la carne natural.
-¿Cómo se ha desenvuelto el entorno en que opera la empresa?
-Nosotros trabajamos en un negocio en que lo fundamental es el ganado, y si bien éste ha tenido un desarrollo, lo ha hecho demasiado lento y últimamente incluso está en disminución. Entonces, nuestro problema es que estamos metidos en un negocio donde la masa ganadera no ha crecido y el desarrollo ganadero no ha existido como ha existido en las otras áreas económicas del país.
-¿Y eso a qué responde?
-A que no ha habido un plan de progreso formal, nunca se ha podido aplicar un programa de desarrollo de la ganadería como lo hacen otros países, porque probablemente los incentivos –mi crítica vale para todos los gobiernos de los últimos 40 años– no se ubicaron en los lugares donde, precisamente, se necesitan para el desarrollo de la ganadería. Yo hago el parangón con el crecimiento forestal, el que se ha logrado exclusivamente porque se coloca el incentivo en el lugar y la oportunidad adecuada. Un incentivo similar está reclamando la ganadería desde siempre, porque tiene un retorno mucho más rápido que el forestal. Falta una programación del gobierno de turno.