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Todas las de la ley

Artículo correspondiente al número 273 (9 al 23 de abril de 2010)

 


Es cierto: las cortes de EEUU han inspirado muchas -quizás demasiadas- series de televisión y por ahí no todas son buenas. De hecho, hay unas bien malas: ¿Alguien se acuerda de Eli Stones? Sin embargo, de cuando en cuando, producen realizaciones que sería un delito no ver. Aquí, una selección de las mejores. Y ojo, que no todas son gringas. Por Federico Willoughby.

 


Se hará justicia:

Ser abogado nunca tuvo más estilo que en esta producción. La serie, hija pródiga de la década de los 80, logró captar con avezado olfato el glamour propio de ese momento y llevarlo a las cortes. No por nada, muchas de las historias parecían la continuación natural de un capítulo de Miami Vice. Si Sonny Crockett y Cía. gozaban de yates, cocodrilos y mujeres en su lucha contra el crimen, los abogados de McKenzie, Brackman, Chaney and Kuzak vivían en un Los Angeles lleno de mansiones y de millonarios aproblemados por divorcios, investigaciones de sus empresas y malas decisiones. La serie, creada por Steven Bochco, marcó época porque también supo leer los cambios sociales de la Norteamérica de Bush padre. Crímenes fi nancieros, separaciones, derechos civiles y libertades personales eran parte del menú de temas que uno podía ver semana a semana. Además, en Chile impactó a toda una generación para la cual la posibilidad de ver Se hará justicia representaba el escape a una televisión cuyo mayor highlight era Alf.

 

Matlock:

No se equivoque. Que Ben Matlock pasara más de la mitad de los capítulos “en terreno”, persiguiendo delincuentes, haciendo pesquisas o simplemente conversando con sus contactos callejeros, eso no signifi ca que él fuese detective. Por el contrario, era simplemente un excelente abogado al que no le gustaba quedarse pegado en su escritorio. Y para qué mentirse, Matlock apelaba al mismo público de Reportera del crimen y tenía una clara inspiración en Perry Mason. En todo caso, y la razón de por qué aparece en este cómodo segundo lugar del ranking, es que la tensión de cada episodio se sostenía principalmente en sus escenas en la corte. No por nada, la mayoría de sus historias partían con un homicidio no aclarado y era Matlock quien, en el último interrogatorio del juicio, desenmascaraba al asesino, que solía ser el propio interrogado. Quizás una serie más inocente y menos conflictiva en su temática que el resto, pero sin duda muy entretenida.

 

Raising the bar:

Otra de Steve Bochco, algo así como el Jerry Bruckheimer de las series de abogados. Esta producción fue su segundo intento en el mundo de las cortes después de Se hará justicia. Duró dos temporadas y quizás lo más interesante que tenía era que, en vez de centrarse en jóvenes abogados exitosos que están conquistando el mundo y haciéndose millonarios, lo hacía en jóvenes juristas talentosos que ejercían como defensores públicos. Así, en vez de las fastuosas mansiones de su serie anterior, aquí los abogados apenas tenían para llegar a fin de mes y su mayor lujo era juntarse a tomar cerveza a final del día en un bar que no tenía nada que envidiarle a nuestro Liguria. Nunca quedó muy claro por qué la cancelaron, pero lo cierto es que se trataba de una excelente dramatización en la que, además del trabajo de corte, se evidenciaban las particularidades del sistema judicial norteamericano.

Boston legal:

Esta serie viene de la cabeza de nada menos que de David E.Kelley (el también responsable de otros melodramas legales como Ally McBeal y Los practicantes). El tipo es una suerte de hijo putativo de Steve Bochco, ya que su carrera en la televisión se inició justamente haciendo guiones de Se hará justicia. Los pergaminos de la serie parten con el hecho de que se trata de una “dramedy”, es decir, una cruza entre la comedia y el drama. Sus orígenes vienen desde Los practicantes, la cual en su última temporada empezó a cimentar una seguidilla de sucesos que desembocaron en Boston legal. Aquí, el mayor valor agregado es la inclusión de James Spader como un “casi” amoral abogado y de William Shatner como un tipo “casi” alienado, pero que al mismo tiempo es capaz de ganar casos con sólo decir su nombre. La química entre Spader y Shatner fue dinamita y logró llevar la experiencia de las historias legales a un nuevo nivel. Y les aseguró cuatro temporadas al aire.

