|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Especial: Todo sobre mi padre |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)
| Mejor que un master Beltrán Urenda Zegers, por José Manuel Urenda Salamanca |
![]() "Mi padre es un hombre al cual admiro muchísimo y la experiencia de trabajar mano a mano con él ha sido extraordinaria, tal vez mejor que el master que nunca pude hacer y que mi hijo mayor acaba de terminar. Cada una de sus palabras y expresiones cotidianas dieron forma al profesional que soy hoy en día. Nuestra experiencia partió en mi primer año de Derecho, en que aprendí a trabajar con un hombre al que considero sabio, culto y de una mente matemática pocas veces vista; que le da poca importancia a lo material, que no abandona sus principios y que es sumamente delicado en el trato con las personas, cualquiera sea su edad, género o condición. De él aprendí a crear cosas y a dar empleo, obligación según él, de quienes tienen facilidad para relacionarse y formar negocios. Así, desde muy niño lo acompañaba a ver obras de construcción y a visitar terrenos, ya que tal como dice hasta hoy en día, las cosas hay que verlas. Lo escuchaba horas hablando por teléfono de negocios o asuntos legales y ya más grande lo acompañé a algunas negociaciones, lo que me hizo aprender que cuando hay plata de por medio muchos pierden la compostura, algo que mi padre jamás perdió. Aprendí también a relacionarme con todo tipo de personas y por sobre todo a respetarlas, a ser constante y machuca, a trabajar duro y a no darme nunca por vencido porque al final los esfuerzos se premian, pero por sobre todo, aprendí a tratar de hacer siempre las cosas bien. Una de sus frases típicas es hay que situarse, la cual dice cuando alguien está muy desubicado, o lo mejor es enemigo de lo bueno cuando ve que uno se demora en un asunto y cuando un tema está muy enredado. También nos dice resuélvanlo ustedes. y me cuentan, aunque después, igualmente, pasa la cuenta. Aunque a veces aparenta dejar pasar las cosas, es una persona tremendamente exigente consigo mismo y también lo es respecto de su gente de confianza. Las excusas no le valen. Cuando quiere llamarte la atención en algo serio, jamás levanta la voz, conversa en voz baja y su mensaje llega mucho más profundo. Por lo único que lo he visto perder los estribos y toda la objetividad, es en el fútbol, en especial si se trata del Everton”. |
| Alrededor de una mesa Ramón Aboitiz Musatadi, por José Ramón Aboitiz Domínguez |
![]() "Mi padre fue sin lugar a dudas un emprendedor. No sólo en el ámbito empresarial, sino también en el campo institucional y académico. Yo diría que en todos esos desafíos que se propuso o aceptó, jugó un rol importante o decididamente exitoso. Creo que hay tres cualidades que en él eran especialmente notorias y que en conjunto le permitieron destacar: inteligencia, rectitud y simpatía. Pienso, sin temor a equivocarme, que era una de las personas más inteligentes y cultas que he conocido. Tenía mucha afición por la historia, la política y las ciencias en general, especialmente la física y la astronomía, a las cuales dedicaba una buena parte de su tiempo. Luego, mi padre tenía una simpatía innata. Gran conversador, era capaz de participar en casi cualquier discusión con asertividad, sencillez y buen humor. Tenía la capacidad de hacer sentir cómodas a las personas, lograba captar su atención y convencer. Le gustaba mucho la interacción social, especialmente alrededor de una buena mesa. Esta característica creo que es muy importante para explicar en parte los logros que alcanzó. Por último, el actuar rectamente fue normalmente una preocupación para él. Sabía que las relaciones duraderas y provechosas se basan en la confianza. Mi padre no era una persona que diera consejos. Esto, probablemente por su dificultad para entablar conversaciones muy personales o íntimas. Sin embargo, creo que quienes estuvimos cerca de él pudimos aprender mucho de su forma de ser y de trabajar. Personalmente, aprecio muchísimo la importancia que significa mantener la palabra, los acuerdos y la rectitud en el trato con la gente. También he heredado su gusto por la lectura, lo cual me permite entretenerme en forma fácil y sencilla. Finalmente, aún estoy conociendo a mi padre en algunas facetas. Yo sabía que participaba en el Hogar de Cristo, la Universidad Alberto Hurtado y otras instituciones, a pesar de que pocas veces hablaba de esto. Cuando murió, se acercó mucha gente, que se refería a él en forma muy cariñosa y expresaba un genuino reconocimiento respecto a su labor en varias instituciones. Sin duda, hacía mucho más de lo que yo pensaba y pocas veces lo mencionaba. Creo que extrañaré los momentos en que nos reuníamos alrededor de una buena mesa con la familia, lo cual hacíamos muy seguido, y conversábamos de fútbol, política, negocios, historia... la verdad es que daba lo mismo, era siempre entretenido”. |