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Artículo correspondiente al número 218 (30 de nov al 13 de dic 2007)
El museo no interrumpirá sus exhibiciones durante su remake en los espacios de la tradicional, fascinante y georgiana Andrew Carnegie Mansion en la Quinta Avenida de Nueva York rodeada de jardines.
Ahí alberga una colección de 250 mil objetos que han explorado el siempre difuso territorio entre el lado histórico y contemporáneo del diseño. Su futura misión ahondará en el plano educativo en un programa que honrará la innovación y la excelencia del diseño americano.
El Museum for the African Arts, destinado a estudiar las diversas culturas de ese continente que tiene ciudadanos desde el nacimiento de los Estados Unidos, sorprende también por sus bríos renovadores: abandonó en 2002 la tradicional sede del SoHo, con una inversión de 80 millones de dólares, y el edificio diseñado por Robert Stern, decano de Arquitectura de la Universidad de Yale, abrirá sus puertas en 2008-2009 con una gran exposición de arte contemporáneo de creadores procedentes de Africa como también de la llamada diáspora, que incluye la recreación de un villorrio típico de ese continente, y múltiples expresiones de su cultura. Concebido como una puerta abierta a Harlem, el nuevo edificio, ubicado entre la Quinta Avenida y la calle 110 East, se emplaza en un rico y diverso paisaje multicultural. El nuevo edificio tendrá grandes galerías de arte, un jardín interior, cafetería y un centro interactivo de educación.
Pero sin duda las mayores expectativas de esta efervescencia museal neoyorquina están cifradas en la apertura el 1 de diciembre del New Museum of Contemporary Art, que en 2002 abandonó sus instalaciones en Broadway para construir en 235 Bowery Street. Un barrio plagado de emigrantes y lofts de artistas, que ahora emerge reanimado por un luminoso, albo y sofisticado edificio-torre que resuelve claramente sus espacios interiores y exteriores sin jerarquizarlos, diseñado por los arquitectos japoneses Sejima y Nishizawa, expertos en construcciones de museos, teatros y centros culturales. Su proyecto está avaluado en más de 60 millones de dólares, proporcionados en gran parte por dineros privados y en menor escala por endowments (fondos públicos).
Este museo, respetado en Estados Unidos y el mundo por su profesional dedicación al arte contemporáneo además de su irrefutable expertise curatorial, cumple 30 años con esta modernización. Y el aniversario viene fuerte en proyectos y ambiciones.
En estos días desarrollará su marcha blanca, y se abrirá al público con la muestra Unmonumental, exhibida en sus tres grandes galerías incluyendo entre otros, un collage de las vanguardias técnicas del siglo XX un assemblage, esculturas e instalaciones acompañadas de un libro de 224 páginas publicado por Phaidon.
Las actividades están financiadas por el banco BNP Paribas de Francia, la Fundación Andy Warhol y otras dos fundaciones privadas norteamericanas que apoyan con convicción y sin remilgos a artistas emergentes.
Entre sus nuevas misiones, y guiado por sus instalaciones arquitectónicas, el nuevo New Museum incorporará un ambicioso plan de enseñanza, a través de estaciones multimedia de trabajo, áreas de exhibición, simposios y conferencias que contarán con un jugoso mecenazgo.
Por eso no cuesta entender la felicidad de su directora Lisa Phillips, para quien este nuevo espacio es una siembra, laboratorio de “nuevo arte y nuevas ideas, con un entorno bello y funcional, que envalentona a los amantes del diálogo, el debate y la creatividad artística, catalizando una interacción comunitaria”. Y cuyo constante diálogo entre arte, arquitectura, urbanismo, mecenazgo y crecimiento de las ciudades, provoca una permanente y apasionada reflexión sobre este apasionante fenómeno contemporáneo.
A partir de hoy, prometen ser el “New, new Museum” de Nueva York. Y al parecer así será.