Damages:

Si los 80 y 90 plantearon los bufetes como lugares donde los abogados eran tipos honestos y había un código moral sumamente establecido, la primera década del siglo XXI entregó abogados mucho más grises, más cercanos al poder y por lo mismo más interesantes. Y en ese aspecto, Damages se luce. La serie, que nos trajo de vuelta a esa Glenn Close de Atracción fatal, trata sobre una joven y lúcida abogada que es “adoptada” laboralmente por una exitosa y agresiva abogada, especialista en casos corporativos casi imposibles. Lo curioso del asunto es que el concepto original era crear un programa explorara la relación entre una poderosa mujer y su protegida, pero finalmente se terminó entrando de lleno al mundo legal, ya que los productores sintieron que en los bufetes de abogados era más común encontrar féminas de armas tomar. Damages casi no tiene moral, los villanos de cada temporada son cada vez más sabrosos y llenos de matices (el de la tercera temporada es un tipo que está inspirado en Bernie Madoff), pero sobre todo deja ese extraño sabor en la boca de que, en el fondo, la ley y la justicia son caminos que rara vez van en la misma dirección.

The good wife:

Una de las favoritas de la temporada americana 2009-2010. Aquí la vuelta de tuerca inicial tiene que ver con los escándalos que acechan a las figuras públicas. La serie parte con la protagonista viendo cómo su marido, ex fiscal general de Chicago y un modelo de ciudadano perfecto, es detenido por cargos de corrupción, por pagar a prostitutas, estar ligado al crimen organizado y suma y sigue... Lo que sucede a continuación es el camino de la esposa del fiscal, Alicia Florrick (interpretada por la ex ER, Julianna Margulies) por encontrar trabajo para mantener a su familia y decidir si quiere o puede perdonar a su marido. Y claro, se emplea en un bufete (conoció a su marido en la universidad cuando ambos estudiaban leyes). Además de ayudar en una serie de complicados casos, empieza a sospechar que lo de su marido pudo haber sido una conspiración. Entretenida y bien escrita, es sin duda una de las buenas series de abogados que ofrece el menú catódico hoy por hoy.

Justicia para todos:

Esta serie de televisión es chilena y fue hecha con dineros de la Reforma Penal como una manera de enseñar a los ciudadanos cómo iba a funcionar la nueva justicia en Chile. Es como si el gobierno hubiera decidido producir una comedia sobre el Transantiago para que la gente lo aprendiera a usar. En fin, más allá de lo extravagante de la idea, lo cierto es que la dramatización era inusualmente buena. Interpretada por Bastián Bodenhöfer y Alvaro Escobar, tomaba prestados algunos trucos de las series americanas para crear una historia de abogados que funcionaba, al menos, como pasatiempo: digamos que finalmente el espectador no aprendía mucho del mentado sistema. Haya sido o no una avivada de alguna productora, siendo honestos era muy entretenida. Ojalá hubieran hecho una segunda temporada.

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Comentarios

4 Comentarios

rodrigo :

Publicado Domingo 25 de Abril, 2010 - 22:41 hrs

Pero falta The practice... nadie recuerda el plan B???

Andrés :

Publicado Domingo 18 de Abril, 2010 - 22:43 hrs

Faltó la terrible "Family Law", donde participó Cristián de la Fuente en un rol muy secundario...

Tomás :

Publicado Lunes 12 de Abril, 2010 - 10:35 hrs

Raising the bar es interesante, pero un poco cliché... los defensores son todos buenos chicos y los fiscales unos desalmados. 
 
Creo que les faltó la mejor de todas "Los Practicantes'', de dónde salió el spin-off que es Boston Legal (buena, pero livianita)

Gaston Barril :

Publicado Sabado 10 de Abril, 2010 - 22:26 hrs

Muy buen ranking, aunque creo que faltó "La ley y el orden". En mi caso me quedo con Boston Legal, por su forma irónica de mostrar a nuestra arrogante y glamorosa, y a veces, despiadada y cruel también, pero en suma, hermosa profesión.-

 
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